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Leyendas sobre ruedas: así era el Ford Escort RS Cosworth

Leyendas sobre ruedas: así era el Ford Escort RS Cosworth

Alex Morán

08/05/2017 - 14:12

Solo se produjo en serie durante cuatro años, pero ha quedado para siempre en el imaginario de los aficionados del motor: la génesis de los compactos deportivos con un alerón atemporal.

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A día de hoy es habitual encontrar versiones ‘hot hatch’ de compactos del segmento C e incluso del B, variantes de corte deportivo que llegan con un chasis más afinado y que apuestan por aumentos de potencia (de mayor o menor calado) respecto a los modelos de los que derivan. Pero no siempre fue así, y uno de los pioneros fue el Ford Escort RS Cosworth.

Heredero del mítico Sierra Cosworth, esta versión del compacto nació ‘por culpa’ de la legislación de la FIA. El organismo estipuló que, para que un modelo pudiera competir en el Campeonato Mundial de Rally, tenía que fabricarse en serie una tirada de 2.500 unidades homologadas para circular por la calle. Diseñado para participar en el Grupo A, la marca del óvalo comenzó la producción del modelo en febrero de 1992, con las mencionadas unidades recibiendo la calificación de ‘especiales de homologación’ por ser las necesarias para cumplir los requisitos de la organización.

Su estética inconfundible y llamativa se debía principalmente a la presencia de su enorme alerón, anclado al techo y al maletero, que mejoraba su aerodinámica y servía para mantenerlo pegado al suelo. Y era algo imprescindible, puesto que con unas dimensiones compactas (4,2 metros de alto, 1,7 de ancho y 1,4 de alto) y un peso que no llegaba a 1.300 kilos, su motor 2.0 turbo YBT de 220 CV y 310 Nm de par le hacía prácticamente volar: aceleraba de 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 230 km/h.

El bloque estaba equipado con un turbo Garrett T3/T04B, algo que cambió en la segunda generación del modelo. Una vez superadas las unidades necesarias para la homologación, y debido al éxito que tuvo, se fabricaron casi 5.000 Ford Escort RS Cosworth más hasta el cese de su producción en enero de 1996. Éstas contaban con un turbo algo más pequeño, un Garret T25 que reducía el lag, haciéndolo algo más dócil, pero también recortaba un poco su potencia. Pero no fue el único elemento que las diferenció. Los originales eran más espartanos y enfocados a la competición, por lo que solo se ofrecían con asientos Recaro deportivos y carecían de comodidades como una buena insonorización. El relevo estuvo disponible con dos acabados, Estándar o Luruxy, ambos con bastantes opciones para conseguir un equipamiento más completo: faros antiniebla, tapicería de cuero, aire acondicionado, sistema de sonido con reproductor de CD (era otra época)…

Toda la producción del modelo compartió tanto la caja de cambios manual de cinco velocidades heredada del Sierra Cosworth como el sistema de tracción integral a las cuatro ruedas, que empleaba un reparto de par del 34/66 para los ejes delantero y trasero, respectivamente.

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Alex Morán

Redactor

Crecí viendo deportivos japoneses en los 90, los echo de menos y me decanto por los import nipones. El Nissan Fairlady Z 432 es mi amor platónico.

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