Prueba

Comparativa: BMW 316i y Skoda Octavia

David López

El resultado de esta comparativa entre BMW 316i y Skoda Octavia está muy ajustado Pero, como demuestra esta comparativa, la marca y el precio no lo son todo a la hora de comprar un coche. ¡El carácter también cuenta!

Muchos os sorpredenderéis de que hagamos esta comparativa entre BMW 316i y Skoda Octavia, pero cada vez es más habitual está situación: voy circulando tranquilamente por la autopista, cuando de repente veo acercarse a toda leche una berlina por el carril izquierdo. ¿Qué será? pienso, ¿un Audi, un BMW? Conforme se va acercando voy descubriendo su identidad, para mi sorpresa: el coche que está a punto de quitarme las pegatinas a toda velocidad es un Skoda. ¿Qué ha pasado con el temperamento de la marca checa? O mejor dicho, ¿qué ha pasado con el temperamento de sus clientes? Parece que ha perdido algo de su carácter eminentemente práctico y se atreve con todo. ¿Realmente Skoda puede estar a la altura del rey de las berlinas con genio? Para responder a esta pregunta planteo esta comparativa: Skoda contra BMW. Algo completamente impensable hace cuatro años. Hasta ahora, la marca checa ofrecía productos eminentemente prácticos, con mucho espacio interior, un maletero gigantesco y motores muy eficientes. Para acercarlos en precio y que la comparativa no se desmadre desde el comienzo, propongo el Octavia 1.4 TSI contra el BMW 316i.

La imagen se paga

Obviamente el bávaro sigue siendo una berlina con más empaque y, sobre todo, con más imagen. El doble riñón delantero es ya un icono entre los conductores de todo el planeta y el logo con los colores de Baviera transmite respeto con solo mirarlo. Pero toda esta imagen se paga, ¡y muy cara! La versión de acceso con el motor de cuatro cilindros, 136 CV y el equipamiento básico, sale por 30.600 euros. Y cuando digo equipamiento básico es equipamiento básico: no falta nada indispensable... pero olvídate de lujos y si eres de los que no puede renunciar a elementos como los faros de xenón, la tapicería de piel o el techo de cristal, ve preparando la cartera. Y es que la diferencia de precio con el checo es notable: el Skoda Octavia, con el motor 1.4 TSI de 140 CV y cambio DSG de doble embrague sale por 25.190 euros sin descuentos y viene con el nivel de equipamiento más alto, denominado Elegance.

Aunque tampoco está excesivamente bien equipado de serie, ofrece muchas de sus opciones a un precio mucho más razonable que el modelo teutón. A primera vista parece una comparativa desigual, pero en los cinco mil euros de diferencia, va adscrita una sensación al volante muy especial: dinamismo. Con el BMW Serie 3, si quiero practicar una conducción deportiva, puedo. Y eso tiene mucho que ver con su motor, aunque esté en los bajos fondos de la jerarquía de BMW. El modesto propulsor de cuatro cilindros no es para nada perezoso, todo lo contrario: si requiero potencia, sube rápidamente hasta las 7.000 vueltas. Pero no necesita alcanzar el límite de revoluciones para ir rápido y un vistazo a la tabla de tiempos demuestra que este BMW tiene mucho carácter y su motor está a la altura de lo que se espera. En cuanto al sonido, juega con su propio pasado: se puede apreciar el típico canto de los clásicos cuatro cilindros de la marca bávara, que ya acompañaba al primer serie 3 E21 de 1975. ¡Un poquito de nostalgia no le hace daño a nadie! Si nos concentramos en el chasis, no hay apenas pegas que ponerle, especialmente sorprendente en el apartado de confort.

Este Serie 3 no se balancea como un barco en las curvas, tiene un tarado firme y, sin embargo, filtra muy bien las irregularidades del asfalto, mejor que el Skoda en muchos casos. Y es que el BMW tiene un máster en refinamiento, pero los bávaros han cometido una pequeña metedura de pata: en curvas muy suaves, en las que solo hay que mover el volante uno o dos grados, parece que la dirección pierde su tacto directo y se nota poco preciso. Nada más lejos de la realidad, el BMW enlaza las curvas con una facilidad pasmosa y su dirección en la mayoría de situaciones es sincera y transmite perfectamente todo lo que pasa fuera, creando un vínculo entre coche y conductor perfecto.

Al Skoda Octavia 
'le gusta conducir'

El eslogan de BMW (¿Te gusta conducir?) habla del disfrute al volante y de las sensaciones que transmiten. Pero hoy en día este lema se le podría aplicar perfectamente al Skoda. El Octavia 1.4 TSi es un tipo espabilado, que sabe como ponerte de buen humor. Das gas y el motor de dos litros sube con brío, mientras el cambio DSG de doble embrague ya ha insertado la siguiente marcha en menos de lo que tardas en pestañear. Tras 8,3 segundos ya voy a 100 km/h. El cuatro cilindros ruge contento e incita al conductor: "¡más, sigue pisando el acelerador!" Justamente esa sensación, que es la que esperamos de un BMW, nos la da sorprendentemente el Skoda. Y gracias a la tracción delantera y el motor transversal, es más espacioso y hace aumentar esa sensación de estar ante un atleta camuflado. Con el tarado firme de su suspensión, es un coche que disfruta yendo rápido y no solo en autovías, también en carreteras de curvas, en las que rasca un segundo tras otro.

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Su comportamiento en curva es admirable, pero no llega, ni de lejos, a poder ser definido como un deportivo, ni al tremendo nivel de refinamiento y de precisión que alcanza el BMW. Cuando aceleras al salir de las curvas más cerradas con el Octavia, la rueda delantera interior tiende a derrapar. ¿El motivo? Skoda ha montado detrás un sistema de ejes de bajo coste que cede ante mucha carga. Pero es un detalle menor, ya que el checo puede mirar al BMW de tú a tú en la mayoría de apartados dinámicos, como demuestran los puntos de nuestra tabla. Al final gana y no solo porque sea más barato.

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Coches grandes, pequeños, urbanos, deportivos... todos son interesantes y tienen mucho que probar y contar

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