Carga rápida en un coche eléctrico: por qué no es tan buena idea como suena

La carga rápida en los coches eléctricos es una solución que permite ahorrar tiempo, aunque también tiene un coste que deberás asumir al utilizarla. Te explicamos qué es la carga rápida y cuáles son sus principales ventajas e inconvenientes a tener en cuenta.
Por todos es sabido que la autonomía y los tiempos de carga son el principal talón de Aquiles de los coches eléctricos (también los precios de venta, aunque ahora tiene un menor peso). Es por esta razón por la que los fabricantes trabajan para mejorar la tecnología de baterías y la eficiencia de sus sistemas de propulsión, perfeccionando así la ciencia del vehículo eléctrico de cara al consumidor final.
Para solventar el problema de la autonomía, los fabricantes instalan en sus coches baterías con mayor capacidad energética, además de trabajar aspectos como la aerodinámica, logrando coeficientes de resistencia ultrabajos gracias a bajos carenados, parrillas activas o llantas de diseño aerodinámico.
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Una vez logran que el consumo de energía de los motores sea el más bajo posible, llega el momento de trabajar en reducir los tiempos de carga. Para ello, los coches eléctricos modernos ofrecen diferentes opciones de carga, ya sea en corriente alterna, más lenta, pero también más segura; o en corriente continua, aunque esta podría ser el verdadero enemigo.
¿Qué es y cómo se realiza una carga rápida en un coche eléctrico?
Pocos son los coches eléctricos que no ofrecen carga rápida en corriente continua, con potencias a partir de 50 kW que pueden llegar a los 350 kW, dependiendo del modelo. Esto supone reducir de forma impresionante la espera para recargar la batería, llegando a alcanzar el 80% de su capacidad incluso en menos de 30 minutos.
Las cargas rápidas están pensadas para situaciones donde el tiempo es un factor determinante. Por ejemplo, en viajes por carretera, cuando es necesario realizar una parada para cargar la batería antes de volver a la vía y completar la ruta. Es por ese motivo que las estaciones públicas de carga rápida se encuentran, generalmente, en estaciones de servicio, autopistas o grandes áreas urbanas.
Llevar a cabo una carga rápida en un coche eléctrico es igual de fácil que hacer una carga lenta, con la única salvedad de que no podrás realizarla en casa.
Tendrás que acudir a estaciones públicas habilitadas, usar la aplicación del proveedor para realizar el pago y esperar unos minutos a que dé comienzo la carga. Al finalizar, lo cual no te llevará demasiado tiempo, desconecta la manguera y ya podrás continuar el viaje.
Ventajas de la carga rápida

Por eso, una de sus principales ventajas es el ahorro de tiempo. Como te decía, las cargas ultrarrápidas demoran apenas unos minutos y, si bien es cierto que normalmente se realiza hasta el 80% (pasar del 80% al 100% podría llevar el mismo tiempo que del 10% al 80%), esto es suficiente para volver a la carretera y proseguir el viaje.
Otro punto a su favor es que la red de carga rápida está más expandida, por lo que es más fácil encontrar cargadores de 50 kW, 100 kW o 200 kW que puntos de carga de baja potencia.
A esto se une el hecho de que, al estar pensada para dar soporte en viajes largos, son más accesibles desde un punto de vista geográfico al estar ubicados en autopistas y entornos urbanos, una medida que se ha llevado a cabo como parte del esfuerzo que empresas y administraciones públicas están llevando a cabo con el fin de hacer más accesible la movilidad eléctrica.
Principales inconvenientes
Sin embargo, la carga rápida en coches eléctricos también tiene desventajas. Una de las principales tiene que ver con el coste de la recarga. Este tipo de estaciones tienen tarifas más elevadas que otras donde la carga es a menor potencia. En países desarrollados, el tiempo es dinero, y si no quieres esperar tendrás que pagar por ello.
Es por este motivo que, en función del vehículo y la carga realizada, usar este tipo de cargadores puede ser tan caro como llenar un depósito de combustible. Cualquier usuario de coche eléctrico te recomendará realizar las cargas de la batería en casa o en otros cargadores públicos con menor potencia de carga si no quieres gastar demasiado de tu dinero.
Además, abusar de la carga rápida puede ser perjudicial para la batería de tu coche. Cuando se lleva a cabo una carga de este tipo, la batería está sometida a un gran estrés térmico y químico, lo que acelera la degradación de la misma y reduce su capacidad, mermando con ello la autonomía del vehículo.
Para tratar de reducir los efectos negativos de la carga rápida, muchos coches cuentan con sistemas de precalentamiento de baterías. Sin embargo, recurrir a este tipo de cargas no suele ser recomendable salvo en situaciones muy concretas, como una emergencia o un viaje largo por carretera donde es necesario realizar varias paradas durante el trayecto.

