Un economista comparte la fórmula para reducir el consumo de combustible, y no es nada nuevo

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Aunque hizo la propuesta varios meses atrás, hace unos días se viralizó y volvió al centro de la conversación para afrontar los altos precios de los combustibles.
El aumento constante del precio de los carburantes se ha convertido en una de las principales preocupaciones para quienes usan el coche a diario. Ya sea para ir a trabajar, atender responsabilidades familiares o como herramienta de trabajo, cada visita a la gasolinera afecta de forma directa a la economía de cientos de miles de españoles.
Ante la necesidad de ahorrar en cada viaje, la búsqueda de los precios más bajos en las gasolineras de la zona o la adopción de ciertos hábitos de conducción ofrecen algo de alivio, pero limitado. Por ello hay expertos que analizan nuevas alternativas para contener el gasto. Y una de ellas la planteó el economista austriaco Günther Fehlinger a principios de este año, aunque su propuesta se hizo virtual hace tan solo unos días.
La velocidad como factor determinante para el ahorro
Reducir el gasto asociado al repostaje no tiene por qué implicar comprarse un coche nuevo con tecnología de propulsión alternativa ni depender de los cambios en el mercado. La física tiene una implicación directa que condiciona el consumo: la velocidad a la que se circula. Por eso, el economista aboga por establecer un límite máximo de velocidad general de 100 kilómetros por hora en las carreteras para optimizar el rendimiento y contener el gasto de los conductores.
Lejos de ser una innovación técnica o un descubrimiento reciente, esta teoría recupera debates históricos sobre la gestión de la demanda energética en momentos de tensión económica. El principio que la sustenta se relaciona directamente con la resistencia aerodinámica, que se incrementa de forma exponencial a medida que aumenta el ritmo de marcha. A altas velocidades, el motor debe realizar un esfuerzo mucho mayor para vencer la oposición del aire, lo que se traduce de forma inevitable en un mayor consumo de combustible por cada kilómetro recorrido.
Instituciones como Natural Resources Canada, la agencia pública canadiense dedicada a la gestión de recursos naturales, señalan en sus manuales de conducción eficiente que un turismo medio puede llegar a consumir un 20% más de carburante a 120 kilómetros por hora en comparación con hacerlo a 100. Aunque esta proporción puede variar en función de la aerodinámica específica de cada modelo, la cilindrada, el tipo de motorización y las condiciones orográficas del trayecto, la tendencia pone de manifiesto la penalización que supone pisar un poco más el acelerador.

De hecho, en España hay precedentes sobre la efectividad de aplicar este tipo de medidas restrictivas. En 2011, el Gobierno implementó de manera temporal una reducción del límite de velocidad en autopistas y autovías, rebajándolo de 120 a 110 kilómetros por hora con el objetivo de reducir la dependencia energética exterior. Un análisis posterior, publicado en la revista especializada Energy Economics, evaluó el impacto real de aquella decisión: el consumo general de gasolina experimentó un descenso comprendido entre el 2% y el 3% en las provincias objeto de estudio.
Sin embargo, los expertos matizan que estas cifras globales no se traducen de forma lineal en un beneficio idéntico para el bolsillo de cada conductor. El ahorro efectivo que perciba un conductor depende de la cantidad de kilómetros que recorre al año, de sus rutas habituales y de las características técnicas de su automóvil. El descenso registrado a escala macroeconómica demuestra la eficacia de la medida a nivel colectivo, pero la optimización individual requiere comprender que la moderación en el ritmo de marcha es una herramienta complementaria dentro de una estrategia más amplia de eficiencia.

Otras estrategias para optimizar el rendimiento del motor
Más allá de la controversia que puede generar la imposición legal de límites de velocidad más estrictos, la optimización del consumo de combustible se apoya en un conjunto de buenas prácticas al volante que permiten aprovechar cada gota de carburante. Una de las pautas fundamentales radica en la suavidad durante la conducción, evitando acelerones bruscos y frenadas innecesarias. Anticiparse a las incidencias del tráfico y mantener una inercia constante permite que el motor trabaje en su régimen de par óptimo, reduciendo los picos de gasto.
Además, el mantenimiento juega un papel crítico en la economía de marcha. Circular con los neumáticos por debajo de la presión recomendada por el fabricante incrementa de manera notable la resistencia a la rodadura, obligando al motor a realizar un esfuerzo extra que incrementa el consumo. Por otra parte, evitar llevar cargas innecesarias en el maletero y retirar elementos externos como cofres de techo cuando no se usan evita que el coeficiente aerodinámico del coche se vea afectado.
Planificar bien los desplazamientos, agrupando varias gestiones en un mismo trayecto y evitando las horas punta siempre que sea posible también ayuda a aprovechar mejor cada litro de combustible. Como ves, no se trata de nada nuevo o revolucionario, pero funciona.