Qué significan y qué tienes que hacer si ves los nuevos puntos blancos que está implementando la DGT en las carreteras españolas

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En ciertas carreteras secundarias, en curvas cerradas, la Dirección General de Tráfico está probando un nuevo tipo de marca vial.
Las señales y marcas viales no son algo escrito en piedra, evolucionan de manera constante y, de cuando en cuando, se suman nuevos formatos que, en primera instancia, pueden coger desprevenidos a los conductores. En los últimos tiempos algo que les puede haber sorprendido es una nueva marca vial que ya está presente en algunas carreteras españolas: unos círculos blancos pintados sobre el asfalto, normalmente situados cerca del eje central y en determinadas curvas.
Se trata de algo que nunca se había usado hasta la fecha, así que es normal que genere extrañeza entre quien va al volante o, sobre todo, al manillar, porque se trata de una marca vial especialmente diseñada para los motoristas.
No se trata de una nueva señal que obligue a detenerse, reducir la velocidad o que prohíba una determinada maniobra, sino de una referencia visual diseñada para modificar la trazada de los usuarios de los vehículos de dos ruedas. Es una medida que se está probando en España como parte de las iniciativas destinadas a reducir la siniestralidad de uno de los colectivos más vulnerables de la carretera.
La clave para entender estos puntos blancos está en saber cuál es su objetivo: aumentar la distancia respecto a los vehículos que circulan en sentido contrario. Pero no solo eso, también hay que saber qué debe hacer un motorista cuando se los encuentra.
La indicación es sencilla: hay que evitar pasar por encima de los círculos y realizar la curva manteniéndolos hacia el lado del eje de la carretera. En otras palabras, las marcas actúan como una referencia que invita a abrir la trayectoria y a mantenerse más alejado de la línea central. De esta manera se consigue que, al inclinar la motocicleta durante el giro, tanto el vehículo como el cuerpo del conductor permanezcan con un margen mayor dentro de su propio carril.
Puede parecer una cuestión menor, pero tiene una explicación relacionada con la propia dinámica de una motocicleta.

En curva, especialmente en salidas de fin de semana o cuando alguien se “anima” demasiado y lleva a cabo una conducción más deportiva de lo que debería, el motorista puede acercarse mucho al eje de la carretera para conseguir una trazada aparentemente más cómoda y/o rápida.
El problema de esto es que, aunque las ruedas continúen dentro del carril correcto, la inclinación de la moto hace que la parte superior del conjunto, incluido el cuerpo del conductor, pueda aproximarse o incluso sobresalir hacia el carril contrario. De esta manera se invade el carril contrario, una práctica que además de ilegal es muy peligrosa, sobre todo si quien la lleva a cabo es un motorista.
Y es que, en cualquier momento, especialmente si se trata de una carretera revirada en la que hay curvas cerradas que tengan poca o nula visibilidad, en cualquier momento puede aparecer otro vehículo circulando en sentido opuesto, creando una situación muy peligrosa en la que el margen disponible para reaccionar es mínimo.
En el mejor de los casos, el motorista tiene tiempo de corregir la trayectoria, si tiene suerte seguirá en su carril y si no es posible incluso que se caiga o se salga por el otro lado si el movimiento es demasiado brusco. En el peor, no da tiempo y se produce un choque frontal, que incluso puede ser directo contra el cuerpo del motorista, lo que puede tener consecuencias fatales.
Los círculos pretenden corregir ese comportamiento. Se espera que, al encontrarlos en el interior de una curva, el motorista disponga de una referencia intuitiva que le indica dónde no debe situar la motocicleta, además de adelantar que es un punto con poca visibilidad en el que corre mayor riesgo del habitual.
No hace falta interpretar una señal compleja ni realizar una maniobra brusca, simplemente se trata de mantener una trayectoria que deje las marcas en el lado próximo al eje, lo que por sí solo ya aumenta la separación respecto al sentido contrario. Eso sí, las marcas no modifican de ninguna manera la circulación y no hay consecuencias legales por pisarlas, así que los motoristas pueden seguir pisándolas, aunque eso les expondrá a un riesgo mayor.
El sistema no es una ocurrencia exclusiva de las carreteras españolas, si no que ya se ha probado con anterioridad en otros países, especialmente en Austria, donde se estudió su aplicación en curvas consideradas peligrosas para los motoristas.
Según los resultados difundidos sobre estas experiencias, los conductores adoptaban una posición más alejada del eje central y mejoraban su trazada. En determinados tramos, los accidentes de motocicleta llegaron a reducirse hasta un 80%, aunque estos resultados dependen de más factores además de las propias marcas.


