Hace 48 años tiraron neumáticos con hormigón al fondo del mar. Ahora es un arrecife natural lleno de vida

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Yarmouth lanzó millones de neumáticos al océano para crear un arrecife artificial, Florida hizo lo mismo y el resultado fue un desastre.

Los neumáticos son una parte clave del coche, pero sus posibilidades no están limitadas al mundo del automóvil. En 1978, un pequeño municipio de Massachusetts, en Estados Unidos, vio en ellos una utilidad que a nadie se le había ocurrido hasta entonces: aprovechar neumáticos usados para crear un arrecife artificial. Ahora, casi medio siglo después, parece que fue una buena idea, aunque el intento de replicar el experimento en Florida no salió tan bien.

El proyecto fue desarrollado por el Departamento de Recursos Naturales de Yarmouth con la colaboración de la División de Pesca Marina de Massachusetts. El objetivo era transformar un fondo marino predominantemente arenoso y prácticamente plano en un espacio con diferentes alturas, huecos y superficies donde pudieran instalarse organismos acuáticos. Los neumáticos se agruparon en bloques de entre tres y cinco unidades, que posteriormente se rellenaron con hormigón para aumentar su peso y evitar que las corrientes los desplazaran.

En 1978 se dio el primer paso con 1.500 agrupaciones

En la primera instalación, realizada en 1978, se colocaron aproximadamente 1.500 agrupaciones. El arrecife se amplió posteriormente y llegó a contar con unas 2.500 unidades de neumáticos tras las incorporaciones de los años siguientes. La zona autorizada ocupa alrededor de 51 hectáreas, aunque las estructuras no cubren toda esa superficie.

Con el paso del tiempo, las estructuras comenzaron a ser colonizadas por diferentes organismos. Los huecos entre los neumáticos proporcionaron escondites para los peces, mientras que las superficies duras facilitaron la instalación de mejillones, algas y otros organismos que forman parte de la cadena alimentaria marina.

La evolución del arrecife ha sido objeto de seguimiento por parte de las autoridades y de investigadores, destacando un estudio publicado en 2020 en la revista científica Estuaries and Coasts comparó diferentes hábitats submarinos de la zona mediante cámaras instaladas en el fondo marino. Los resultados mostraron una diferencia importante en la presencia de peces: en los puntos con estructuras de arrecife, los animales aparecieron después de una media de unos 33 segundos, mientras que en las zonas de arena sin estructuras tuvieron que pasar aproximadamente 502 segundos, es decir, más de ocho minutos.

Un arrecife que ha seguido creciendo y cambiando

El proyecto no terminó con los neumáticos, con el paso de los años las autoridades fueron incorporando otros materiales para ampliar el hábitat y mejorar sus características. De hecho, las ampliaciones más recientes han apostado por estructuras diferentes, como bloques de hormigón y piezas de granito procedentes de antiguas construcciones.

En enero de 2020 se llevó a cabo una nueva actuación que incorporó más de 1.500 metros cúbicos de materiales. Parte del granito utilizado procedía de la demolición de un puente ferroviario y de un antiguo autocine de la zona, se trasladó en barcazas y se depositó en puntos concretos del arrecife.

La División de Pesca Marina de Massachusetts explica que estas estructuras proporcionan superficies y espacios entre los que pueden instalarse peces e invertebrados, de manera que el arrecife atraviesa diferentes etapas de colonización y evolución, hasta desarrollar características similares a las de un hábitat natural con relieve.

Sin embargo, que el proyecto de Yarmouth haya conseguido proporcionar un refugio a diferentes especies no significa que utilizar neumáticos para crear arrecifes sea necesariamente una buena solución medioambiental. Existe otro experimento mucho más conocido que demuestra precisamente lo contrario.

El desastre de Florida: millones de neumáticos que terminaron dañando los corales

También en los años setenta, frente a la costa de Fort Lauderdale, en Florida, se puso en marcha otro proyecto que perseguía el mismo objetivo: utilizar neumáticos usados para crear un arrecife artificial y aumentar la presencia de peces. En este caso, se depositaron entre uno y dos millones de cubiertas en el fondo marino, en una instalación conocida como Osborne Reef.

Sin embargo, en este caso la iniciativa no tuvo el resultado esperado: los neumáticos se habían agrupado y sujetado mediante sistemas de fijación que, con el paso del tiempo, se deterioraron por la corrosión del agua salada. Las corrientes, las tormentas tropicales y los huracanes terminaron desplazando numerosas ruedas, que llegaron hasta arrecifes naturales cercanos y dañaron los corales.

El problema alcanzó tal magnitud que las autoridades de Florida tuvieron que poner en marcha un programa específico para retirar los neumáticos, hasta el punto de que, según el Departamento de Protección Ambiental del estado, entre 2015 y 2025 se habían extraído más de 535.000 unidades. Hoy en día la limpieza continúa y todavía quedan cientos de miles de neumáticos en el fondo marino.

Y es que, además del problema de su desplazamiento por los daños que pueden causar, los neumáticos pueden liberar sustancias químicas y degradarse en partículas más pequeñas, contribuyendo a la contaminación del agua. Por eso, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha comprobado que estas estructuras no siempre mejoran las poblaciones de peces y pueden perjudicar a las praderas marinas y otros hábitats.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España