La AP-7 ya tiene sus nuevos radares: son seis radares móviles que se suman a los cuatro que ya operaban

ap-7 radar movil
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A lo largo de 2025 los cuatro radares móviles instalados habrían controlado 11 millones de vehículos y tramitado 585.000 sanciones.

No hay ni una sola región de España que esté dando marcha atrás con los radares. De manera regular aparece una noticia de que en ésta u otra comunidad autónoma se han activado nuevos cinemómetros. Ahora ha sido Cataluña quien ha anunciado que la AP-7 cuenta desde ya con seis nuevos radares móviles que se suman a los cuatro que ya estaban activos en la vía de alta capacidad.

La autopista AP-7, que recorre toda Cataluña desde La Jonquera en la frontera con Francia hasta Ulldecona al sur de Tarragona, tiene un volumen de tráfico realmente elevado, lo que ha hecho que se haya convertido en una de las rutas más vigiladas, con un refuerzo constante del control de velocidad y la seguridad vial.

Esto se ha hecho especialmente relevante porque, tras la eliminación de los peajes, el número de conductores que toman esta carretera ha aumentado de manera considerable. Esto ha tenido consecuencias negativas, como que el tráfico en ciertos momentos no sea tan fluido y que haya aumentado la siniestralidad, que ya era bastante alta en años anteriores.

Ante esta situación, el Servei Català de Trànsit (SCT) ha ampliado significativamente la presencia de radares móviles a lo largo de sus 344 kilómetros, con el objetivo de transformar la vía en una “zona de control de velocidad permanente” y reducir accidentes graves y fallecimientos.

Hasta ahora, la vigilancia con radares solía concentrarse en tramos concretos donde se detectaba un mayor número de infracciones o accidentes. Sin embargo, las autoridades catalanas han decidido dar un paso más allá.

A los cuatro radares móviles que ya operaban en la AP-7 se han sumado seis nuevos dispositivos, elevando la cifra a diez unidades que se desplazarán periódicamente por toda la autopista. Este enfoque itinerante permite cubrir puntos distintos y evitar que los conductores relajen la atención en zonas no vigiladas, ante la posible presencia de un dispositivo donde no se lo esperan.

El objetivo de este tipo de cinemómetros, además de recaudatorio, es el de generar un efecto disuasorio que ya estaría haciendo efecto. Según datos preliminares de controles previos, redujo el porcentaje de infractores en determinadas secciones de un 5% a un 2% en pocas semanas tras la instalación.

La nueva estrategia se aplica después de haber comprobado la efectividad del despliegue de cuatro carros de control hace justo un año. 

Radar
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Según ha explicado el director del Servei Català de Trànsit, Ramon Lamiel, a EL PERIÓDICO, a lo largo de 2025 los cuatro radares móviles instalados habrían controlado 11 millones de vehículos y tramitado 585.000 sanciones. El potencial sancionador de ahora una decena será prácticamente el doble.

La consejera de Interior, Núria Parlon, ha defendido la estrategia ante el Parlamento de Cataluña como una respuesta necesaria tanto al incremento del tráfico (que se calcula que puede llegar a ser de entre 80.000 y 100.000 vehículos diarios en algunos tramos) como a las cifras de accidentes que afectan a esta autopista, que es una de las más transitadas del país.

El SCT pretende que la autopista no tenga “tramos seguros” donde el exceso de velocidad no sea perseguido, sino que todo el recorrido esté cubierto por controles que recuerden al conductor la obligatoriedad de respetar los límites.

Si ese es el objetivo, está claro que los radares móviles son la solución adecuada. Son aparatos montados sobre remolques que se colocan de forma segura en el arcén o en zonas de baja peligrosidad. Cuentan a su favor con que pueden situarse prácticamente en cualquier parte, por lo que pueden “cazar” a los infractores allí donde no se lo esperan.

La posibilidad de cambiar de lugar cada semana o cada dos semanas es precisamente lo que mantiene a los conductores en tensión ya que, al no saber donde pueden estar, tienden a controlarse más a la hora de pisar el acelerador.

A pesar de esa posibilidad, el SCT afirma que su intención no es recaudatoria, si no que buscan mejorar la seguridad. Es por eso que los radares móviles no estarán ocultos, si no que se avisará de su posición. Dado que las velocidades máximas permitidas cambian según el tramo, servirán para asegurarse de que se cumplan: “El límite actual entre El Papiol y Parets del Vallès es de 100 kilómetros hora. Si colocamos allí el carro, podemos controlar su cumplimiento", explica Lamiel.

Además de la presencia de radares móviles, el SCT sigue evaluando otras medidas complementarias de seguridad, como la posible implementación de límites de velocidad variables, campañas de concienciación y la coordinación con los Mossos d’Esquadra para decidir semanalmente dónde se instalan los radares según las condiciones del tráfico y siniestralidad.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España