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La opinión de
Elena Sanz Bartolomé

La pregunta de los martes: ¿hay que bajar a 50km/h la velocidad en las vías de circunvalación o es una locura?

Vías de circunvalación

Como cada martes, ponemos sobre la mesa una pregunta y la de esta semana tiene que ver con los límites: ¿deberían bajar a 50 km/h la velocidad en las vías de circunvalación o es una locura? Sobre este tema podríamos estar debatiendo largo y tendido. Múltiples son las respuestas que pueden solucionar este interrogante y serían perfectamente válidas… siempre y cuando estén apoyadas en argumentos razonables. Vamos allá.

No te pierdas: Límites de velocidad en España: todo lo que necesitas saber

Antes de meternos de lleno en el tema, es necesario recordar la descripción de una vía de circunvalación para que todos partamos de la misma base. Se trata de una carretera (también puede ser una autopista o una avenida si entramos en concreciones) que rodea una ciudad para evitar que los coches tengan que atravesar el centro de la misma para realizar sus desplazamientos. A esto hay que añadir que es la manera que tenemos de elegir cuál es el acceso que más nos conviene a al ahora de entrar a la urbe.

Por lo tanto, su propósito no es otro que hacer la vida más fácil a los conductores ahorrándoles todo lo que supone atravesar la superficie urbana cuando no es necesario: semáforos, pasos de peatones, atascos… Con este fin se construyeron alrededor de múltiples ciudades de nuestra geografía y ante la ausencia de todos estos hándicaps urbanos que nos encontramos cuando circulamos, los límites de velocidad en las vías de circunvalación superan los del área metropolitana: normalmente oscilan entre los 70 y los 90 km/h.

Velocímetro

Los mismos límites que en la ciudad

Entonces, ¿qué sentido tiene reducir esa velocidad máxima a 50 km/h? Si el objetivo de las vías de circunvalación es evitar la congestión de la ciudad y permitir que podamos desplazarnos más rápido que en la urbe para llegar a nuestro destino… rebajar tanto el listón sería, desde mi punto de vista, contraproducente e iría en contra de la naturaleza de estas vías. Y es que, por propia experiencia, cuando obligas a los conductores a circular a esa velocidad por zonas capacitadas para soportar cifras más elevadas se consigue el efecto contrario: bienvenidos a los atascos alrededor de la ciudad.

Evidentemente soy consciente de que en las vías de circunvalación también se generan grandes congestiones de tráfico que pueden desesperar al más paciente, pero una reducción de velocidad de esa magnitud no creo que sea la solución. Quizás, una pequeña rebaja (pasar de 90 a 80 o 70 km/h) ayudaría a reducir los riesgos de colisión y, por lo tanto, descenderían los tiempos medios de desplazamiento de nuestro día a día. Incluso si todos mantuviéramos esa velocidad ayudaría al ritmo de circulación.

Radar

El exceso de velocidad

La seguridad a la hora de circular no es el único aspecto a tratar cuando se pone sobre la mesa la posibilidad de reducir los límites en estas carreteras. No podemos ignorar que ese exceso de velocidad al que nos referíamos antes es uno de los principales motivos que provocan accidentes y causan víctimas mortales. Sí, hay que controlar la rapidez al volante, pero sin sistemas que nos obliguen a frenar… en muchos casos poco podrán hacer las cifras que vemos en la señales de los laterales de la carretera. Puede, entonces, que lo que necesiten las vías de circunvalación sea una buena dosis de radares. Algo que no estaría reñido con unos límites de velocidad algo más bajos.

Los niveles de contaminación

Otro de los argumentos que esgrimen aquellos que defienden esos 50 km/h son los niveles de contaminación atmosférica y acústica, dos parámetros que se disparan con las retenciones que se producen, por ejemplo, a raíz de un siniestro, en hora punta, cuando no se respetan las normas de circulación…

Reducir nuestro ritmo ayudaría a mejorar la calidad del aire. Los que vivimos en Madrid lo hemos comprobado: cada vez que se ha activado un protocolo anticontaminación y los límites de velocidad de las vías de circunvalación han pasado de 90 a 70 km/h, se han reducido las emisiones de dióxido de carbono, óxido de nitrógeno y partículas en suspensión. Sin embargo, la disminución del consumo por kilómetro (y, por lo tanto, de esos gases) no se produce de forma lineal con la velocidad.

Vías de circunvalación

La resistencia aerodinámica de un coche es proporcional al cuadrado de su velocidad. Por lo tanto, el consumo de será muy alto cuando circulemos a 120 km/h y bajará cuando levantemos el pie del acelerador, pero esto sólo se cumple cuando pasamos de esas velocidades más altas a un rango que oscile entre los 100 y los 70 kilómetros por hora. Si circulamos entre 50 y 70 km/h, el cambio en el consumo no es tan reseñable y, además, dependerá de factores como el peso de nuestro coche. ¿Qué pasa cuando el velocímetro no supera los 50 km/h? El consumo por kilómetro puede volver a subir.

Todo esto me lleva, de nuevo, a plantear nuestra pregunta de los martes: ¿deberían bajar a 50 km/h la velocidad en las vías de circunvalación? En mi opinión, no. O, al menos, no hay que reducirla tanto. Bien es cierto que límites más rigurosos mejorarían la seguridad vial, la congestión o la calidad del aire que respiramos, pero creo que sería una medida que debería estar integrada en un conjunto mayor para tener la fuerza necesaria para cambiar las cosas. De forma aislada puede ser, incluso, contraproducente.

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