Ni para el viento ni hacer bonito: el parabrisas ha pasado de ser un simple cristal a albergar innumerables elementos

El parabrisas es uno de los elementos de los vehículos que, aunque pase desapercibido, ha sufrido grandes cambios a lo largo de la historia del automóvil.  

Los parabrisas han experimentado cambios significativos en las últimas décadas. En 1980, su función era proteger a los pasajeros y contribuir a la estructura del vehículo en caso de vuelco. Con el tiempo, su papel se amplió con la introducción del airbag del acompañante, actuando como apoyo en su despliegue. 

A partir de ese momento, se han añadido nuevos elementos tecnológicos, como sensores LiDAR, cámaras de varios tipos, radar frontal, antena, GPS, y otros dispositivos relacionados con la seguridad y la comodidad, como el revestimiento acústico y las capas para sistemas como el head-up display.

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El uso de estas tecnologías en los parabrisas ha crecido en los últimos años. Entre 2021 y 2028, se espera un incremento en la implementación de sensores ADAS, pasando del 26% al 56%, y un aumento en la adopción de sensores de lluvia, sistemas de calefacción y protección acústica.

Por otro lado, la oferta de versiones y equipamientos en los vehículos ha ampliado la gama de parabrisas disponibles para un mismo modelo. En algunos casos, se han contabilizado hasta 39 tipos de lunas diferentes, cada una adaptada a las características del coche, como el color, la banda solar, los soportes para sistemas ADAS y la calefacción.

Esta diversificación genera desafíos en la gestión del almacenamiento y la identificación de los productos. En este sentido, Carglass cuenta con una disponibilidad del 96% de los parabrisas de los automóviles del mercado. 

El aumento en el tamaño y la complejidad de las formas del parabrisas también ha generado desafíos en su instalación. Para facilitar este proceso, el Grupo Belron ha desarrollado herramientas específicas, como el sistema 1-TEK, que facilita la manipulación del vidrio y protege la salud de los técnicos. 

Asimismo, Carglass ha reforzado su capacidad logística, con instalaciones en Bélgica y España que permiten una gestión eficiente de las piezas y la distribución anual de cientos de miles de parabrisas. Además, se han adoptado medidas para reciclar los materiales asociados al transporte y embalaje, como la madera, el cartón y el plástico, en sus centros logísticos.

Los parabrisas, desde entonces hasta ahora

El parabrisas es uno de los elementos clave en la seguridad y comodidad de los coches, pero su evolución ha sido constante desde su creación. Su origen se remonta a principios del siglo XX, cuando los coches empezaban a circular por las carreteras y los conductores se enfrentaban al viento, la lluvia y la suciedad sin ninguna protección. 

En 1904, los primeros parabrisas eran simples láminas de vidrio plano que podían levantarse o bajarse según la necesidad del conductor, una medida muy básica que pronto reveló sus limitaciones.

Con el aumento de la velocidad de los automóviles y el consiguiente incremento de accidentes, los parabrisas empezaron a evolucionar hacia estructuras más seguras. Uno de los mayores avances ocurrió en 1919, cuando Henry Ford introdujo el vidrio laminado en la fabricación de vehículos. 

Este tipo de vidrio, compuesto por dos capas de vidrio con una lámina plástica en el medio, ofrecía mayor protección en caso de impacto, ya que evitaba que el vidrio se rompiera en fragmentos afilados.

El desarrollo de la industria automotriz durante el siglo XX impulsó nuevos avances en los parabrisas. A medida que los coches se volvían más sofisticados, la integración del parabrisas como parte de la estructura del vehículo se hizo más evidente. 

En las décadas de 1950 y 1960, el parabrisas comenzó a curvarse para adaptarse mejor al diseño aerodinámico de los coches, mejorando la visibilidad y la resistencia al viento. Otro hito importante fue la introducción de los parabrisas con protección UV y tratamientos antirreflectantes. 

Estos ofrecían mayor confort al conductor al reducir el deslumbramiento y la entrada de rayos solares. En los años 80, el parabrisas asumió un nuevo rol como parte del sistema de seguridad del vehículo, sirviendo de soporte estructural para los airbags en caso de colisión.

En la actualidad, los parabrisas son mucho más que una simple barrera entre el conductor y el exterior. Los avances tecnológicos han permitido incorporar cámaras, sensores LiDAR y otros sistemas que facilitan la conducción asistida. 

Además, elementos como los sistemas de calefacción para evitar el empañamiento, sensores de lluvia y revestimientos acústicos han ampliado sus funciones. Hoy en día, el parabrisas no sólo protege, sino que también interactúa con otros componentes del vehículo

Como lo hace con los sistemas ADAS (Advanced Driver Assistance Systems), que ayudan a la conducción mediante tecnologías avanzadas. Desde una simple lámina de vidrio hasta un componente multifuncional, el parabrisas ha recorrido un largo camino en más de un siglo de historia.

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