De esta forma milagrosa consigue volar el Tesla Roadster 2027: esta es la explicación

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Que un vehículo con cuatro ruedas como el Tesla Roadster vuele parece de película, pero Elon Musk ha conseguido que su coche eléctrico sea capaz de hacerlo.
Elon Musk prometió que el Tesla Roadster 2027 iba a volar, han hecho falta casi 10 años para verlo, pero, finalmente, resulta que sí vuela. Su demostración en Texas tiene a todo el mundo hablando del coche (no solo al sector del automóvil), que ha volado, subido una pared y se ha quedado boca abajo sin caer. La cuestión aquí es: ¿cómo lo ha hecho?
Pues no hay magia, aunque lo parezca, lo ha logrado incorporando una tecnología de propulsión desarrollada junto a SpaceX para que el coche pueda impulsarse en el aire, girar, dar volteretas y sobrevolar otros vehículos. Es una cuestión de tecnología que, eso sí, no va a estar disponible en todas las versiones del deportivo.
El Tesla Roadster Thrust incorpora un sistema que utiliza gas comprimido para añadir empuje a los motores eléctricos y mejorar una aceleración que la marca pretende situar por debajo de un segundo en el 0 – 100 km/h (en la demostración necesitó 0,81 segundos para completar el sprint).
Es la variante más radical, denominada Roadster Rocket, la que va un paso más allá y añade los elementos necesarios para generar empuje vertical y controlar los movimientos del vehículo cuando está en el aire. Se supone que no es legal para la calle, pero seguro que los pocos que se la compren “jugarán” con ella en entornos privados.
El secreto volador del Tesla Roadster
A primera vista, los cuatro elementos metálicos situados sobre el paragolpes trasero del Roadster Thrust podrían confundirse con unas salidas de escape convencionales. Sin embargo, no expulsan gases procedentes de la combustión, porque el vehículo sigue siendo eléctrico. Son las toberas de unos propulsores de gas frío, conocidos en inglés como ‘cold gas thrusters’ (CGT), que liberan gas almacenado a gran presión para generar una fuerza de reacción.
El gas se guarda en un depósito esférico situado detrás de los dos asientos delanteros, en una zona que normalmente estaría destinada al equipaje. Su estructura combina un revestimiento interior que limita las fugas con una envoltura resistente, fabricada con materiales como fibra de carbono, que permite soportar presiones muy elevadas sin añadir tanto peso como una estructura metálica convencional.
Según el análisis realizado por MotorTrend, el depósito del Roadster Thrust tendría un volumen aproximado de 200 litros y podría almacenar una mezcla gaseosa compuesta principalmente por nitrógeno a presiones de hasta 690 bares. Se trata de una presión enorme, propia de aplicaciones industriales y aeroespaciales, que exige componentes diseñados específicamente para soportarla.
Cuando el sistema necesita generar empuje, unas válvulas regulan la salida del gas y lo conducen por tuberías hasta las cuatro toberas traseras. Al salir a gran velocidad, el gas produce una fuerza en sentido contrario que impulsa el vehículo hacia delante.
Pero hay un detalle importante: no basta con expulsar gas a presión, para que el coche acelere de manera controlada, el empuje debe repartirse de forma equilibrada entre las distintas toberas. Si el gas sale con diferente intensidad por cada lado, el vehículo podría desviarse de su trayectoria o incluso girar o volcar por el empuje excesivo.
Así consigue volar el Tesla Roadster y hacer acrobacias en el aire
El sistema trasero permite añadir empuje longitudinal, es decir, en el suelo, pero no explica por sí solo cómo el Roadster puede despegar del suelo.
Para ello entra en juego la versión Rocket, que incorpora un segundo depósito de gas a presión y seis toberas adicionales. Cuatro apuntan hacia abajo para generar fuerza vertical y las otras dos, situadas en la parte delantera, permiten controlar los movimientos laterales y la orientación del vehículo, mientras que las cuatro toberas traseras mantienen su función de proporcionar empuje hacia delante.
Al expulsar gas hacia abajo, el sistema genera una reacción hacia arriba que puede levantar el coche. Si se combina con el empuje longitudinal y se regula la salida de gas en diferentes puntos, es posible controlar durante un breve intervalo tanto la elevación como parte de los movimientos del vehículo.
Lógicamente, esto es algo más fácil de decir que de hacer, porque los cálculos que hay que realizar son muchísimos. Hay un aspecto clave, que es el peso del coche. Aunque Tesla haya empleado los materiales más ligeros posibles, siendo eléctrico debería superar con creces la tonelada o tonelada y media, que no es poco para lanzarlo por los aires y luego aterrizar.
Una vez esa masa está suspendida, se tiene que distribuir de manera muy equilibrada y con la potencia correcta la salida de gases que “amortigüen” la caída, planeando hasta dejar el coche depositado en el suelo de manera suave. De la misma manera, tanto o más control hay que tener para poder hacer giros rápidos y precisos como el ‘kickflip’ que se ha podido ver durante la presentación.

