Reportaje

Ginebra, el Rey de los Salones

Noelia López

01/03/2015 - 10:16

Faltan horas para que el Salón de Ginebra 2015 abra sus puertas. La suiza es una muestra que lleva celebrándose desde 1905 y aunque sea en un país que no tiene ninguna industria del automóvil, se ha convertido en el más saludable e interesante de los salones de coches de todo el año. Si nos acompañas, haremos un recorrido por su historia para descubrir cómo lo han conseguido.

Faltan horas para que el Salón de Ginebra 2015 abra sus puertas. Llevamos semanas, meses, recopilando información y recogiendo hasta el último dato sobre cómo será la muestra y, sobre todo, las novedades que presentarán fabricantes llegados de todo el mundo (incluso las hemos agrupado en esta galería de fotos especial). Sólo nos falta una cosa: conocer la historia del Salón del Automóvil de Ginebra y, sobre todo, descubrir porqué y cómo se ha convertido en el Rey de los Salones.

1905-2015: un paseo por la historia del Salón de Ginebra

El primer Salón de Ginebra se celebró en los bajos del Hotel Métopol de esta ciudad, en 1905. Entonces, los periódicos del cantón suizo del mismo nombre estaban más preocupados por la fundación de su banco nacional, los novedosos giros postales de dinero o la prohibición de beber absenta, que de los coches. 

Aunque desde el 29 de abril de ese año, 17.514 de los 60.000 habitantes de la ciudad pagaron para ver las últimas novedades en automóviles y bicicletas en sus 37 stands, y la cita siguió celebrándose hasta 1907, nadie hubiera apostado un franco suizo por la longevidad del certamen.

La incipiente industria del automóvil suiza no apoyaba precisamente el evento, que no fue bien tratado por la prensa local ante la autofobia que mantenía una parte de la sociedad del país. El salón no se volvió  a celebrar entre los años 1908 y 1922.  

1923, el Salón de Ginebra resucita

Para 1923, los ingenios que usaban motor de combustión habían ganado una guerra mundial, creado héroes en los circuitos y desde EEUU llegaba la idea Fordiana de que cualquier trabajador podría conducir un coche, así que la asociación de vendedores de coches de Ginebra decidió resucitar su salón olvidado.

El Salón de Ginebra creció en los años siguientes hasta tener que construirse en 1926 un pabellón para albergarlo.

Desde 1928, Europa se vio golpeada por la depresión que llegó de EEUU, pero Ginebra se aprovechó bien de la pujanza de la industria del automóvil alemana hasta que, en 1939, llegó una nueva interrupción por la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda, el mercado del automóvil europeo tuvo que reinventarse ante la escasez de fábricas y materias primas, aunque Suiza había salido bien posicionada gracias a su habilidad para hacer de su imparcialidad su principal negocio.

Años 60, la cuna del automóvil (con permiso de EEUU)

Esto le sirvió para posicionarse, especialmente a partir de los años 60 -durante los 50, el verdadero epicentro del automóvil mundial estuvo en EEUU-, como el único de los grandes salones europeos realmente neutral. Y es que la rivalidad entre las marcas inglesas, francesas, italianas y alemanas hacia que, inexorablemente, las grandes presentaciones se reservaran para sus respectivas citas locales, con la excepción de Ginebra. 

La cita suiza apostó por ser la más atractiva para marcas y carroceros de lujo, que no se podían permitir asistir a todos y cada uno de los salones del año y, además, iba recibiendo todas las novedades de los principales fabricantes europeos, americanos y, también, japoneses. 

Así, desde los 70, el de Ginebra pasó a ser el más interesante de los salones de coches por lo variado de su oferta. Sobre todo, para los periodistas, que podemos recorrerlo en no más de dos horas. Todo lo contrario que otras citas inabarcables, como el Salón de Fráncfort. 

Los rivales de Ginebra

A finales del siglo XIX, el coche se convirtió en el mayor símbolo de modernidad y toda capital europea que se preciara decidió organizar un gran salón del automóvil.


Aunque al principio fue un evento de coches y bicicletas, el primer Salón de París tuvo lugar en 1898 y, para 1902, comenzó a ubicarse en el maravilloso 'Grand Palais' de los Campos Elíseos (imagen de la derecha), que lo albergó hasta el año 1976, cuando la cita comenzó a pasar a bianual y a celebrarse en los años alternos al Salón de Fráncfort.

A comienzos del siglo XX, ciudades como Berlín (1897), Bruselas (1902), Londres (1902) o Turín (1902) organizaban eventos internacionales de esta clase tan importantes como el Salón de Ginebra. La mayoría de ellos perdieron bastante fuelle durante la Gran Guerra o durante la Segunda Guerra Mundial, años en los que no llegó a celebrarse tampoco la cita ginebrina.

Curiosamente, el Salón de Fráncfort no existió hasta 1951, año en el que la asociación de la industria alemana del motor decidió mover el IAA (Internationale Automobil Ausstellung) de Berlín a Fráncfort.   

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Noelia López

Redactora de AutoBild.es

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