Prueba

Skoda Vision C: prueba exclusiva

Skoda Vision C: prueba exclusiva
Luis Meyer

Skoda rompe la pana con el Vision C. Un precioso prototipo coupé que esconde mucho refinamiento. En AUTOBILD.ES lo hemos conducido.

Un verde llamativo, pero no rechinante. Dónde he visto yo eso antes… ¿En una Kawasaki? ¿En un Lamborghini? Pero, un color tan original… ¿En un Skoda? El jefe de diseño, Jozef Caban, me mira sonriendo y agita la cabeza: “Está muy bien que lo compares con un Lamborghini, pero…”. Me lo aclara: “Skoda ya ha empleado un color así en el pasado. Por ejemplo, en el 130 RS, un coupé con motor trasero de los años 70. 

¿Quieres ver otro prototipo espectacular de Skoda? Pincha aquí.

El Vision C es un auténtico bombazo. Un coupé imponente con mucha clase. Con una figura sofisticada, una líneas aguda, largo y con la cintura elevada y e techo bajo. La parrilla se ve amenazante sobre el asfalto, los cuatro faros juegan con las formas triangulares. Los laterales son limpios, nada recargados, sus creadores consideran que no es necesario para ofrecer una estampa poderosa. Tal vez la parte más bonita del Vision C es su ancha zaga. Sus faros afiladísimos y sus líneas angulosas le dan prestancia y exclusividad.

Dentro me espera un habitáculo muy desahogado, también detrás, con asientos individuales. Frente al puesto de conducción me espera una pantalla en 3D totalmente programable, parecida a la que veremos en modelos de Skoda futuros. Y la gran pantalla táctil en el medio permite manejar todas las funciones multimedia. Los pasajeros de detrás disponen de dos pantallas encastradas en los reposacabezas delanteros. 

Para crear una atmósfera especial, encuentro cristal tratado por todos lados. Y digo cristal de verdad, nada de sucedáneos plásticos. Transparente y frío como el hielo. Lo se ve más cercano a la gran serie, y más realista, es la mecánica. “Queremos unir atractivo y disfrute”, me informa el jefe de diseño. “Para nosotros no tenía sentido montar un V8 o un motor similar, menos en un prototipo. No sería un Skoda”. Así que el Vision lleva un 1,4 litros TSI de 110 CV, que puede ser movido por gasolina o gas natural. Monta cambio DSG, y debería ser capaz de alcanzar los 214 km/h.

Una vez en marcha, me doy cuenta de que el Vision C, a bajas velocidades, tiene un rodar muy normal. Algo así como, por qué no decirlo, un Octavia. Dirección, frenos, cambio… Todo funciona como debe. Solo la combinación muelle amortiguador golpea más de lo deseado. Y toda la instrumentación a base de pantallas enloquece, pero claro, se trata de eso, esto es puro espectáculo. 

Pero el Vision C es más que eso: el anticipo de las líneas de diseño que seguirán los futuros modelos de Skoda. Y, tal vez, un coche imponente que podría ver la luz en 2017. Y a poder ser, con una gama de colores más amplia.