Reportaje

Coches 4x4

Ruta 4x4 en NAMIBIA (2ª PARTE): hacia territorio salvaje

Ruta 4x4 en NAMIBIA (2ª PARTE): hacia territorio salvaje

Redacción Auto Bild

21/01/2011 - 18:48

AUTO BILD 4x4 se adentra en esta ruta 4x4 en el norte de Namibia, donde focas, barcos hundidos y esqueletos de ballena son el preludio a Ethosa National Park, una reserva donde los animales imponen su ley.

La continuación de esta ruta 4x4 por Namibia no podía empezar de mejor manera: me encuentro de pie, pensativo, con el casco en la mano, el quad a mi izquierda y una enorme duna frente a mí. La famosa número 7 de Swakopmund. El monitor ha salido como una exhalación hacia ella y la ha escalado, jugando con las leyes de la física. Cuando baja, me hace una señal para que le siga. Ni siquiera me fijo en si los demás se atreven. Acelero a fondo y me dirijo hacia ella como Don Quijote contra los molinos… pero claro, yo no soy el monitor ni compito en raids de quads, así que me quedo atascado a las primeras de cambio. A pesar de ello, la sensación de sortear dunas con un quad, totalmente rodeado de arena, es algo increíble, casi irreal. Y lo mejor de todo es que esto ocurre nada más comenzar la segunda parte del viaje. Todavía queda mucho más. Tras esta descarga de adrenalina, emulé a los reporteros de National Geographic al introducirme en una gigantesca reserva de focas. La ruta prosigue por una escenario en el que imperaría una atmósfera un tanto tétrica: Skeleton Coast, una costa donde se mezclan huesos de ballena y barcos hundidos. Todo esto contrasta con la explosión de vida que vendría después, en el Ethosa National Park, donde jirafas, rinocerontes y mi querida leona me aguardarían con las zarpas abiertas...

Cuanto más cansado estás, cuando crees que la pista no tiene fin, este país  te anima a seguir con sus preciosos atardeceres...siempre, eso sí, con unas buenas  gafas de sol

Etapa 1: Swakopmund-Palmwag

No te voy a aburrir más con el espisodio del quad...pero sí te voy a contar que además de este actividad, en las dunas cercanas a Swakopmund me encontré con multitud de surferos de arena que se tiraban con sus tablas desde lo alto. Y desde lo alto de una de esas dunas se podía divisar una franja de costa, y el primer barco fantasma de este viaje. No sé si era un petrolero al estilo Exxon Valdéz, pero me pareció gigantesco. Durante el recorrido a lo largo de esta costa, pude ver alguno más, formando como un siniestro museo naval. Todo esto despertó en mí cierta sensación de inquietud, que luego se acrecentó cuando llegué a las puertas del parque de Skeleton Coast, cuya entrada estaba protegida por dos gigantescas costillas de ballena. Una vez dentro, el árido paisaje, similar al de un campo lunar, tampoco es que me llenara de alegría precisamente. Cuando salimos de aquí, alejándonos un par de cientos de kilómetros, la tierra empezó a tomar un color rojizo, el mismo con el que decora la tribu himba su cuerpo. La sabana africana ya se adivinaba en el horizonte.

En Swakopmund puedes tirarte duna abajo dentro de un balón como el de la foto. Perderse en la imensidad de un desierto a los mandos de un quad es algo que difícilmente podré olvidar. De la arena a la sal. Cerca de Walvis Bay, vi algo que parecía un espejismo: un salar de un blanco inmaculado. Huesos de ballena franquean el paso al Skeleton Coast

Etapa 2: Palmwag-Ethosa National Park-Windhoek

¡Rápido, los prismáticos! Intento controlar mi euforia, pero no puedo, ya que a lo lejos intuyo la silueta de dos cebras. Entonces, James, el guía, me dice: "no te 
preocupes, en Ethosa National Park te vas a hartar de ver animales". Y vaya si tenía razón... Nada más entrar, una enorme jirafa se cruza por delante de nuestro Land Rover mientras todo el grupo mira con la boca abierta. Pero esto sólo fue un aperitivo. Los namibios han montado unas charcas que llaman waterholes donde los animales sacian su sed: cebras, antílopes, chacales, ñus... 

¿Qué te puede impresionar más, el rugido de un león o la estampida de un elefante? En Cape Cross, puedes adentrarte hasta el corazón mismo de una enorme reserva de focas. Si eres lo suficientemente paciente, incluso tocarás alguna con tus manos. En ocasiones, tuve que cambiar el boli por las cinchas para asegurar el equipaje. Los namibios son artistas consumados; las pinturas rupestres de la foto tienen más de 3.000 años

El viaje llega a su fin, pero todos tenemos la espinita clavada de no haber visto al rey león. Hasta que, de pronto, una manada de estos felinos aparece de la nada. Todos a un lado de la carretera, salvo uno que no cruza y se queda a escasos metros del coche. Entonces, Alfonso, el fotógrafo, me pide que me acerque y baje el cristal muy despacio, para aprovechar a tirar fotos como un descosido. Mientras tanto, yo la miro y noto cómo se agazapa, cómo sus orejas se echan hacia atrás y cómo mi dedo vuelve al botón del elevalunas para subir la ventana y decirle: "Tío, me debes una muy gorda". Él asiente con la cabeza. Y poco después, yo empiezo a menearla cuando nos acercamos al aeropuerto de Windhoek, la capital de Namibia, para regresar a España. No quiero volver, deseo quedarme y seguir emulando a Robert Redford en 'Memorias de África'.

Este antílope que mira tan desafiante es un Springbok; quise ver un leopardo, pero tuve que conformarme con la huella de la foto. Skeleton Coast esconde tesoros como este: el enorme mecanismo que enrolla el ancla de un barco naufragado. Al fin, la leona

Juan Antonio Corrales

Fotos: Alfonso Zubiaga-WATU Acción Indígena, AUTO BILD España, Stockxpert

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