Reportaje

Un lector de AUTO BILD, convertido en probador del CX-5

Javier Leceta

18/05/2012 - 18:50

Un día cualquiera alguien te llama al móvil y te dice que te vas a Viena a conocer de primera mano el nuevo Mazda CX-5. No me lo podía creer…¡probador por un día! Un sueño para cualquier aficionado al motor.

El día D (25 de abril) tardó en llegar y el viaje en avión hasta Viena se me hizo eterno, ansioso por probar el Mazda CX-5 que ya había tenido la oportunidad de conocer a través de un test publicado por mis 'anfitriones'. Pero todo pasó a un segundo plano cuando ví que Mazda tenía preparado al lado de la terminal del aeropuerto todas las versiones habidas y por haber del flamante todocamino. Empezaba el juego, y todo gracias al concurso que gané con Mazda y AUTO BILD.

Un primer vistazo y… el azul es para mí. Escojo para comenzar el modelo 2WD con transmisión manual de 6 velocidades y motor diésel de 150 CV; en resumen, la variante que más se espera vender en España. El tema de ventas no me va mucho, pero mis amigos de AUTO BILD me dijeron que a la hora de escribir el artículo no solo era importante hablar del coche y su mecánica, sino cómo ha enfocado la marca la venta del modelo en nuestro país.

Puesto en faena, me doy cuenta de que basta con que lleves la llave en el bolsillo para abrir y arrancar. Tan sólo hay que apretar el botón 'Start/Stop'. Primera impresión: la suavidad es evidente desde el principio. No parece para nada un diésel, y sé de lo que hablo porque mi padre tiene uno. La tecnología Skyactiv tiene la culpa de ello: mejora las prestaciones del coche, el dinamismo y, encima, cuida del medio ambiente gracias a su mayor eficiencia.

No he probado tantos coches como los profesionales de AUTO BILD, pero, bajo mi punto de vista, creo que se comporta ágilmente y empuja con gran solvencia por la autovía austríaca en la que me encuentro. En este vídeo puedes ver alguna de mis impresiones.

Como soy un poco curioso, empiezo a tocar todos los instrumentos para averiguar su funcionamiento. Aunque, finalmente, decido concentrarme en la conducción: todos los carteles están en alemán y no entiendo nada. Menos mal que el navegador, configurado en español, me echa una mano.

Cuando me 'empollé' el dossier, por mandato directo de mi tutor, Juan Antonio Corrales, me di cuenta de que este no hacía uso del 'downsizing', sino que montaba motores 2,0 litros de 160 y 165 CV gasolina y 2,2 litros turbodiésel de 150 y 175 CV. Aún así, el consumo me parece muy reducido: entre 6 y 6,6 l/100 km en el primer caso y tan sólo 4,6 y 5,5 l/100 km en el segundo. Investigando un poco, resulta que estas cifras son comparables con las de modelos híbridos.

Pero no todo iba a ser conducir y disfrutar del CX-5. Tenemos que parar: nuestro fotógrafo Mikel ha visto un pueblecito en la salida de la autovía ideal para hacer fotos: "¡Pasa otra vez a 60 y sube la ventanilla!", me dice. Está claro que soy un novato en esto del periodismo del motor. Tanto que olvidé en la guantera del CX-5 mi inseparable cámara réflex. Gracias a Dios -y a la Virgen del Pilar, que por algo soy maño-, la gente de Mazda me la guardó gentilmente.

En la segunda jornada tocaba el motor de gasolina. Algo que me encantó fue el cambio de recorridos cortos y precisos, nada que ver con mi Opel Corsa. Por cierto, se me olvidaba hablar del diseño. Mi impresión es la de estar delante de un conjunto con una estética muy dinámica. Algo que Mazda denomina 'Kodo' y cuyo significado es 'Alma en movimiento'. Quién me iba a decir que un día utilizaría esta jerga. El puesto de conducción es alto y las plazas traseras son tan amplias que permiten acomodarse a Mikel, nuestro fotógrafo, de 1,90 metros, con holgura.

El maletero me resulta bastante amplio. ¡No me extraña! En la ficha pone que tiene 503 litros. Una de las características que me resaltó Natalia, la directora de comunicación de Mazda, a este respecto es el sistema de palancas a ambos lados del maletero denominado 'Karakuri', con el que se pueden abatir parcial o totalmente cualquiera de las tres partes de los asientos traseros.

"¿Ya está?, ¿ya se ha acabado? Buffff", le exclamo a Juan Antonio. La verdad es que me da pena entregar la llave y volver a España. Esto de ser probador no tiene nada que ver con un trabajo normal. ¡Esto es mucho más emocionante!

Texto: Rubén Jiménez.

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Javier Leceta

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