Reportaje

Los pelotazos del motor españoles

Los pelotazos del motor españoles

Vicente Cano

08/04/2015 - 07:54

Espilon, Hiriko y HRT son solo algunos de los últimos ejemplos de pelotazos del motor españoles, aunque el mayor de todos siga siendo el circuito urbano de Valencia.

A alguno nos cuesta más de lo aconsejable encasillar Epsilon, Hiriko, HRT o varios de los circuitos de superpueblan la geografía patria como pelotazos del motor españoles, pero es lo que son. Siempre, claro está, que ‘pelotazo’ se entienda en su más amplio sentido, por muy peyorativo que siga siendo su significado. Cuando la instancia judicial entra a valorar si la administración de estos proyectos ligados al automóvil que fracasaron fue megalómana e incompetente o delictiva –o y además delictiva-, lo mejor es esperar a ver qué depara ese tránsito para terminar de opinar.

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Además, se da el caso de que en eso están ahora los tres nombrados: Epsilon, la contratación de la F1 en Valencia e Hiriko. Sería demasiado fácil decir ahora “ya se veía”, pero lo cierto es que presencié –y las páginas de AUTO BILD lo reflejaron- el devenir de estos proyectos fracasados del automóvil en España en primera persona y en su momento había cosas que le tenían que chirriar a cualquiera. Quizá la que más fuera la celebración de la F1 en un circuito urbano surgido de la nada en Valencia.

Me imagino que en una tierra en la que los fuegos de artificio han sido un negocio tradicional y se quema el trabajo de un año en la fiesta mayor, el fasto se verá de manera distinta, pero de ahí a hacer de la celebración de grandes eventos internacionales la principal industria hay una distancia sideral. Encima, a diferencia de la Copa América por ejemplo, llevar la F1 a la ciudad de Valencia –hay un gran circuito infrautilizado a 30 km del centro- no ha dejado un legado arquitectónico en la ciudad, aunque sí económico. Porque de este pelotazo del motor lo único que quedan ya son deudas y la sospecha de que se llevó dinero de más mucha gente.

Dejando de lado las promesas iniciales, lo cierto es que la el evento les costó a los valencianos 283 millones de euros, según denunciaba recientemente en el pleno de Les Corts Ignacio Blanco, portavoz de Esquerra Unida. “¿Quién en engañó a quién con la F1 de Valencia? Ahora, el pelotazo del circuito de Valencia está en los tribunales, al menos el aspecto de su contratación. La última novedad al respecto es que el TSJCV negó el recurso de Francisco Camps; la ex secretaria autonómica de comunicación del Consell Lola Jonhson; y del expiloto Jorge Martínez Aspar.

Las irregularidades de la F1 en Valencia, si hay suerte, se dirimirán en vía judicial, pero tú mismo puedes juzgar si hubo o no despilfarro (45 millones de euros solo por el montaje cada año) con solo ver el vídeo debajo de este párrafo. Lo grabé yo mismo en 2012 cuando tuve la suerte de presenciar en directo una maravillosa carrera con victoria final de Fernando Alonso. El tinglado de la F1 en Valencia –los boxes estaban sobre los tradicionales tinglados del puerto- me pareció brutal y sobredimensionado, especialmente en el área VIP donde había reservados casi completamente vacíos.

Comparado con las cifras que movieron los políticos de la Comunidad de Valencia, los otros pelotazos del motor españoles parecen poca cosa. Empezando por Hispania Racing Team, el equipo de F1 HRT era un verdadero proyecto para un Fórmula Uno ‘low cost’ que Bernie Ecclestone nunca quiso en realidad, de ahí que les llegara a decir a alguno de sus gestores “Yo, si fuera ustedes, me iría”. Estaba claro, tras el abandono de Pedro de la Rosa, Luis Pérez Sala y Toni Cuquerella, que mantener una estructura así sería una máquina de perder dinero y en 2014 se confirmó con la salida de la F1 de escuadras como Marussia o Caterham.

La ausencia de patrocinadores de peso en un entorno de crisis económica es una de las notas comunes de estos proyectos de motor fallidos. Lo peor de HRT llegó en su accidentado final, con pelea de los impagados mecánicos del equipo a las puertas de su sede, asunto aparte por el que ya solo le vale a HRT entrar en la lista de los pelotazos del motor españoles: un pelotazo arquitectónico tan grande que pudo haber sido hasta olímpico, la Caja Mágica. La magia está en que su construcción volatilizó 293 millones de euros sin que el complejo tenga un uso habitual. La pena es que HRT, de haberse sumado a otro de los sueños baldíos del automóvil en España –Epsilon Euskadi-, habría podido acercarse al éxito.   

Pelotazos del motor

Vitoria tiene uno de los índices de calidad de vida más altos de España, una larga tradición en la industria del automóvil y ha sido sede de dos de los pelotazos del motor más sonados en España: Epsilon Euskadi e Hiriko. Podría decirse que se trata de pelotazos vascos porque además en ellos incurre un componente común: los intereses políticos, concretamente del PNV. El pasado septiembre, durante la presentación de la nueva Mercedes Vito, la ruta pasaba por el Parque Tecnológico de Álava, justo frente a las instalaciones todavía relucientes de Epsilon Euskadi.  

Ante mis preguntas, el vigilante de seguridad me aseguró que el edificio está precintado judicialmente. Otros del flamante parque industrial tampoco mostraban mucha actividad. Justo tres años atrás, estuve de visita en Epsilon Euskadi –las fotos de la galería de arriba pertenecen al reportaje del número 199 de AUTO BILD- y el propio Joan Villadelprat nos atendió más que cortésmente. Entonces me resultó un poco chocante la cantidad de especificaciones en la construcción que había introducido, casi todas con una funcionalidad. Me la habrían llamado mucho más si hubiera podido vaticina que en enero de 2011, el Parque Tecnológico le había avalado a Epsilon un segundo préstamo hipotecario para poder proseguir con las costosas obras. Un contrato que ha suscitado una de las acusaciones por parte del fiscal.



El único túnel de viento de España, que Epsilon Euskadi albergaba en una de sus gigantescas salas era la única instalación completa más allá de algunos hornos y un autoclave. En todo caso, debo decir aunque me pareció un proyecto más que sólido por quién lo pilotaba, pensé de dónde van a salir los patrocinadores para un equipo de F1 de Euskadi. Porque de eso era de lo que se trataba: una aspiración política –sin retorno claro para la sociedad vasca- en la que se fueron por el sumidero 48 millones de euros de los contribuyentes.

A finales de 2013, Joan Villadelprat fue condenado por un tribunal alavés por llevar a la quiebra a la sociedad Epsilon Euskadi. Cuando recuerdo mi visita de 2013 me resisto a ver al empresario catalán como un delincuente, me recuerda más bien al personaje que Jeff Bridges interpreta en “Tucker, un hombre y su sueño”. En todo caso, en el País Vasco al menos sí se ha podido hablar de un escándalo Epsilon, porque cuando la alfombra empezó a levantarse surgió una disputa interna en el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas que llevó a una de sus mayores crisis de imagen a la institución.  

Donde todavía no se ha dirimido si hay delito o no, pero también hay claro un escándalo, es en Hiriko. Al proyecto de fabricar un coche eléctrico en Vitoria basado en dos patentes de Instituto Tecnológico de Massachussets le tiene ganas más de uno. Y es que sus responsables se dedicaron a saturar los correos de instituciones públicas y medios de comunicación entre 2010 y 2012. También conocí a alguno de sus impulsores, pero aquí todo me olió peor desde el principio.

Para empezar, en Hiriko no había prácticamente nadie involucrado que procediera de la industria del automóvil y carecían de socios en el sector, tampoco tenían instalaciones, así tenía todos los ingredientes de un pelotazo del motor. Además, evento tras evento, el prototipo no evolucionaba y, encima, sus máximos responsables –voy a omitir nombres por ahora- se prodigaban hasta la saciedad en rallies ecológicos y eventos de todo tipo, siempre, sin dar información. En enero de 2012, AUTO BILD quiso completar un reportaje sobre Hiriko, pero fue imposible ir a Vitoria porque había un grupo de expertos tratando de sacar adelante el proyecto, atascado en la homologación evidentemente y que fundió 17 millones de euros públicos.

Nunca volví a recibir una llamada del departamento de comunicación, desde el que siempre me deslizaban que empresarios muy cercanos al PNV estaban al frente de Hiriko. Parecía una garantía. En realidad, estos amigos de altos cargos del PNV, presuntamente, urdieron un entramado societario para no poner un euro si el proyecto fracasaba y llevarse todos los beneficios si resultaba un éxito. A que mola. Como te decía arriba, voy a empezar a descolgar el teléfono y próximamente, en la edición impresa de AUTO BILD, podrás saber qué me han contado quienes estuvieron en HRT, Hiriko y Epsilon Euskadi, aunque sea ‘off the record’.

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Vicente Cano

Redactor

Ferrolano de corazón, getafense de adopción, en periodismo desde hace 20 años. "Ser feliz es querer lo que se tiene, no tener lo que se quiere"

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