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Práctico

Explora sin miedo tu motor

Explora sin miedo tu motor

Redacción Auto Bild

21/09/2010 - 10:25

Al margen de sus conocimientos mecánicos, todos los conductores deberían hacer, de vez en cuando, una excursión al fascinante mundo que se esconde bajo su capó. AUTO BILD pone los prismáticos y la cantimplora para que no te ‘pierdas’ en palabrejas sobre mecánica ni caras facturas de taller. ¡Empieza la aventura!

Al margen de sus conocimientos mecánicos, todos los conductores deberían hacer, de vez en cuando, una excursión al fascinante mundo que se esconde bajo su capó. AUTO BILD pone los prismáticos y la cantimplora para que no te pierdas en palabrejas sobre mecánica ni caras facturas de taller. ¡Empieza la aventura!

A algunos de mis amigos les corre la gasolina por las venas y disfrutan siguiendo las carreras de coches por la tele. A otros, les encanta merendarse libros de mecánica y puesta a punto y se pasan los fines de semana apretando tuercas y tornillos (hay vicios peores, te lo aseguro...). Y conozco a un tercer grupo cuyos miembros están convencidos de que los destornilladores los carga el diablo y mejor no tocan nada, por si se rompe. Eso sí, a la hora de moverse en coche, todos tienen un mismo objetivo: llegar sanos y salvos a su destino... sin llamar a la grúa ni dejarse el sueldo en arreglos.

Pero cuando el mal ya está hecho y hay que pasar por el taller, lo peor no es la factura, sino la sensación de haber podido evitar la avería o creer que el mecánico está hablando en chino cuando se esfuerza en explicar una costosa reparación. Unos conocimientos básicos pueden ayudarte mucho.

Palabras y facturas ‘de chiste’

Que la trócola existe en el diccionario como sinónimo de polea, vale. Pero que lleve una junta que se rompe todos los días como en los chistes de talleres... ya no es muy creíble. Los palieres -que llevan  la fuerza de giro del motor mediante la transmisión a las ruedas- sufrían mucho hace años en los coches todo atrás, que tenían el motor, la caja de cambios y las ruedas motrices en la parte posterior. Sin embargo, ya no suelen dar demasiados quebraderos de cabeza.

Otro tanto pasaba con los antiguos platinos del sistema de encendido, que cada dos por tres había que ajustarlos o simplemente secarlos cuando se mojaba el Delco (la tapa que los cubría). ¿Y aquello de que “se ha ensuciado el chiclé y por eso el coche da tirones?”. Por muchos expertos de cafetería que te encuentres por ahí, no es más que otra frase para el museo, propia de los automóviles de gasolina con suciedad acumulada en el carburador. Así, pues, ¿qué puede fallar en tu coche fantástico, recién estrenado? ¿El turbo-boost con el que Michael Knight y Kitt saltaban sobre los malos en la tele? ¿El condensador de fluzo, quizás?

Viaje en el tiempo

Ya no hay que ir al futuro en un DeLorean para darse cuenta de que, hoy,  hasta el utilitario más pelao de mecánica y equipamiento que hay en el mercado está lleno de cables, sensores, termostatos, líquidos, tuberías y centralitas electrónicas. Todo un mundo bajo el capó en el que ningún elemento está presente por casualidad.

Este poderío tecnológico, en la mayoría de los casos, hace de los coches actuales unas máquinas más prestacionales, fiables y seguras que antaño. Lo curioso es que, cuando un vehículo moderno se para, hasta el más ignorante en la materia tiende a asomarse al motor a ver si encuentra él solo la causa del fallo. Es casi como un acto reflejo, una reminiscencia quizás de aquellos tiempos en los que las mecánicas eran sota, caballo y rey, y en muchos casos bastaba con poner el cable de una bujía que se hubiera soltado con los baches o tirar un cubo de agua por encima del radiador (verídico) para que el calentón no fuera a mayores.

Hoy resulta más práctico y seguro ponerse el chaleco reflectante, señalizar la zona con los triángulos de emergencia tal y como marca la ley y, si acaso, echar un vistazo -móvil en mano- a la escena del crimen si tu servicio de asistencia te pide detalles sobre lo sucedido, para ganar tiempo antes de socorrerte. Sin embargo, conviene tranquilizar a quienes sienten mareos y palpitaciones cada vez que se asoman con miedo a un motor y sólo ven un conglomerado de hierros y cables dispuestos a saltar sobre su cara como un Alien con malas pulgas: en el fondo, conocer a grandes rasgos las partes de un motor no es tan complicado.

Evita el ‘cortocircuito’

Para que no te quedes con cara de póker como Paul Newman en El golpe, ante una reparación cara, no hace falta hacerte pequeñito como en Cariño, he encogido a los niños y colarte bajo el capó. Basta con conocer qué hay debajo de él.

- El motor: es la pieza fundamental compuesta por los cilindros donde se alojan los pistones, el cigüeñal y todos los elementos mencionados aquí.
- Encendido: puede ser por magneto, por bobina, electrónico, transistorizado... El sistema se pone en marcha al accionar la llave de contacto y luego, mediante un regulador o una centralita, indica qué bujías o qué inyectores y por qué orden deben actuar sobre los cilindros. En los diésel, están los calentadores para facilitar la combustión.
- Alimentación: es el sistema encargado de proporcionar a los cilindros la mezcla de gasolina y aire o de gasóleo y aire mediante una bomba que los impulsa, para que se produzca la explosión o la combustión y el pistón se desplace. Como ves, el depósito de combustible nunca se aloja cerca del motor, sino que tiende a ubicarse, desde hace muchos años, bajo el maletero o bajo los asientos posteriores, por motivos de seguridad.
- Circuito de lubricación: desde el cárter (situado bajo el bloque motor), el aceite es impulsado por una bomba hasta las camisas de los cilindros para que nunca se produzca rozamiento (gripaje) entre las paredes y los pistones en movimiento y por eso, la varilla de medición está a mano.
- Circuito de refrigeración: sirve para asegurar que el motor trabaje siempre a una temperatura óptima. El agua se bombea hasta el radiador donde se enfría -gracias al aire que entra del exterior y al electroventilador que lleva adosado éste- antes de volver al bloque.
- Refrigeración interior: la calefacción y el aire acondicionado tienen su propio circuito o lo comparten entre sí, depende del modelo.
- Circuito de frenos: siempre debe estar estanco. Si se rellena con líquido específico, hay que asegurarse de purgarlo bien para no perder efectividad de frenada.

Averías de cine

Las averías caras se relacionan con estos factores:

- El coste de las piezas: las centralitas electrónicas no se reparan, se cambian.
- Su ubicación: cambiar la junta de culata supone desmontar medio motor.
- Su repercusión: la correa de distribución es barata, pero si se rompe, el deterioro de las válvulas, los pistones, los cilindros y el cigüeñal puede ser irreversible.

Ese gran desconocido llamado motor: ‘En busca del corazón verde’

El motor es para un coche lo que la CPU para un ordenador: la unidad básica que luego se rodea de elementos periféricos. Por su configuración, puede ser de pistones o funcionar con un rotor (tipo Wankel, que hoy sólo usa el Mazda RX-8). Su ubicación puede ser longitudinal o transversal (el más común) y contar con dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, diez, doce... cilindros en línea, en V, y en paralelo y horizontal (tipo Bóxer).

Aunque la mayoría de los fabricantes lleva años buscando alternativas más ‘verdes’ alimentadas con sistemas híbridos (gasolina-electricidad), pila de combustible (hidrógeno), bioetanol o energías renovables (solar), hoy por hoy los motores que siguen predominando son dos, aunque más eficientes que nunca: el de gasolina (que mezclada con aire explota en el cilindro para mover los pistones) y el de gasóleo (en cuyo interior la mezcla arde producto de la combustión). Éste último es el que ilustra este reportaje.

Para todos los públicos

Aunque una plancha de plástico (arriba) te dé los buenos días cuando quieres acceder al motor, no te desesperes: no hace falta quitarla para encontrar todos los elementos que debes controlar para un mantenimiento óptimo de tu coche. Incluso en los modelos que tienen la batería ‘escondida’ detrás de un asiento o en el maletero, los bornes (positivo y negativo) suelen estar a la vista para que puedas limpiarlos o colocar en ellos las pinzas con los cables de arranque, en caso de necesidad. El líquido de frenos no debes tocarlo sin un conocimiento mucho mayor. 

Lavaparabrisas: si se vacía el contenido, no sufrirá el motor, pero debes llenarlo por si la luna se ensucia

Vaso de expansión: sí es una parte del circuito de refrigeración. Rellénalo con un anticongelante adecuado

Varilla del aceite: aquí se comprueba -en frío- el nivel de lubricante. Para reponer, hay que desenroscar un tapón

Líquido de frenos: este tapón no debe ser abierto por manos inexpertas. Apréndete bien el logotipo (en amarillo)

Fusibles: cualquiera de ellos puede ser el responsable de una derivación o una mala conexión. Aquí están a man

Para los que quieren ‘nota’

Una vez que quites la tapa de un motor moderno, puedes ver otros elementos (no demasiados) cuya manipulación requiere unos conocimientos mucho más profundos. En ocasiones, la dificultad está simplemente en acceder a ellos, pero no en su funcionamiento. Son éstos:

Aire acondicionado: se nutre de un líquido sobre el que actúa un compresor. Las tuberías se rellenan por aquí

Correa de servicio: está más visible que la correa (o cadena, según modelos) de distribución

Calentadores: aumentan la temperatura del gasóleo antes de pasar a la culata para facilitar la combustión

Inyectores: introducen a alta presión la mezcla de gasóleo y aire en el cilindro. Se regulan eléctricamente (con clemas)

Turbo: una turbina que aprovecha los gases de escape para sobrealimentar el motor. Cambiarlo sale caro

Bomba de combustible: se encarga de mover el gasóleo desde el depósito hasta el motor, pasando por el filtro

Filtro de aire: es el encargado de limpiar el flujo de aire que medirá el caudalímetro antes de ir a la cámara de inyección

Radiador: menos accesible que antaño y aquí, sin tapón de llenado. Va conectado al vaso de expansión

¿Bocinas? Son fáciles de cambiar, pero obligan a desmontar dos tapas entre el radiador y la calandra

Que no te engañen (por Rodrigo Fersainz)

Aunque me guste meterle mano al coche, la falta de tiempo o de conocimientos me obliga a pasar a veces por el taller. En muchos servicios oficiales y en centros privados, he visto mecánicos honrados y de confianza, pero también otros que abusan de clientes que no saben de mecánica (ni tienen por qué). Sin perderle el respeto, no tengas miedo a tu motor y familiarízate con sus elementos para que lleves todo al día y, ante una reparación, nadie te cuente películas.

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