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La opinión de
Alfredo Rueda

Neumáticos de invierno. Lluvia… ¿qué era eso?

Alfredo Rueda

18/02/2013 - 13:02

En pleno temporal por el norte, el trabajo no da tregua y hay que asistir diariamente porque la máquina de fichar no entiende de nieve, ni de carreteras con balsas de agua, ni de viento racheado… El otoño nos había engañado y ya pensábamos que el invierno no llegaría. En la cabeza teníamos programados los próximos días de playa y de barbacoas, pero el hombre del tiempo nos ha devuelto a la realidad.

Borrasca que entra por Galicia, deja una semana sin parar de llover y nieve en las alturas. 

Autovia y agua 1

Pues bien, con este panorama he podido probar concienzudamente los neumáticos de invierno Bridgestone. Por donde yo vivo se pueden ver una o dos nevadas al año pero no suele ser gran cosa, pero los días cerrados de lluvia intensa, viento y frío son frecuentes y en estas situaciones es donde me interesa que el coche vaya bien “sentado”. 

La verdad es que he oído hablar maravillas sobre las ruedas de invierno en estas situaciones y tenía miedo de estar demasiado sugestionado. Nada de eso. Funcionan ¡y cómo funcionan!

Ruedas

Desde el primer momento dan sensación de seguridad, dan confianza también a la hora de frenar, y eso es importante. Lógicamente no voy a decir que es como circular en seco pero puedo afirmar que la diferencia es notable. No sé cómo calificarla, por eso intentaré dar algunos ejemplos. En la autovía Santander-Bilbao, una carretera que tengo más que aprendida de memoria, para quien no lo conozca es un tramo con mucho tráfico, desde hace poco con buen asfalto, muchas curvas, zonas sombrías…, vamos, lo “ideal” para un día de invierno. El coche va bien sentado, con aplomo, no hace extraños y  no desliza en las balsas de agua donde sé que si paso a cierta velocidad, antes sí lo hacía. 

Desde la misma entrada a la autovía, ya en las típicas rotondas con asfalto pulido, no hay movimiento, el coche va por donde apuntas, por lo menos a la misma velocidad donde antes se empezaba a saltar el control de tracción.

¿No os pasa que en algún aspecto de la vida tenéis una piedra, donde por más que intentáis evitarlo siempre se termina tropezando? A mí sí, y esa piedra tiene forma de enorme charco que se forma en esta autovia a la altura de Gallarta, antes de llegar a la salida de Portugalete, quien circule por esta zona sabrá perfectamente de qué hablo. Pues bien, por más que paso por allí, cuando llueve, sé que está esa balsa de agua que cruza la carretera y siempre termino “tragándomela”, en alguna ocasión con sustos importantes (deslizadas de varios metros). Lo cierto es que el domingo pasado por la noche y con un aguacero de narices no fue diferente. Pensando en mis cosas, y confiado por la seguridad que me estaban dando las ruedas, llegue a la altura de “mi piedra” y me pongo a adelantar sin acordarme de ella. En ese tramo la velocidad es la genérica de la vía, 120 km/h y usé los 10 de más que permite la ley y creo que un poco más. Cuando estoy en plena maniobra me acuerdo de la balsa y ya la tenía encima. Suelto despacio el acelerador, no toco el freno, aprieto lo que tenemos donde la espalda pierde su nombre y me agarro al volante esperando un aquaplaning de órdago… y nada, no ocurre nada. No hay deslizada, no hay extraños… De verdad os digo que en ese sitio, a menos velocidad he visto coches darse contra el quitamiedos.

Autovia y agua 2

A más cantidad de agua yo creo que mayor es la diferencia con los neumáticos que tenía montados antes. 

Por mi parte, estas ruedas de invierno parece que han conseguido que el tropiezo en una de mis “piedras” sea menos resbaladizo.

Un saludo.

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Alfredo Rueda

Periodista apasionado de todo lo que tenga motor: Coches, motos y ahora, también, cacharritos con alas...

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