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¡La aventura ya ha comenzado!

¡La aventura ya ha comenzado!

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18/08/2014 - 11:02

El pasado día 3 de agosto, momento en el que muchas comenzabais las vacaciones, el equipo de Héroes del Gobi poníamos rumbo al noroeste. Nuestra misión: llegar en cinco días a la capital del basto territorio ruso: a Moscú.

La despedida de muchos amigos en Barcelona nos animó a seguir con paso firme las rectilíneas y aburridas autopistas europeas, para pasar por Lyon el primer día, después hacia Nuremberg, en Alemania y por fin, cerca ya de la frontera, a las más desconocidas Varsovia, Lituania y Letonia.

Creí que iba a ser muy aburrido y sencillo, pero en los viajes nunca dejan de pasar cosas y en esta ocasión el primer problema lo tenía yo: la rueda delantera de mi BMW vibraba demasiado. Se que el peso en la trasera desequilibra un poco, pero he viajado con la F700GS mucho más cargada y esto no ocurría. El camino se hizo incómodo y peligroso: ese movimiento del manillar no ayuda con la estabilidad y menos cuando el suelo está mojado, ya que las tormentas han sido diarias.

 

En Nuremberg visité el concesionario de BMW Motorrad y muy amablemente me ayudaron con el tema; al final se arregló con un equilibrado correcto y algo más de presión en ambas ruedas, así ocupamos la primera mañana en la que no salíamos volando. La importancia de una presión correcta, fundamental para realizar una viaje seguro. Mis Continental Trail Attack nunca me han fallado y en esta ocasión no iban a ser menos. Repaso mentalmente la presión de cada una y me prometo revisarla cada mil kilómetros. Debo cuidarlas tanto como mi cadena. Roger, el piloto de la otra moto de Trail, me acompañó durante todo el proceso.

No os he presentado al resto de la expedición: en uno de los todoterreno con matrícula lusa viajan tres portugueses y un español. En el otro todo terreno un matrimonio catalán. Otra y yo misma cerramos el divertido y peculiar grupo. No nos conocemos de nada. Solo sabemos que nos gusta viajar y estamos dispuestos a compartir nuestro preciado tiempo con otros; seremos tolerantes y nos divertiremos.

 

En Nüremberg ocurre otra cosa:  el coche de los portugueses tiene el cambio de marchas estropeado. Deciden quedarse un día más; el otro coche se queda con ellos y viajamos las dos motos a nuestro aire por vez primera. Decidimos dejar la autopista y disfrutar de las curvas de las carreteras secundarias alemanas que nos llevan hasta la bella localidad de Dresden. 

La verdad que pese a la insistente lluvia (a la que ya con la moto en condiciones no hago ni caso, estreno equipo de Touratech “Compañero” y es ideal para este momento del año, ligero y fresco por el día y fácil de equipar la ropa de agua, si viene tormenta) y el calor húmedo cuando sale el sol, pasamos una bonita jornada. Como buenos amantes de las dos ruedas y ya sin el séquito de los dos todo terreno, salimos de la autopista para disfrutar de las curvas, los pequeños pueblos y los paisajes que nos encontramos en las carreteras secundarias.  Decidimos parar a tomar un café. Dresden es una de las ciudades turísticas de esta zona del norte que fue quemada durante la Segunda Guerra Mundial. La verdad que esta guerra está muy presente en esta parte de Europa, no será la primera vez que nos hablen de ella o que no veamos los vestigios de la misma. En la plaza principal nos tomamos un café. Ante nuestra sorpresa llega un personaje, Toni, gallego, motorista y afincado en Inglaterra. Compartir con otros es todo un lujo. Se nos echa la tarde encima y decidimos partir, aún estamos a unos 200 km de Varsovia.

 

Llegamos a Polonia unas horas antes que parte del equipo. El coche portugués se retrasará un día más hasta que traigan la pieza que necesita para arreglar la caja. El ambiente ha cambiado completamente, se nota que estamos en la parte menos rica de la UE. Las casas ‘tipo colmena’, los edificios enormes, grandes avenidas y los peligrosos raíles de los tranvías me lo recuerdan continuamente. Parece que hemos retrocedido unos 60 años, aunque esto es solo en el aspecto. Hay tiendas por doquier, hamburgueserías, comida japonesa y cientos de hoteles y negocios. En Varsovia estamos fuera de la zona central, al otro lado del río. Nos espera mi amigo Javier, que amablemente hace de guía de la ciudad. Pero como no podía ser de otra manera, algo sucede: al todoterreno con matrícula marroquí  que pertenece al matrimonio catalán (ya os iré contando), que está aparcado frente al hotel, se lo lleva la grúa. Mientras descansamos en la habitación ‘la Municipal’ lo ha visto y se pone a multarlo, cuando nos avisan de recepción que está casi en la grúa. Aunque pedimos que esperen a los dueños que se han ido a dar un paso en bici, no nos hacen caso. El coche se lo llevan pese a nuestra oposición. Siempre pasan cosas, ¿verdad? Aunque esta no nos aguará la fiesta.

 

Por la noche salimos a dar una vuelta con Javier, visitando otra de las ciudades más castigadas por el nazismo. El centro histórico es impresionante, parece sacado de una película de caballeros medievales. La historia es muy triste, su plaza central, pequeña y acogedora, fue destruida hasta los escombros por uno de los más devastadores bombardeos nazis. Pero los polacos, reconstruyeron piedra a piedra, dejando la ciudad tal y como fue antes de el genocidio: De más de 6.000 habitantes, solo sobrevivieron 1.000.

Por cierto, el coche portugués aparece a las tantas de la noche tras un recorrido de mil kilómetros: eso son ganas de viajar en grupo.

Al día siguiente continuamos hasta Letonia. De nuevo cambia el paisaje, cada vez más llano. Los gigantescos bosques de pino dan paso a llanuras interminables con pequeñas colinas dedicadas al cultivo de los cereales. Cruzamos enormes ríos y los lagos comienzan a hacer aparición.  Llegamos a Kaunas, una bella ciudad de estilo imperial rodeada por un gran río. Tiene pinta de hacer mucho frío en invierno por la forma de sus calles y avenidas. Y como no, las sorpresas no dejan de suceder. Esta vez es Roger, el conductor de la otra moto quien nos deja a todos sorprendidos: decide abandonar el raid a las puertas de Rusia.

 

De nuevo en marcha. Esta vez vuelvo a viajar en solitario, aunque con dos coches tras de mi, pero sin nadie al lado. Y para colmo, mi GPS no funciona, próxima escala, superar la frontera rusa, que según nos van contando se va a cerrar, al menos al tráfico europeo. Quizás no lo tengamos tan fácil como creemos, o quizás si…

Os recuerdo que este viaje es para recaudar fondos y escolarizar (a razón de 180 euros) a unos niños en un pueblecito de Ullan Batór, Mongolia. Podéis dejar un donativo por pequeño que os parezca en mi página web: www.aliciasornosa.com

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