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La opinión de
Susana Viñuela

Alemania es como una farmacia

Susana Viñuela

24/09/2011 - 12:25

Una se imagina las ciudades alemanas como farmacias. Urbes impolutas, ordenadas, que digo ordenadas, casi clasificadas, Hans, ponme este árbol a la sección de las 'B' de “Baum” (“árbol”, en alemán), y ya de paso llévate este BMW, que se nos ha colado en la ‘M’ de Mercedes, como se enteren en Stuttgart, nos matan. Y allá que va el Hans de turno, con el árbol y el BMW, a ver cómo se las apaña con las dos cosas, mira, parece que va a decir algo, Señorita, que ya hemos aterrizado. No, no es Hans, es el azafato del avión que me mira con cara de impaciencia. Me incorporo, trato de mantener la poca compostura que la situación me permite y bajo apresurada del avión. Pues nada, a conocer Berlín.

bicis en berlin


En Berlín abundan los aparcamientos para bicis

Achtung, achtung! Fahrrad!“ No, no se están acordando de mi familia; simplemente, me están avisando de que viene una bicicleta. Si se va despistado, es muy fácil que a uno le griten esto por la capital alemana. Mientras me pregunto dónde estarán Hans y sus compañeros, me retiro de lo que, perdón, no me había dado cuenta, es un carril-bici. En las calles de Berlín reina una especie de caos controlado, en el que peatones, bicis y perros conviven en una anarquía armónica. Pero si se hurga un poquito, aparecen reglas. Eso sí, están en alemán y, al principio, cuesta entenderlas.

bici en calle berlinesa

Muchas calles de doble sentido carecen de línea divisoria de carriles

En el centro, la mayoría de las calles de doble sentido (las pequeñas) carecen de línea divisoria de carriles, con lo cual no se sabe si los coches vienen por un lado, por el otro, o por ambos. Los primeros días es normal llevarse más de un pequeño susto, huy, pero si yo creía que por este sentido no venían coches, y viene un trailer de frente. Si a eso le añades la ausencia absoluta de normas en el reino del pedal (no hay que llevar casco, circulan por acera o calzada por igual, los sentidos y las direcciones no están hechas para ellos…), pues una piensa que los de Barajas se han equivocado con el avión (un día pasará, y si no, al tiempo), y en lugar de Alemania aquello es otra cosa. Y resulta que son ambas, es Alemania, y es otra cosa. Otra, con mucho más encanto.

El orden impoluto de los alemanes aquí tiene un carácter muy distinto. Si hasta los peatones cruzan con el semáforo en rojo. Con todo esto, cualquiera pensaría que es una locura siquiera salir a la calle. Para nada. Es una cuestión de habituarse, acostumbrarse, entender las reglas tácitas que ordenan aquello. A pesar de lo que he contado (una es exagerada por defecto), se respira tranquilidad. Los que somos de Madrid (imagino que los de cualquier urbe grande) estamos acostumbrados al estresantísimo tráfico de ciudad. Aquí, en cambio, se vive en un agosto perpetuo: sin pitidos, sin agobios, sin atascos. Y no es una mera cuestión de percepción personal. La tasa de siniestralidad urbana es más baja en Berlín que en Madrid, por poner un ejemplo.


La bicicleta es una solución de movilidad real en algunas ciudades como Berlín

Mi teoría: las calles se descongestionan porque la gente prefiere dar pedales a coger el coche. Menos atascos, menos accidentes, menos contaminación (que nos quedamos sin planeta, señores) y hasta menos gasto. Con este beneficio a cambio, ¿quién no va a ser capaz de acostumbrarse a las manadas de bicicletas? Pues va a ser que otra movilidad es posible. Coches sí, por supuesto. Pero hagamos un uso responsable.

Nota: Sí, ya sé que las cuestecitas que pueblan algunas ciudades se las traen. Pero siempre hay soluciones alternativas. Un dos tres, responda otra vez. ¿He oído bicis con motorcitos eléctricos para los menos deportistas? Se aceptan propuestas.

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Susana Viñuela

Redactora

Comunicando, que es gerundio.

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