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Coche eléctrico

El problema oculto del coche eléctrico que dispara su impacto al medio ambiente

problema oculto del coche eléctrico
Las baterías.

Cuando se habla de vehículos ecológicos se suele poner a los coches eléctricos como paradigma, algo que obedece a que, dado que no usan combustibles fósiles para funcionar, no emiten gases contaminantes. Sin embargo, eso no significa que no tengan impacto en el medio ambiente, puesto que en su proceso de producción sí generan contaminación, especialmente un componente muy concreto que es capital en su funcionamiento: las baterías.

Esta parte es clave en los modelos de “cero emisiones”, por varios motivos, pero principalmente porque es la responsable de conseguir cada vez mayores autonomías y porque es la pieza más cara del su sistema de propulsión, con un precio estimado de unos 5.000 euros, que en ocasiones (como en el Dacia Spring) puede suponer prácticamente un tercio de la tarifa de venta.

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Ahora bien, además es el elemento más contaminante de los eléctricos en su proceso de producción.

En 2017 la media de emisiones era de entre 150 y 200 kilos de CO2 por cada kWh de capacidad, cifra que dos años después, según apuntaba un estudio para la Comisión Europea, se redujo a “solo” 61 – 106 kg/kWh. Teniendo esto como última referencia, se pueden hacer los cálculos sobre cuál ha sido el coste ecológico de fabricar algunas de las baterías recientes, que además se caracterizan por tener cada vez más capacidad:

  • Cupra Born 45 kWh: 2.745 – 4.770 kg de CO2

  • Cupra Born 58 kWh: 3.538 – 6.148 kg de CO2

  • BMW iX 71 kWh: 4.331 – 7.526 kg de CO2

  • BMW iX 105,2 kWh: 6.417 – 11.151 kg de CO2

  • Tesla Model S Plaid 100 kWh: 6.100 – 10.600 kg de CO2

Con esto en mente es posible establecer comparativas con modelos similares de combustión, de los que hay datos de CO2 por kilómetro emitido, para calcular cuánto kilometraje deberían recorrer “contaminando” para equiparar las emisiones de los eléctricos que a priori son “limpios”. Lógicamente, el proceso de producción de un coche de combustión tampoco está exento de emisiones, pero tengamos en cuenta que se trata de algo orientativo.

Pongamos como ejemplo el BMW, comparándolo con el BMW X5, que es algo más pequeño pero de dimensiones similares. Su versión xDrive40 de 326 CV es la que emplea la batería de 71 kWh y es pareja con el X5 xDrive40i de 333 CV, que homologa unas emisiones de 204 – 244 g/km. Poniéndonos en el peor de los casos, para llegar a los 7.526 kilos de CO2 del eléctrico, tendría que recorrer 30.844 kilómetros.

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