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Coches espectaculares: Toyota GT-One de calle

Toyota GT-One

Una rareza de solo dos unidades.

Hoy en día nos sorprendemos al ver auténtico hiperdeportivos homologados para el uso en carretera abierta, aunque luego la mayoría de sus dueños los tenga en el garaje a buen recaudo. Sin embargo, aunque la tendencia parezca haberse acrecentado en los últimos años, ejemplos ha habido desde hace mucho más tiempo. El Toyota GT-One es uno de los más claros y, como hijo de su época que era, el nacimiento de sus versiones de calle obedeció a criterios de homologación.

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Pero empecemos por el principio. Eran finales de los años 90 y donde todas las marcas querían estar en el mundo de la competición era la categoría GT1 de la FIA. Especializados en carrera de resistencia, todos los modelos que en ella participaban tenían como objetivo la corona en las 24 Horas de Le Mans. La apuesta de Toyota para hacerse con el trono recibió el nombre interno de TS020, aunque sería conocido como Toyota GT-One (más adelante se adaptaría a la categoría LMGTP).

Construido con dicho propósito en mente, siguió el habitual mantra de “la forma sigue a la función”, luciendo una silueta típica entre los modelos del campeonato, larga, ancha y muy baja con especial cuidado de la aerodinámica. Su base era un chasis monocasco de fibra de carbono y aluminio, y su motor era un bloque 3.8 de ocho cilindros en ‘V’ con doble turboalimentación que entregaba 600 CV de potencia y 350 Nm. El apartado mecánico lo completaban un sistema de propulsión trasera y una caja de cambios manual de seis velocidades, un combo suficiente para alcanzar hasta los 380 km/h.

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En conjunto, el Toyota GT-One era un coche tan bien desarrollado que aún a pesar de los numerosos problemas que sufrieron en sus dos únicas participaciones en LeMans (1998 y 1999), en la segunda consiguieron quedar segundos en la general y ganar su categoría, la LMGTP.

Eso sí, para poder competir en ella, la FIA exigía ciertos requisitos de homologación, como que el modelo de competición dispusiera de una suerte de espacio que hiciera las funciones de maletero en su versión de calle y, lógicamente, que la marca construyera unas pocas unidades de uso legal en carretera.

En el caso del Toyota GT-One, la marca nipona fue a por el mínimo: solo se fabricaron dos, ambos en posesión del fabricante. Sus cambios respecto a la variante de carreras son mínimos, siendo un auténtico superdeportivo de competición que podía pasearse alegremente por la calle. Mantenía la misma potencia y acelera de 0 a 100 km/h en 3,6 segundos, siendo algunas de las modificaciones más destacadas la suspensión algo más elevada, los dos asientos tapizados en cuero y un puesto de conducción algo más normal.

Ahora Toyota parece haber recogido su propio testigo para producir otro coche de carreras de calle con el GR Super Sport, cuyo prototipo conocimos en el pasado Salón de Tokio y cuya versión de producción no tardará en ver la luz.

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