Comparativa

Comparativa: cuatro pequeños GTi en un circuito de karts

Noelia López

Comparamos cuatro pequeños GTi en un circuito de karts. Mini Cooper S, Vw Polo GTI, Ford Fiesta ST y Peugeot 208 GTi: 792 CV en total y 23 curvas en cada vuelta. Resultado: mucha diversión y un solo ganador. ¿Cuál será?

Metemos a cuatro pequeños GTi en un circuito de karts. Los elegidos son el Mini Cooper S, el VW Polo GTi, el Ford Fiesta ST y el Peugeot 208 GTi. El objetivo: ver cuál es mejor.

Cuando vemos a estos cuatro deportivos pequeños, nos entran unas ganas incontenibles de ponernos al volante y devorar curvas. Cuanto más cerradas... ¡mejor! La pregunta es: ¿Dónde hacerlo?

Como esta comparativa ha tenido lugar en Hamburgo, el lugar perfecto es, sin duda, el circuito de karts Schumacher. Está muy cerca y en su trazado de 1.100 metros hay curvas para aburrir. Es ideal para pasarlo bomba a cielo abierto.

El Mini Cooper S llega con 192 CV, el Volkswagen Polo GTI con la misma potencia; el Ford Fiesta ST200 esconde 200 CV bajo el capó y, por último, el Peugeot 208 GTi eleva su rendimiento hasta los 208 CV. Son máquinas para producir diversión y voy a comprobar cómo se mueven en este circuito tan ratonero. Hablamos, claro, de curvas muy pequeñas y cerradas, de modo que no podrán demostrar todo lo que dan de sí. Pero aquí se trata de averiguar qué coche es más preciso o con cuál podemos apurar más antes de cada curva. 

Normalmente, por el circuito Schumacher circulan pequeños karts con motores de un cilindro y cuatro tiempos, pero estos pequeños deportivos no han tardado en habituarse a este angosto recorrido. En un par de vueltas, estos minibólidos ya se encuentran adaptados al entorno con sus motores de cuatro cilindros y potencias en torno a los 200 CV. Para ser ágiles cuentan con estabilizadoras y suspensiones deportivas y, en el Mini y el Volkswagen, incluso de suspensión ajustable en dureza mediante un botón. 

Ford Fiesta ST200: mucho carácter

Pero arranquemos de una vez. Empezamos con el Ford Fiesta ST: de Sports Technology.

Desde luego esconde mucha deportividad y tecnología bajo su pequeña carrocería. Con un par motor de 290 Nm, ofrece un buen empuje pero no brutal, aunque debajo de las 2.000 vueltas ya tiene preparada una buena reserva de fuerza. 

Al sentarme en el Ford, enseguida siento que voy en un coche con un enfoque deportivo. Los asientos agarran muy bien el cuerpo en las curvas cerradas. La dirección podría ser un poco más comunicativa, pero en general es muy precisa. Del motor, echo en falta un sonido más racing y el manejo del cambio es eficaz, con buen tacto y recorridos cortos.

Lo que no me ha convencido son los frenos. Cuando piso el pedal con energía, lo interpreta como frenada de emergencia. El ABS entra en juego demasiado pronto, esto me obliga a tratar el pedal con suavidad, lo que le resta eficacia. Las curvas, eso sí, las toma con agilidad y tiene un comportamiento bastante neutral: sale de los giros con fuerza y enlaza uno con otro con relativa facilidad.

El coche ofrece una respuesta global muy dinámica e imagino que en un puerto de montaña tiene que ser extremadamente divertido. En el circuito de karting no puedo llevarlo a gran velocidad, pero la forma aplomada con la que hace los cambios de apoyo y la agilidad con la que pasa por las curvas confirman que no tengo que ir a 120 km/h para pasar un buen rato conduciendo. 

VW Polo GTi: ejemplo de equilibrio

Pasamos al GTI alemán. El Polo es rápido, pero menos espectacular en su forma de hacer las cosas. Es un coche cómodo y resulta perfecto para el día a día. Es tan equilibrado que echo de menos algo más de sangre. La dirección es precisa y suficientemente comunicativa. El motor empuja desde muy abajo y, la verdad, es que su respuesta es enérgica. Sube de vueltas con ganas y se nota su generoso par. El diferencial autoblocante de tipo electrónico me permite tomar las curvas con increíble limpieza. ¡Una buena solución!

El Polo incluso me regala un leve deslizamiento de la zaga y me permite jugar con el freno y el acelerador para conseguir la trazada ideal. Todo con una facilidad pasmosa. Lo dicho: le falta espectacularidad, aunque no se puede decir que sea precisamente un coche lento. Es muy equilibrado y su motor turbo de 1,8 litros le da mucho empuje. Además, tiene un sonido atractivo aunque no especialmente deportivo.

La suspensión filtra muy bien en modo Normal y en configuración Sport el chasis adquiere la rigidez necesaria. En carretera abierta es un coche que puede ir muy rápido sin esfuerzo y, sobre todo, sin castigar a sus ocupantes.

Es el GTI perfecto para el día a día.

Pero lo hace todo con discreción, igual que su habitáculo que, aparte de los pedales metálicos y algún detalle rojo, es igual de sobrio que en las versiones normales. Creo que en este segmento hay que ser un poco más arriesgado con el diseño. 

Peugeot 208 GTi: repleto de pasión

El llamativo utilitario francés aparenta lo que es: un deportivo de raza. Los frenos detienen con decisión con solo pisar un poco el pedal, la dirección es muy comunicativa y este GTi pasa por las curvas como un torbellino. Su motor responde como los bloques turbo de la vieja escuela, por eso a bajas vueltas le falta empuje y, en cuanto sube la aguja del cuentarrevoluciones, aparece la patada.

Este coche tiene una dirección muy directa y siempre es eficaz en las curvas. Pero hay que sufrir, en parte, por unos asientos demasiado blandos, que no agarran muy bien el cuerpo. En cambio, es muy divertido de llevar al límite: me obliga a frenar mucho para pedirle toda su fuerza a la salida de las curvas. Este Peugeot responde como un deportivo de gran potencia.

Me gusta su volante tan pequeño, que encaja muy bien con el tacto de la dirección y el grosor del aro es ideal para una conducción decidida. Es una gozada manejarlo en los giros cortos. Si me atengo al corazón, este es mi ganador. Su diseño exterior se corresponde con su carácter y cuando entra en acción el turbo siento su gran empuje. Es como los deportivos turboalimentados de los años ochenta. El 208 GTi es un coche con el carácter radical que uno se espera en esta categoría: ruidoso, con un comportamiento muy vivo... una gozada.

Todo encaja perfectamente con este segmento de pequeños deportivos. Os aseguro que ahora mismo no echo de menos una cómoda berlina. El 208 es una máquina de conducir. Una deportivo que te ofrece mucha diversión y me tiene enganchado con su carácter.

Mini Cooper S: estilo y deportividad

Y paso al Mini Cooper S, que equipa el sistema Dynamic (550 euros) que endurece los amortiguadores y vuelve la dirección más directa. Tengo que decir que me ha parecido más conservador de lo que me esperaba. Es como si le costara más hacer las cosas: acelerar, entrar en las curvas... Además, el cambio no es lo preciso que uno espera en un Mini y me obliga a tantear un poco las inserciones.

Sinceramente, esperaba que tuviera un tacto más de kart y, en general, lo noto más blando y perezoso que sus rivales. Tengo la sensación de llevar un coche pesado y, de hecho, es el que sale perdiendo en la báscula. Pero que todo esto no lleve a confusión, porque el Mini es un coche rápido: tiene un motor de dos litros que empuja muy bien desde abajo, con una entrega de potencia lineal y más refinada que la de los otros tres deportivos. P

or el circuito, en los cambios fuertes de apoyo, pierde un poco la compostura y me obliga a corregir más que en sus rivales. Aparte de estos detalles, el tacto en general es deportivo y, desde luego, es un coche divertido para conducirlo en carreteras de curvas, aunque, comparativamente, le falte algo de eficacia.

Sobre sus rivales, hay que decir que añade un plus de exclusividad y de lifestyle. Está claro que el Mini es un coche que marca tendencia. El diseño, tanto exterior como interior, está hecho para gustar, con un gran cuidado en todos los detalles. Pero en este circuito ha tenido que conformarse con ver los pilotos traseros del Peugeot 208 y el Ford Fiesta. Resulta evidente que el Cooper S no está a la altura en eficacia frente a sus rivales. Tan solo la versión John Cooper Works podría seguir la estela de estos utilitarios GTI, pero hay que tener en cuenta que tiene 231 CV y que su precio se dispara hasta los 32.800 euros.

Nuestro protocolo nos dice que por debajo de la línea de los 30.000 euros, no hay un deportivo pequeño más interesante que el Ford Fiesta ST200. Este coche se ha llevado la victoria por un solo punto frente al excelente Peugeot 208 GTi. Muy cerca se ha quedado el VW Polo GTI.

Imagen de perfil de Noelia López

Redactora de AutoBild.es

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