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Reportaje

Los coches del jeque Hamad Bin Hamdan Al-Nahyan

El desierto vibra. El jeque Hamad Bin Hamdan Al-Nahyan recorre la duna que tiene en el patio de su palacio. Es una área de juegos de arena que se ha construido para los todoterrenos de la corte. Las ruedas traseras del Nissan Patrol levantan nubes de polvo. Delante del portón de madera de roble hay un guardia agarrado a su fusil de asalto.

El desierto vibra. El jeque Hamad Bin Hamdan Al-Nahyan recorre la duna que tiene en el patio de su palacio. Es una área de juegos de arena que se ha construido para los todoterrenos de la corte. Las ruedas traseras del Nissan Patrol levantan nubes de polvo. Delante del portón de madera de roble hay un guardia agarrado a su fusil de asalto.

 

Al-Nahyan es famoso y poderoso. Lo que él dice va a misa. Este hombre de 57 años, casado con la hija de un antiguo presidente de los Emiratos Árabes Unidos, posee 21 casas y palacios en todo el mundo. “Mis propiedades en Australia son diez veces más grandes que el reino de Bahrein”, afirma orgulloso. Sus beneficios y la pompa le alcanzan para vivir sin trabajar.

 

 

Juegos de arena en el interior de palacio

 

 

 

El jeque Hamad Bin Hamdan Al-Nahyan de Abu Dhabi adora los arco iris y todo a una talla más grande. Posee 400 coches, 21 casas, 130 cafeteras y un museo de coches en medio del desierto. AUTO BILD ha echado un vistazo detrás de los muros de palacio

 

 

Colecciona de todo

 

Su residencia principal, en Abu Dhabi, tiene unas 30 habitaciones; el señor de la casa no lo sabe exactamente. Tampoco sabe a ciencia cierta cuántos coches tiene: dice que podrían ser unos 400. “Nunca he vendido un coche. Yo sólo los compro”, explica este amante de los coches que, además, es dueño de una colección de 120 molinillos de café y 130 cafeteras.

 

Pero el negocio del café es tan sólo una afición más; este pensionista se ocupa principalmente de su parque automovilístico. Las piezas más raras brillan en un extraño museo en medio del desierto. Es una pirámide de acero sin ventanas, refrigerada por muchos aparatos de aire acondicionado. Aquí duermen 194 vehículos históricos, unidos de un modo tan arbitrario como los colores del arco iris, símbolo del jeque. Tiene un Mercedes W 140 (Clase S) de 15 años que nunca se ha usado, con el albarán de entrega aún en el parabrisas; y un Trabant que le consiguió un ex piloto suyo alemán; y un taxi neoyorquino.

 

 

El Clase S de colores está reservado para los domingos

 

 

 

El albarán de entrega aún está pegado en el Ford Crown Victoria

 

 

 


Guardados y bien conservados: hitos del pasado sin ningún tipo de electrónica

 

 

Y siete Clase S (W 126) en los colores del arco iris, uno para cada día de la semana. Al-Nahyan los compró con motivo de su boda, hace 23 años. La mujer con la que se casó entonces ya se fue, pero los coloridos coches siguen ahí. Le recuerdan a tiempos mejores. En su mano tiene un iPhone de Apple. “¿Ve? Esto es un aparato innovador, precisamente porque es tan sencillo. En los coches europeos actuales hay demasiada electrónica y demasiados botones. Eso sólo distrae”, comenta.

 

 

Un color del arco iris para cada día de la semana

 

 

Delante del museo hay un Clase S de los años 70 (W 116) sobre ruedas de big-foot. Y más grande aún: un enorme Dodge todoterreno, tan grande como una casa y rematado en el interior como un yate de lujo, con dormitorios, un salón, un baño y una cocina. Carece de motor, por lo que si lo quiere utilizar para una excursión, tiene que remolcarlo un camión. “Con este tipo de vehículos, las empresas petrolíferas han traído el bienestar a nuestro país y yo les he querido erigir un monumento”, explica Al-Nahyan en un perfecto inglés.

 

 

Un monumento sobre ruedas: réplica XXL de un Dodge

 

 

 

 

Dentro de este gigante hay varios dormitorios

 

 

 

Y una cocina

 

 

Una fábrica en la corte

 

Él es un hombre de mundo, que vive en tres continentes, lee AUTO BILD y adora los todoterrenos americanos. Pero desde el 11 de septiembre de 2001 evita ir a la cuna de estos enormes camiones. “La gente es genial, pero el odio del Gobierno americano me molesta”, comenta mientras llama a un sirviente, que viene corriendo. Estaba inmóvil en un lado de la inmensa sala de recepciones, mirando a su jefe por el rabillo del ojo por si necesitara algo.

 

Ahora le trae las llaves de un Ford Crown Victoria que probablemente sea el único en el mundo: en versión de descapotable de cuatro puertas, con 91 km en el cuentakilómetros a los que se suman unos cuantos cientos de metros más. Al-Nahyan vuela por el patio de la recepción haciendo chirriar las ruedas.
El jeque Hamad Bin Hamdan Al-Nahyan manda construir a medida creaciones como ésta en el taller de palacio. Él mismo supervisa el trabajo. Hoy, sus mecánicos están modificando un Land Rover blanco. ¿Y qué va a ser? “Es un secreto”, indica Al-Nahyan.

 

 

 

 

 

Casi listo: la cantina Land Rover delante del Museo del Desierto

 

 

Coches y más coches, ya sean aparcados en el salón, en cuadros o en la cabeza del jeque. De hecho, no para de darle vueltas a la fabricación de coches como industria clave. “Los coches impulsan el mundo. Si no hubiera sido por Henry Ford no habría ningún tipo de economía en el mundo.” Y sobre las crisis del sector del automóvil: “El mundo está lleno de coches, por eso la venta no va bien”, explica el señor de los 400 coches.

 

 

Base ancha: en la entrada del museo espera este Monster-Mercedes

 

 

 

Uno grande y uno pequeño: un International-Truck en el interior del palacio

 

 

Los jeques sólo hablan con jefes

 

Delante de la residencia veraniega de la familia Seddiqi, en Dubai, hay aparcados media docena de Mercedes AMG. En la terraza con vistas al mar, Hassan y Mohammed Seddiqi están en plena negociación sobre la ampliación de su flota. Su vendedor es el jefe de AMG, Volker Mornhinweg. Le gusta visitar a sus clientes más pudientes. “Siempre quieren un nivel superior”, dice. Es decir: a los Seddiqi no les vale un Mercedes ‘normal’. Al final, el jefe de AMG se va triunfante: les ha vendido un G55 y un C63. Otras marcas de lujo también prefieren la atención personal. Rolls-Royce bloquea determinadas combinaciones de equipamiento para que el coche siga siendo único. Armin Weber, vendedor VIP de Audi, suele visitar a sus clientes en palacio. Una de las hijas del rey de Bahrein le pidió un A8 color rosa. “La gente quiere algo exclusivo”, comenta. En el Salón de Dubai surgió una improvisada sesión de subastas por el prototipo Audi A7 V12 TDI. Oferta actual: un millón de euros.

 

 

Fans de AMG: H. y M. Seddiqi

 

 

 

El jeque Hamad Bin Hamdan Al-Nahyan atendido por un vendedor VIP de Audi

 

 

 

 

Los Seddiqi en un Maybach Landaulet en el Salón de Dubai

 

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