Reportaje

Diferencias entre un coche híbrido y un híbrido enchufable

Diferencias entre un coche híbrido y un híbrido enchufable

Nacho de Haro

19/05/2017 - 12:22

¿Sabes qué diferencias hay entre un coche híbrido e híbrido enchufable? A grandes rasgos ambas clases de sistemas de propulsión son muy similares, la principal diferencia radica en la capacidad energética de sus baterías y en la potencia de sus motores eléctricos, lo que condiciona tanto su autonomía y velocidad en modo eléctrico como el procedimiento para recargarlos. En este artículo te contamos todo lo que debes saber.

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¿Sabes cuáles son las diferencias entre un coche híbrido e híbrido enchufable? En este artículo te explicamos todo los que debes saber para entender cómo funcionan estos dos sistemas de propulsión y comprendas así cuáles son las características de uno y otro. Y es algo importante, porque las listas de ventas demuestran que esta clase de automóviles cada vez gozan de mayor popularidad. Y esta tendencia no va a cambiar, de hecho, se espera que durante los próximos años sus matriculaciones crezcan considerablemente como consecuencia del endurecimiento de las normativas anticontaminación.

Porque al hacer más estrictos los límites de emisiones, los motores diésel (que son los que copan la mayor parte de las ventas en la actualidad) cada vez lo tendrán más complicado para cumplir con la legalidad y esto provocará que se encarezcan considerablemente, todo para compensar los altos costes de desarrollo de las tecnologías necesarias para que reduzcan la polución. Así que ahora más que nunca es importante saber en qué se diferencian los híbridos y los híbridos enchufables, porque antes de lo que imaginas podrías acabar planteándote la compra de uno de estos vehículos.

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Tanto los coches híbridos como los híbridos enchufables son vehículos que cuentan con un motor de combustión interna (que puede ser diésel o de gasolina, aunque estos últimos son los más extendidos) y con uno o varios motores eléctricos, además de la correspondiente batería para alimentarlos. Esa es la definición genérica, pero cuando profundizamos un poco más es cuando empiezan a surgir las diferencias.

En un vehículo híbrido convencional el que realiza el trabajo la mayor parte del tiempo es el motor de combustión, elemento que en ocasiones y en función de la carga de la batería, puede recibir el apoyo del propulsor eléctrico. Al ser el motor eléctrico más eficiente energéticamente hablando y al aprovechar la energía que se pierde al decelerar para recargar la batería, son vehículos que son capaces de lograr un ahorro importante en el gasto de combustible en comparación con un turismo tradicional, especialmente en zonas urbanas. A altas velocidades ese ahorro desaparece, entre otras cosas, porque sus baterías no son lo suficientemente grandes como para proporcionar apoyo durante periodos de tiempo prolongados.

Algunos híbridos, como los de Toyota, son capaces de circular en modo 100% eléctrico durante unos pocos kilómetros. Pero para eso deben darse una serie de condiciones, como por ejemplo, que la batería tenga carga suficiente, que no demandemos mucha capacidad de aceleración o que no queramos sobrepasar el límite de velocidad hasta el que puede funcionar en modo eléctrico. Porque a diferencia de los híbridos enchufables, en un vehículo híbrido normal no puedes cargar la batería conectándolo a la red eléctrica, siempre dependerás de la energía que recuperes en las frenadas o del propio motor de combustión (que conectado al eléctrico, hace que este actúe como un generador para producir energía).

Los vehículo híbridos enchufables o PHEV (de ‘Plug-in Hybrid Electric Vehicle’) se desmarcan de los coches híbridos en los siguientes aspectos. Para empezar, tienen motores eléctricos más potentes, por lo que estos no solo proporcionan mayor capacidad de aceleración, es que además les permiten alcanzar velocidades muy superiores. A esto hay que sumar el hecho de que poseen baterías con mayor capacidad, por lo que pueden recorrer muchos más kilómetros en modo eléctrico y sin contaminar. Pero claro, como son más grandes las fuentes de alimentación, estas ya no se pueden cargar usando únicamente el motor de combustión o la energía recuperada en las frenadas (se puede hacer, pero no es lo más eficiente), por lo que es necesario conectarlos a la red.

Un aspecto que hay que tener muy en cuenta si estás mirando qué coche comprar y dudas entre un híbrido o un híbrido enchufable es el referente al consumo de carburante. Según lo explicado anteriormente, un híbrido tradicional no necesita fuentes externas para cargar sus baterías, por lo que el dato de consumo homologado que da el fabricante es más preciso. En uno enchufable, sin embargo, la cifra de gasto oficial (que generalmente suele ser una muy llamativa, como los 1,7 l/100km que anuncia el Mitsubishi Outlander PHEV) no tiene en cuenta la energía que previamente has introducido en la batería.

Me explico. Para lograr esa media tan baja (y no digo solo la del Mitsubishi, la de cualquier otro híbrido enchufable: BMW 330e, Volkswagen Golf GTE, Volvo XC90 T8 Twin Engine…) deberás tener cargadas las baterías al 100%. Y dado que la autonomía en modo eléctrico es limitada y que no son capaces de recuperar la carga por completo sin ayuda de fuentes externas, es un dato que solo sería válido para los primeros 100 kilómetros recorridos. A partir de ese punto todos, sin excepción, incrementan su consumo considerablemente.

¿Qué sentido tiene entonces un automóvil híbrido enchufable? Pues mucho, porque la mayoría de conductores rara vez recorre más de 100 km en sus desplazamientos diarios, por lo que tienen la oportunidad durante la noche o durante el tiempo en el que el vehículo esté parado de cargar la batería. En esa situación son casi tan eficientes como los coches eléctricos normales, ya que si por ejemplo a diario recorres unos 40 km, con un BMW 530e iPerformance o con un Audi Q7 3.0 TDI e-tron podrías completar el recorrido sin gastar ni una sola gota de carburante. Y si el fin de semana quieres realizar una escapada a la playa, puedes hacerlo sin problemas, ya que cuando se agote la carga y a diferencia de un eléctrico puro, tienes a tu disposición un motor de combustión que te permitirá continuar la marcha, siendo menos eficiente, pero sin tener que parar.

Ignacio de Haro

Colaborador

Apasionado del mundo de las cuatro ruedas.

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