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Reportaje

¡Elvis vive!

...en el BMW 507 que se dejó en Hesse (Alemania). Hace 50 años, Elvis Presley allí para dar un concierto, sino para hacer mili. Y no lo hizo en un Cadillac, precisamente. Hemos seguido la huella de sus neumáticos para encontrar aquel flamante ‘roadster’ y, de paso, la otra cara del rey del rock and roll

Elvis Presley dejó su impronta en Alemania, donde fue a hacer el servicio militar. Estuvo en un lugar llamado Bad Neuheim, aunque se podría conocer como la ‘Ciudad Elvis’. Hay un bar en el que alguien ha dejado un “with all my love forever” (‘con todo mi amor, para siempre’) pegado con papel celo junto a medio cigarrillo para el rey.

 

Si uno va preguntando al azar a personas con cierta edad, los recuerdos de Elvis Aaron Presley afloran por todas partes. Por ejemplo, para Rita Issberner-Haldane, de 85 años, “Elvis, era un joven muy educado.”

 

Pero esa ciudad también debería ser un sitio de culto en el corazón de todos los amantes de los coches, porque la música del rey del rock and roll sigue sonando, al menos, bajo el capó de un BMW 507 blanco, con el que el cantante se recorría Bad Nauheim en dirección a Friedberg, donde hizo el servicio militar desde octubre de 1958 a marzo de 1960.

 

BMW 507 de Elvis Presley en Alemania

 

Es curioso que la megaestrella siga siendo recordada en la zona por su modestia, su simpática timidez. También por su BMW. Pero, ¿dónde está actualmente ese coche? ¿Sigue vivo?

 

Toc, toc... Rita Issberner-Haldane abre la pesada puerta de la casa de 1888 que hasta el año pasado fue el Hotel Grunewald, en la Plaza Elvis. “Habitación 10, segundo piso”, dice de mala gana. Ahí es donde vivió Elvis cuando dejó el Hotel Park. No fueron ni seis meses, pero ha sido el tiempo suficiente como para dejar huella. “Era muy tímido, aunque en nuestra casa se sentía bien”. Entonces, el hotel no era de Rita, pero ella estaba ahí cuando venía por la noche de la mili y aparcaba en el camino de gravilla. “Se sentaba en el sofá y hablaba de todo. Yo no seguía mucho la conversación por mi mal inglés. El cantante se mudó cuando sus guardaespaldas, que vivían en las habitaciones 14, 15 y 17, armaron jaleo. Le dio vergüenza, él era así.”

 

Su nueva residencia y la de todo su séquito fue una casa próxima en el número 14 de la calle Goethe. Ahí vivió el “soldado más famoso del mundo” con su padre Vernon, su abuela Minnie Mae y sus amigos.

 

Todas las noches había cientos de fans frente a su casa. Elisabeth Stefaniak, a la que Elvis conoció estando de maniobras y nombró su secretaria, institucionalizó una firma de autógrafos todos los días, de siete y media a ocho. La vecina de al lado era Angelika Springauf, Angela (como Elvis solía llamarla para no trabarse la lengua intentando pronunciar su nombre). A sus 14 años, de pronto se enteró de que su ídolo se había trasladado al barrio. “Esperábamos en la calle, delante de su casa, y entonces llegaba él en un precioso deportivo blanco.” Casi medio siglo después, sigue quedando con sus amigas “donde Elvis.”

 

Y es que no todo el mundo puede contar tantas anécdotas seguidas sobre la estrella del rock más grande de todos los tiempos ni de uno de los roadster más legendarios de la historia: el BMW 507. “Yo iba a su casa con mi tocadiscos a pilas. Entonces él miraba los vinilos, y ponía uno. A veces salía por la noche sobre las nueve y media sólo para charlar. Con los chicos hablaba mucho sobre cómo lavar correctamente el coche”, recuerda riendo. “La verdad es que ese BMW blanco hoy es una parte de... ¡es Elvis! Las chicas lo pintarrajeaban con su pintalabios, escribían mensajes de amor y sus números de teléfono. Hasta que un día él se hartó y lo mandó pintar, eso sí, de rojo carmín.” A las chicas que vivían en Friedberg a veces les daba una vuelta en su deportivo.

 

Pero la estrella no sólo recibía opiniones de las féminas. En 1958, la publicación para soldados alemanes ‘Deutsche Soldatenzeitung’ apeló a que se quitara “las patillas y esa cola de pato que tenía sobre la frente”. Así pues, Karl-Heinz Stein -que era de su misma edad- tuvo el honor de ser el único peluquero al que Presley dejó tocar su cabeza. Hoy, a sus 73 años, tiene un pequeño museo privado dedicado a Elvis, pero el mechón de pelo que guardaba lo acabó regalando.

 

“El corte costaba 35 céntimos, aunque me solía dar un dólar. Yo había cortado el pelo a los soldados americanos siempre igual, pero él podía llevarlo tres o cuatro centímetros más largo”. La silla en la que el rey se quedó por primera vez sin tupé, “el 9 de octubre de 1958, creo”, se conserva ahora en la Casa de la Historia de Bonn. ¿Y era cierto que el rey era tan presumido que se retocaba el look un par de veces por semana? “¡Tonterías!” Contesta Stein un poco enfadado con la historia.

 

A sus 80 años, Mickey Bohnacker, se mira a sí mismo en el espejo de el rey y de su coche. Su estatura es de 1,52 metros, exactamente 26 centímetros más que el BMW. Él se autodefine como “el rey ... de Liliput.” En los años 50 era fotógrafo en Francfort cuando el periódico Army Times solicitó sus servicios, Mickey estaba tan cerca de Elvis como ninguna otra persona. “Me iba a la calle Goethe, llamaba a la puerta y Elvis preguntaba: “¿Quién es?” Luego, cuando su padre le decía que era yo, él gritaba: “¡Que pase! Sácale un Bourbon y una Coca-Cola. Yo salgo enseguida”.

 

Cuando Mickey escuchaba la melodía del BMW 507 próxima a su casa, se ponía un traje parecido a un uniforme de Ralph Lauren, con la bandera de los Estados Unidos en su pecho. Sobre él, a modo de protección, se enfundaba un chándal azul de talla infantil y, en el cuello, un pañuelo del regimiento de Elvis Presley, regalo de el propio Rey.

 

“Fui el único alemán que podía entrar y salir del cuartel cuando quería y también estuvimos muchas veces juntos escuchando jazz”, recuerda Mickey. “Él iba por delante con su BMW 507 y yo le seguía en mi Porsche 365 de 1.100 cc.” Juntos veían a Dizzy Gillespie, Chet Baker... Fueron tiempos inolvidables. ¿Que cómo recuerdo a Elvis? Simpático. ¡Y le dejaban salir del cuartel!”.

 

De nuevo, hay unanimidad. Si la huella de neumáticos del BMW 507 sigue siendo profunda en el asfalto de la zona, aún lo es más la que la personalidad de Elvis dejó entre quienes le conocieron en Alemania. Sólo Christian Müller le ha cogido un poco de manía. Y es que lleva viviendo en la calle Goethe desde 1976, soportando a los fans de Elvis gritando y llamando a su puerta. Cuando los Müller se instalaron, su hijo quiso vender las baldosas del cuarto de baño de Elvis por un marco alemán cada una. Nadie las quiso y acabó tirándolas a la basura.

 

 

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