Prueba

Renault Clio RS Gordini, un coche para el recuerdo

David López

05/03/2012 - 11:07

El Renault Clio RS Gordini utiliza un motor atmosférico de 200 CV para ofrecer unas sensaciones muy deportivas. No es un utilitario deportivo. Es EL utilitario deportivo

Despídete de una época en la que la potencia llegaba a base de revoluciones. ¿Par máximo a solo 2.000 vueltas? ¡Pamplinas para el Renault Clio RS Gordini! El deportivo francés mira con superioridad hacia un tiempo donde el Renault Clio 16 Válvulas se daba de tortas con un maduro Peugeot 205 GTI o el flamante Citroën Saxo VTS. Tiempos bonitos, pero pasados: si puedes, hazte con una foto para recordarlo... Porque volvamos a 2012. En pleno auge de los turbos, solo el Suzuki Swift Sport y Renault apuestan por los molinillos (como ejemplo, tienes el Renault Twingo RS).

En este momento recuerdo uno de los Renault que más me han enamorado en las últimas pruebas. No, no ha sido el Vel Satis, sino el Renault Mégane R26.R, una verdadera máquina de circuitos (vídeo Renault Mégane R26.R contra el Ford Focus RS). Pero ahora estoy en el circuito del Jarama y mi objetivo es no bajar de las 4.000 vueltas. Me acomodo en sus asientos de piel, tengo el corazón a mil... Y lo que veo no me deja frío, pero sí templado. Solo me dice que estoy en el modelo más deportivo por el pomo de aluminio, material que aparece también en los pedales, el tapizado del volante y la esfera del cuentarrevoluciones con el fondo blanco (lo que añade algo de calor).

También una zona roja que empieza más allá de las 7.500 vueltas. Poco más. Donde sí hay diferencias, aunque no se ven a primera vista, es en el esquema de suspensiones delantero, que es distinto al del resto de la gama. Si monta chasis Cup (610 euros) la cosa cambia más. Yo te lo recomiendo si quieres un coche más deportivo y estás dispuesto a renunciar a un poco de comodidad en favor de ganar mayor dinamismo.

Salgo del ‘pit-lane’, piso a fondo y el Renault Clio RS Gordini avanza con avidez hacia la pista casi a final de recta, en una levísima curva que lleva el nombre de Nuvolari. Giro a derechas en Fangio, la curva 1. Para variar, voy más rápido de lo que debería. El Gordini hace lo que puede, pero acaba subvirando levemente: quito dirección (que para circuito es perfecta, pero para el día a día me parece un poco dura), levanto un poco el acelerador y todo vuelve a su sitio. Una vez solventado, enfilo a mi curva favorita: Varzi. Es una rápida a derechas a la que cogí el vicio hace años cuando daba unas vueltas con un monoplaza BMW de la escuela de Emilio de Villota. De aquel día me llevé una máxima que nuca he olvidado: “Varzi, cuarta a fondo” Y así lo hago, pero en tercera. La aguja de las revoluciones llega a las 7.000 vueltas y oigo un pitido: es el momento de subir a cuarta. El Clio RS Gordini rebota sobre el piano, pero vuelve al asfalto asentado. A toda velocidad encaro Le Mans, un curvón a izquierda en el que freno muy tarde para coger el radio exterior y prepararme para la contracurva.

El chasis Cup ni rechista: no balancea ni cabecea. Tengo la sensación de que el eje trasero seguiría al delantero al mismo infierno, así que sigo pisando hasta que empiezo a bajar hacia Bugatti. No sé qué demonios tiene, pero me pone los pelos de punta, así que decido levantar el pie en pleno apoyo y la trasera se desliza ligeramente. Nada grave, pero es un fallo de principiante. En carretera abierta, con el ESP activado, posiblemente no lo hubiera ni notado. Aún afectado por mi último uyuyuy, me paso de frenada en Pegio, una a izquierdas que enfila la subida hacia Monza. El equipo de frenos Brembo aguanta estoicamente, el ABS entra lo justo y el eje delantero de nuevo me ayuda. Si tuviera autoblocante le pondría las cosas difíciles al Renault Mégane R26.R.

De nuevo a fondo. Segunda, pitido a casi 7.500 rpm, tercera, pitido... frenada y una de las trazadas que más se me atragantan. Aguanto gas, los Continental Contisport Contact 3 chirrían, estoy a punto de subvirar y me lanzo a por una recta antes de la curva del Túnel, que es la última del Jarama. Tercera, cuarta... A partir de 4.500 rpm el dos litros cambia de carácter: sube con más rabia aún. Piso a fondo. Me escupe hacia fuera, pero consigo seguir en lo negro. Tengo la recta ante mí, así que me centro en pisar a fondo. Piso tan fuerte que rozo el radiador con el dedo gordo. Rozo los 200 km/h, pero toca frenar. De nuevo me esperan Nuvolari y Fangio...

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