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Prueba Triumph Street Cup: una 900 retro para disfrutar

Rodrigo Fersainz

20/02/2017 - 15:17

En esta prueba de la Triumph Street Cup te traemos una 900 retro con la que disfrutar en cada uno de tus desplazamientos, tanto si eres de los que quiere una moto para ir con una sonrisa a trabajar como si te gusta presumir de montura en cada quedada motera de fin de semana.

Que sí, que lo vintage, retro, heritage, revival -y los mil sinónimos que se te ocurran- está de moda. Pero para apuntarse a ese carro con dignididad y éxito hay que saber hacer las cosas bien. Y, por desgracia, no todos los fabricantes están lanzando modelos que equilibren adecuadamente la estética con las sensaciones de pilotaje. Y en esta prueba de la nueva Triumph Street Cup, aunque no es barata, lo primero que es justo reconocer es que te dejará un buenísimo sabor de boca en todos los aspectos. 

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La firma británica podría vivir de las rentas y haber desarrollado un vehículo de puro postureo en el que sus famosas letras sobre el depósito hubieran hecho más de la mitad. Pero ojo, que si en ella hasta el logo es de calidad, imagina los materiales empleados, sus acabados, su comportamiento... Sí: en efecto, a esta motocicleta de prestaciones -y, sobre todo, de presaciones- le gusta comenzar con buen pie desde el mismo momento en el que te sientas en ella.

Triumph Street Cup acción

Antes de nada, debes tener en cuenta que la postura de conducción requiere ir un poco echado hacia adelante, pero no se lo puedes reprochar en absoluto a una montura que pretende ser 'café racer' auténtica, algo más que una Triumph Boneville picantona. Es más: incluso para alguien alto como yo, esta configuración se agradece mucho en el momento de exprimir su mecánica en carretera fuera de los corsés urbanos, puesto que puedes desplazar el cuerpo hacia atrás para ganar en aerodinámica (hasta la cúpula delantera protege algo en caso de que el frío te sorprenda) y tienes espacio de sobra, incluso, sin quitar el colín (con llave Allen) que cubre la plaza trasera. El acabado del asiento es también muy bueno; sin embargo ten en cuenta que resulta demasiado deslizante si llevas pantalones impermeables para el frío y la lluvia.

Contacto y a disfrutar

Una vez encima, el motor suena bonito y redondo desde que giras la llave de contacto y sus dos cilindros paralelos empiezan a prometer diversión. En el puño izquierdo de su sencilla botonería, puedes manejar el menú del display con un solo mando: contadores parciales y total, ABS desconectable -está lloviznando, así que los experimentos, otro día-, consumo...

La autonomía y el aforador están siempre disponibles en el lado derecho, lo que reconforta mucho, teniendo en cuenta que sería un crimen hacer ecoconducción en esta montura y, por otro lado, estamos hartos de subirnos a neoclásicas sin esta información -y en la que las buenas sensaciones se te amargan en cuanto aparece la luz naranja de la reserva, así de sopetón.

Triumph Street Cup Tapón depósito combustible

Lo cierto es que el consumo de esta preciosa naked no es desorbitado (unos 4,9 litros con una conducción normal) ni la autonomía te deja vendido antes de lo previsto, si bien son 12 litros de depósito que tampoco te deja demasiado margen.

Cuando giras el acelerador electrónico de la nueva Triumph Street Cup, la suavidad por prescindir de cables no desmerece la sensación de empuje, porque el motor tiene unos buenos bajos que acompaña con la vibración y el sonido justos para transmitir alegrías sin llegar a incomodar ni en el plano puramente acústico ni en el confort de marcha. Buena culpa de esto lo tienen sus exclusivos escapes. 

Triumph Street Cup motor

El desarrollo de las marchas está bien estudiado para que no te deje mal sabor de boca ni en el día a día para ir al trabajo ni en las escapadas de fin de semana. El cambio es muy correcto y la verdad es que, aunque la fuerza de la costumbre te lleve a engranar una sexta velocidad inexistente, dinámicamente no le hace ninguna falta. De hecho, la quinta permite alcanzar fuera de vía pública su velocidad máxima (180 km/h) sin que percibas que el conjunto se va a desintegrar. 

Antes de salir de la ciudad, notarás que esta preciosa motocicleta rompecuellos (de los demás, porque todo el mundo se queda mirándola antes o después de percatarse de su bello estruendo) es muy ágil y cómoda también para las gestiones diarias, si bien sus espejos son un arma de doble filo: están muy bien estudiados en cuanto a visibilidad -que, a priori, es lo más importante-, pero al estar tan alejados del centro del manillar, descubrirás con cierta frustración que este detalle tan adecuado en carretera hace que la anchura total del vehículo sea excesiva para colarte entre el tráfico. 

Ro(n)dando los límites

Volviendo a todas las bondades y a territorio alejado de la urbe, van pasando los kilómetros y me voy confiando más y más. Toca ahora salir a carretera de montaña. y, aunque ya tengo marcada a fuego la casilla de "me gusta mucho esta moto" en esta prueba, quiero acercarme un poco más a los límites. Es ahí cuando la suspensión trasera te empieza a recordar que no estás sobre una 'R', al igual que los frenos, que cumplen más que de sobra incluso en una conducción alegre, pero tampoco es que se 'claven' en caso de necesidad. El embrague -anti rebote- tampoco es el ideal si buscas un tacto muy deportivo y preciso en grandes reducciones. Aunque las manetas son regulables en cuatro posiciones, hay que abrir mucho la mano para que engrane cada marcha y el tacto, en ese momento, es tan suave que puede restarte un poco de confianza. 

Respecto a otras 900 de la competencia

A cambio, esa suavidad en los tres elementos descritos -suspensión, frenada y embrague- permite catalogar la Triumph Street Cup como una moto fácil y agradecida en un uso normal. La postura de conducción es más recogida que en su hermana Triumph Street Twin, por ejemplo. Y a pesar de su rotundo motor, el conjunto es bastante neutral de comportamiento -sin las inercias propias de los cilindros en V de la Moto-Guzzi V9 que tanto gustan a sus fans- ni el nervio o la brusquedad que los amantes de la marca italiana agradecen tanto en la Ducati Scrambler-. A su vez, para lo bueno o para lo malo -juzga tú-, su comportamiento es menos afinado que el de la Yamaha XSR 900, en favor de las sensaciones neorretro desde el minuto uno. Y por seguir comparando con otras monturas con apellidos similares -aunque el motor sea mucho máyor, es algo más ligera y asequible -sobre todo, si vienes del permiso A2, porque la Street Cup es limitable- en precio y conducción que la BMW R NineT Scrambler 

Lo mejor: diseño, prestaciones, sensaciones, sonido, vibraciones, colores, ABS, opciones de personalización.

Lo peor: material del asiento, anchura de los retrovisores para uso urbano, suspensión y frenada algo justas para una conducción deportiva.

Equipación: casco Axo Blade, chaqueta Axo Madison, pantalón Axo, guantes Hevik Stoccolma. 

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Rodrigo Fersainz

Redactor jefe de Reportajes, Competición y Motos

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