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Prueba: Skoda Spaceback Scout

Rebeca Álvarez

02/08/2016 - 13:02

Porque el Skoda Spaceback Scout, aunque no sea un SUV, lo quiere parecer. Y aunque su cuerpo pide tierra, caminos sí, pero fáciles. Aquí tienes la prueba...

Sigue la fiebre SUV. Y parece que por mucho tiempo. Por eso, las marcas se afanan en presentar nuevos modelos en este segmento que, dicho sea de paso, basa en su polivalencia el éxito de ventas que está cosechando en todo el mundo, incluido España. Y hay muchos modelos que, aunque no tengan algunas de sus principales características, se sirven de algunos aditamentos estéticos para, por lo menos, parecerlos. Es el caso de nuestro protagonista, el Skoda Spaceback Scout, un familiar al que este nivel de acabado le dota de una estética campera que no deja de tener su atractivo.

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Porque, por ejemplo, los protectores metálicos de bajos delante y detrás le dan un aire mucho más desenfadado y, quieras que no, pueden serte útiles para proteger esas zonas en caso de meterlo por caminos. ¿Caminos? ¿Qué caminos? Pues deben ser muy fáciles, porque ni la altura al suelo se ha aumentado respecto a un Skoda Spaceback normal, ni se le ha dotado de una mísera tracción integral. Por eso, facilitos... y secos, por favor. 

Como en el mundo de los rallys, estos tramos de tierra deberían ser tramos de enlace, ya que el grueso de su campo de acción es, o por lo menos debería ser, el asfalto. Y es que es en este terreno donde más vas a disfrutar del Skoda Spaceback Scout, por muchos protectores y mucha estética crossover que tenga. Para empezar, por su motor. Un 1.6 TDI que reemplaza al anterior de 105 CV y que ahora ofrece 116 CV, pero sobre todo, mayor elasticidad. Tanta que es lo que más me ha gustado de este Skoda. Tiene muy buenos bajos, y ya desde solo 1.500 rpm responde dignamente, sobre todo en segunda y tercera velocidad, y llegando hasta las 4.500 rpm sin agujeros o tirones incómodos.

Eso sí, su caja de cambios manual de cinco velocidades, a pesar de que sea deliciosa de manejar, se queda algo corta y ya que este motor busca elasticidad y consumos contenidos, no le hubiera venido nada mal una sexta relación. Y es que en quinta, a 120 km/h circulas a 2.300 rpm, algo por encima de otros rivales con similares potencias.

Con eso, el consumo podría ser mejor, pero ya es lo suficientemente bueno. En esta prueba, en condiciones reales, su gasto medio ha estado por debajo de los seis litros, una muy buena cifra. ¿Podría reducir medio litro cada 100 km? Pues con esa sexta velocidad seguramente, pero eso te obligaría a reducir más que ahora y yo prefiero el comportamiento que demuestra en cualquier marcha.

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Respecto a su dinámica, es obvio que no hablamos de un deportivo y que en los rápidos cambios de trayectoria, el pasaje sufrirá de algún que otro balanceo mareante. Pero precisamente por esa amortiguación a medio camino entre dureza y contención, también los pasajeros se mostrarán más tranquilos si circulas por terrenos algo rotos. 

Y si hablamos de su habitáculo, está muy bien aprovechado para las medidas exteriores que ofrece (4,30 m de longitud), a excepción de un voluminoso túnel de la transmisión que incomodará mucho al hipotético y temporal pasajero trasero central. Leves defectos que no empañan su sencillez y practicidad general.

Conclusión

Sé que no es muy normal empezar la conclusión con este titular, pero es que es muy importante tenerlos en cuenta si este Spaceback te gusta. Por ejemplo, este motor, 1.6 TDI de 116 CV, tiene un 'descuentazo' de más de 6.000 euros, con lo que el precio final se queda en 16.820 euros, un precio que sí te puede hacer pensar en comprarlo. Con un motor que es una delicia por respuesta y consumo, junto a una estética campera y la versatilidad de su carrocería familiar puede resolverte la papeleta si buscas un coche sencillo y, sobre todo, útil. 

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