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Prueba: Rolls-Royce Wraith/Ghost Black Badge

Luis Meyer

03/08/2016 - 14:53

Son ediciones muy especiales de Rolls-Royce: las Black Badge. Más deportivas en su comportamiento y en su diseño, todo en negro, y con el carbono y el aluminio sustituyendo a la madera en el interior. En esta prueba de los Rolls-Royce Wraith/Ghost Black Badge comprobamos por qué son modelos únicos.

Black Badge es el alter ego deportivo y aún más exclusivo de Rolls-Royce. Más oscuro, más directo, más poderoso. Lo comprobamos al volante de dos modelos con esta denominación: Prueba: Rolls-Royce Wraith/Ghost Black Badge.

Son los Rolls-Royce Ghost y Wraith, y se diferencian por su parrilla negra, su silueta negra en general, las llantas de carbono y sus dos escapes negros.

Dentro, los ojos se van enseguida al salpicadero en carbono y aluminio, con sus partes lacadas pulidas a mano durante 72 horas. 

Los modelos Black Badge, gracias a una reprogramación del software, se convierten en los Rolls-Royce más potentes del mundo. En el Wraith el par motor sube en 70 Nm hasta los 870, con 632 CV. En el Ghost son 612 CV y 840 Nm, proyectados a las ruedas traseras. 

Hablamos de moles de más de cinco metros de largo y 2,5 toneladas, que aun así logran, en estas versiones, un dinamismo sorprendente. La dirección sigue siendo suave, pero ahora tiene una respuesta claramente más directa. El ajuste de los amortiguadores va orientado ahora a más eficacia, sin perjudicar por ello el típico confort o el silencio de marcha de Rolls-Royce. Se nota al acelerar y al frenar, momentos en que el eje delantero responde con mucha más firmeza y no da esa sensación de apuntar al cielo o incrustarse contra el asfalto de los modelos originales.

Rolls

El cambio automático de ocho velocidades tiene un ajuste viajero, pero se puede apretar el nuevo botón "Low" y entonces cada marcha se mantiene más tiempo, así como las revoluciones, y la respuesta al acelerador es más instantánea. Las sensaciones al volante son muy deportivas.

El responsable de los motores del equipo Black Badge nos cuenta: "Lo que no varía es que un Rolls-Royce debe ser siempre un Rolls-Royce. Añade, eso sí, dosis de deportividad". No cabe duda de que estos modelos tan especiales no estarán destinados a chóferes. Serán sus afortunados propietarios quienes querrán disfrutarlos al volante.

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