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Prueba: Harley-Davidson Iron 883 2017. Básica y apetecible

Rodrigo Fersainz

31/05/2017 - 16:24

Probamos la renovada Harley-Davidson Iron 883 de 2017, una moto tan básica como apetecible para los que buscan disfrutar cada kilómetro con el encanto más genuino del legendario fabricante americano. ¿Una moto para iniciarse en el mundo custom? ¿O se basta y se sobra para que sea tu montura definitiva la puedas usar por todas partes?

¿"Es la de este año? ¿la vas a arrancar? ¿Me haces una foto con ella?". Cualquier Harley evoca leyenda, estilo de vida, prestigio, sensaciones y diversión, tanto para quien la conduce como para quienes no. Y puedo asegurar que, aun tratándose de uno de los modelos más básicos de toda la gama, tampoco esta deja indiferente a nadie, incluso antes de hacer despertar sobre la acera su contundente motor V-Twin (de los mismos centímetros cúbicos a los que remite su nombre) con la llave en el bolsillo, meter sin miramientos un pisotón a la palanca de cambios y sumar kilómetros en una agradable tarde de primavera. Así es la moto de esta prueba, la siempre 'agradecida' Harley-Davidson Iron 883, que en 2017 ha recibido algunos retoques que, sin ser imprescindibles, la hacen aún más interesante.

A pesar de su aspecto y su posición dentro del catálogo Harley, esta motocicleta te ofrece, desde que ocupas su asiento monoplaza, un montón de cosas. Pero, sencillamente, todo lo demás lo pones tú.

Y no es literatura, porque esta nueva Iron de 2017 ha sido actualizada lo justo en cuanto a colores, suspensiones (ahora, regulables detrás), afinamiento de motor... Pero poco más, pues el mítico fabricante americano la concibe como la moto. Punto. Para que no te compliques la vida ni al comprarla ni al conducirla.

¿Que puede ser el principio de una gran y cara amistad con el mundo de la personalización? Claro, ¡es una Harley! Pero después de reenamorarme de ella por carreteras secundarias, autopistas, puertos de montaña y atascos de ciudad, soy de los que piensa que tampoco es estrictamente necesario empezar a gastar dinero para que te diga algo: se trata de una montura bonita y muy fácil de pilotar por configuración, peso y dimensiones.

En marcha

Cuando tienes entre las piernas -mal que suene- una máquina que combina tradición y última tecnología, suceden cosas extrañas. Aquí, Harley ha desarrollado una suerte de llavero redondeado que te permite arrancar la moto con sólo pulsar el botón en el lado derecho del manillar, sin sacarlo del bolsillo. Pero esta comodidad pierde su sentido cuando el bloqueo de la dirección se sigue llevando a cabo mediante una pequeña llave al uso, así que no te libras de usar todo el conjunto.

Detalles aparte, hay que reconocer que las vibraciones son contundentes, pero al ralentí no resultan excesivas, ni para tu garaje ni cuando te paras en un semáforo y llevas un casco abierto como el Givi de esta prueba.

Harley Iron 883

Oda a la simplicidad. Así es una de las Harley más manejables del mercado, con elementos sencillos pero de calidad. 

La postura de conducción no es nada forzada y el asiento monoplaza que viene de serie resulta relativamente cómodo. Esta sensación, una vez en marcha, se acentuará gracias a sus nuevas suspensiones regulables.

Arranco. Suelto embrague y engrano las marchas progresivamente. La separación de los estribos respecto al centro no es la mejor para adoptar la postura más aerodinámica en carretera, pero a 120 km/h tampoco es más incómoda que cualquier otra roadster custom ligera. Y en quinta (no le hace falta una sexta) suena bien, vibra sin pasarse y responde correctamente ante momentos en los que necesitas exprimir sus prestaciones y te desplazas un poco hacia delante como si fueras un intrépido piloto 'café racer' de los años 20, aunque no sea la Harley-Davidson Sportster 883

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Sigo girando cabezas. Y la verdad es que este color verde Olive Gold con toques oscuros resulta elegante, aunque no deja de darte un aire de 'malote' que también encaja a la perfección con el público objetivo al que va dirigido este modelo. Se trata de uno de los cuatro colores disponibles. Sólo el rojo Hard Candy Hot Rod cuesta más: 200 euros.

Harley Iron 883 depósito

El depósito de gasolina sólo está pintado, sin adornos ni logos pegados. Harley dice que así en la Iron es sencilla hasta de limpiar. En el cuadro, tienes lo básico, también: velocidad, kilómetros parciales y totales, marcha engranada, RPM, reloj. Sólo la luz de la reserva te indica cuánta gasolina hay, pero se echa de menos algo que te diga los kilómetros aproximados que te quedan de autonomía (otros modelos de la gama tienen en el menú el apartado 'range' con una estimación bastante fiable), así como otros testigos un poco más visibles. 

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Los intermitentes siguen siendo marca de la casa: un mando a cada lado para pulsar dos veces, para ponerlos y quitarlos. La firma americana incorpora un sistema que los quita automáticamente cuando detecta que endereza la moto, pero a veces resulta confuso y, si circulas por una incorporación en curva, por ejemplo, se puede dar la situación que el intermitente se extinga justo en el momento en el que vas a salir a la vía principal. O también, la ridícula situación en la que tratas de quitarlo tú, la máquina lo acaba de hacer... y tú lo pones sin querer en vez de quitarlo... Hay que acostumbrarse mucho y no perder de vista el minúsculo testigo verde de la flecha que hay junto al velocímetro. 

Para todos los días

Y dicho todo esto y probada a fondo durante muchos kilómetros esta apetecible Harley-Davidson Iron 883 2017, ¿realmente sirve para un uso más cotidiano cotidiano? ¡Sin duda! Es ágil en ciudad, aunque el embrague te castigará la mano izquierda en exceso y el 'clanc, clanc' del cambio a lo mejor no es lo que más te apetece escuchar (y sentir en el chasis). La pega es que, como aquí hasta la tecnología está supeditadísima al diseño y a la tradición, se dan paradojas como que no tengas llave de arranque pero sí de desbloqueo de la dirección o que en el display del cuadro no puedas ver cuánta gasolina te queda. Es cierto que los 12,5 litros que caben en su depósito cunden mucho en ciudad y alrededores y supongo que un depósito mayor añadiría demasiado peso al conjunto y desvirtuaría hasta la estética y el concepto de esta motocicleta.   

Conclusión

Casi todos los 'peros' que se le pueden sacar a la Iron es fácil que acaben en virtudes para un 'harlista', por la filosofía de este modelo: un canto a la autenticidad y a la robustez. ¿Que 'pagas' un poco la marca? Sí, pero a cambio, te llevas una moto muy bonita, ágil, sin complicaciones y con muchas maneras de disfrutarla. Hay que quererla así.  

Lo mejor: imagen, calidad/precio, posibilidades de personalización, agilidad, versatilidad, confort asiento y suspensiones traseras. 

Lo peor: ausencia de indicador de gasolina, posición y funcionamiento de los mandos de intermitencia. La marcha engranada no aparece en el display hasta que sueltas totalmente el embrague. 

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Rodrigo Fersainz

Redactor jefe de Reportajes, Competición y Motos

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