Prueba

Prueba en circuito: Jaguar XFR-S Sportbrake

Prueba en circuito: Jaguar XFR-S Sportbrake

Luis Meyer

31/05/2014 - 12:09

El Jaguar XFR-S Sportbrake puede cargar 1.675 litros de equipaje. Y alcanza los 300 km/h. Lo conducimos en Nürburgring para ver de lo que es capaz.

¿Con un familiar en el circuito de Nordschleife? Hace tiempo que no ocurría algo así, solo coches como el Audi RS6 Avant o la variante Estate del Mercedes E 63 AMG lo hacían posible.

Pero ahora llega otro candidato al olimpo de los deportivos de carga: a partir de julio el Jaguar XF Sportbrake llegará en su versión XFR-S desde Inglaterra, con 1.675 razones para triunfar. Son los litros que caben en su maletero, y si conduces con toda la familia y los asientos montados, aún entran unos nada despreciables 550 litros.

Pero no son los únicos litros con los que sorprende. Hay cifra, mucho menor, pero no menos impresionante: 5,0 litros. Ese es el cubicaje de su V8 con dos compresores, que cuando aúlla se te erizan los pelos. Ya la versión XFR, con 510 CV y 625 Nm de par, hacía que el resto de los familiares parecieran dóciles corderitos. Pero ahora la marca añade 40 CV más y 55 Nm extra y mejora aún más las prestaciones: el motor catapulta su larga carrocería de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos y sigue girando hasta rozar los 300 km/h. “Así podemos mirar cara a cara a rivales de la talla del RS6 Avant”, nos cuenta el responsable del proyecto, Dean Murden.

Aunque la verdad es que el Audi, sobre el papel, es un poco mejor, porque su 4,0 litros V8 lleva un turbo más grande y entrega 10 CV más, lo que le permite esprintar hasta los 100 km/h en 3,9 segundos y llegar a los 305 km/h. Aunque hay que ser un auténtico profesional de los caballos para apreciar una diferencia de potencia tan pequeña. Sobre todo en este día lluvioso de mayo que lo conducimos por Nordschleife.

Su aspecto es imponente, con su enorme parrilla negra, los protuberantes umbrales de las puertas y las llamativas branquias de las aletas delanteras. El portón trasero es eléctrico, y los asientos de cuero, sorprendentemente cómodos. El del conductor es bastante vertical: presiono el botón giratorio del cambio que asoma automáticamente, activo el modo Sport, las tapas del escape se abren y finalmente pulso el botón de arranque. E inmediatamente me olvido de las cifras.

La verdad es que prácticamente no se puede pensar en nada cuando los cuatro escapes expulsan un sonido tan aterrador como embriagador procedente de su V8: nada más empezar a rodar, me sorprende que un coche de cinco metros de largo y dos toneladas sea tan manejable. Pero este Jaguar sorprende aún más con su manera neutral y ágil de superar las curvas, por muy cerradas que sean. 

Por supuesto que su elevado peso y las inercias están ahí, y que su dirección podría ser un poco más comunicativa, y no estaría mal que con semejante par motor tuviera tracción integral.

Pero con su chasis de tarado claramente rígido, su suspensión neumática de nuevo desarrollo en el eje trasero, sus potentes frenos, su rapidísimo cambio de ocho relaciones y su efectivo control de estabilidad se siente sin duda como un deportivo por el circuito de Nordschleife, y no como un familiar.

Y es que una vez que recorres sus enrevesadas curvas no quieres bajarte de este Jaguar antes de que su depósito de 70 litros se quede vacío del todo –el consumo oficial es de 12,7 litros, en Nordschleife lo subimos a 20-. 

Quien esté dispuesto a pagar más de 125.000 euros, obtendrá a cambio una sonrisa eterna en la cara. Porque este coche no está hecho para ahorrar, sino para sentir. Y quien no valore esto, mejor que se compre un diésel. Consumirá y constará menos de la mitad, pero desde luego no ofrecerá ni la mitad de diversión. Al menos, en el circuito de Nordschleife.

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