Prueba

Maserati GranCabrio Sport: 2.000 km a sus mandos

David López

29/05/2012 - 08:00

El Maserati GranCabrio Sport incorpora detalles estéticos que lo hacen más exclusivo aún. ¿Qué mejor que una larga y bonita ruta entre Paris y Madrid para descubrir sus secretos?

La idea es irrechazable. Hay que recoger un Maserati GranCabrio Sport en París y empezar a tirar millas hasta escuchar hablar en andaluz cerrado, concretamente de Cádiz. Tengo por delante 2.000 kilómetros, carreteras de todo tipo, cientos de pisotones al pedal derecho con su correspondiente rugido saliendo por los escapes, decenas de castillos medievales, croissants (o cruasanes, como prefieras) como para parar un tren y una especie de obsesión por dejar secas las gasolineras.

Arranco el motor V8 del Maserati y parece que las paredes del parking se van a caer. Otra cosa no sabrán hacer los italianos, pero motores con alma demoníaca, sí. Su bramido, grave a pocas revoluciones y muy agudo en la zona alta del cuentavueltas, es simplemente brutal. Pero lo mejor es que, al pulsar el botón Sport, el sonido se vuelve mucho más trágico aún. Bajo el capó de la versión Sport del GranCabrio está el motor de 4,7 litros y ocho cilindros ya conocido en la marca, pero potenciado hasta los 450 CV, lo que supone diez más que en el resto de la gama.

Observar el Sena desde un punto de vista elevado, pasar por los Campos Elíseos dejando a un lado sus lujosos concesionarios de coches (de marcas francesas casi todos, claro está) o descubrir rincones por las bohemias calles de Monmartre es un verdadero placer en cualquier circunstancia... Pero a bordo de un Maserati, más todavía. La contrapartida es que la gente te mira tanto, tantísimo que puede llegar a ser hasta violento. Esto no es como un Porsche 911 o un BMW M5 en términos de exclusividad. Es un escalón más y eso te lo deja bien claro la gente. Todo aquel que se cruza por delante de nuestro coche de pruebas te pregunta cosas sobre él, te pide hacerse una foto o, en el mejor de los casos, se queda embobado siguiendo su estela con la mirada.

En autovía, como buen gran turismo que es, el Maserati Gran Cabrio Sport rueda aplomado y con un tacto de chasis amable. Pero es que, además, sería capaz de mantener cruceros tan elevados como para fundir los radares de los gendarmes. Una pega que sí le pondría es que, por su condición de descapotable, pesa demasiado y tiene una carrocería menos firme que la de un Gran Turismo. Es algo que también le pasa para Maserati Gran Turismo Sport. Esto lo noto nada más pisar la primera carretera secundaria. La suspensión absorbe bien y es suave, pero la estructura no llega a ser todo lo rígida que me gustaría.

Entre pistonada y pistonada del V8 llegamos al primero de ellos y nos sorprende con un puente y un castillo dignos de cuento fantástico. Muy recomendable recorrerlo de pe a pa si pasas por él. Mientras tanto, el segundo tiene el honor de contar con un château que resulta ser el monumento en manos privadas más visitado de toda Francia. Aquí dejamos el Valle del Loira para dirigirnos hacia la costa oeste. Pero antes llenamos de sin plomo 98 nuestra máquina. La foto que tienes a la izquierda te puede dar una idea de lo que consume el GranCabrio Sport (de 17 l/100 km no baja).

Nuestro primer destino: La Rochelle, pequeño pueblo de pescadores que data del siglo X. Visita rápida al mar y... rumbo a España. Tras la frontera nos espera San Sebastián, que nos acogió entre tamborrada, pinchos y un muy buen ambiente. Recargamos baterías de nuevo y... lo que en principio iba a ser una etapa con fin en Madrid, acabó siendo en Cádiz. 

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