Prueba

Jeep Wrangler Moab: salto a lo exclusivo

Alfredo Rueda

01/08/2013 - 10:38

Solo se fabricarán 75 unidades del Jeep Wrangler Moab, una versión 'de lujo' que añade algo de refinamiento a la ruda personalidad del TT americano

¿Qué tiene en común el Ártico, las montañas y el desierto de Moab, en Utah, Estados Unidos? Además de ser sitios donde la naturaleza campa a sus anchas, como habrás podido imaginar, también hacen referencia a tres modelos del Wrangler cuya fabricación tiene un número limitado de unidades. De los dos primeros, el Jeep Wrangler Mountain y el Jeep Wrangler Artic ya te ofrecimos información. Ahora le toca al Jeep Wrangler Moab, que dota de un plus de exclusividad al todoterreno americano.

Además de la casi obligatoria limitación de fabricación de una serie tan especial como este Jeep Wrangler Moab (75 unidades en este caso), también se le ha equipado con todos lo elementos posibles que permite la rigidez de un modelo de este tipo. Por ejemplo, los asientos son de cuero y calefactados, lo que proporciona un toque 'premium' al espartano habitáculo (y que no están disponibles en las demás versiones). Aunque contrasta ver este noble material al lado de las alfombrillas de goma, pensadas para limpiarse con facilidad en el caso de que unas botas de barro entren en el habitáculo tras una larga jornada de conducción 'offroad'.

Otra de las frivolidades que se permite el Jeep Wrangler Moab es un equipo multimedia con navegador, sistema de sonido Infinity de 368 vatios con siete altavoces y subwoofer, y algo que a mi me ha parecido particularmente útil: un disco duro de 30 gigas donde puedes almacenar montones de canciones y olvidarte de conectar reproductores varios a través de la toma USB o la entrada auxiliar de audio.

En el exterior podrás diferenciarlo del resto de versiones por el término Moab serigrafiado en los laterales, un capó con abultamiento en el centro, pasos de rueda en color negro, barras tubulares a la manera de estribos, tapón del depósito firmado por Mopar y el techo de resina del mismo color que el resto de la carrocería. Un rojo que la marca lo define como Langosta. Aunque, si te disgusta, también puedes pedirlo en negro sólido.

Se puede decir que todos estos elementos del Jeep Wrangler Moab tienen una función más bien estilística pero, en esta ocasión, se han montado elementos que sí tienen un uso concreto: las ruedas mixtas Goodyear Wrangler con llanta de 17 pulgadas y generoso perfil. Gracias a ellas, la capacidad de tracción de este mítico 4x4 gana muchos enteros. Por ejemplo, en situaciones donde el barro abunda, su dibujo hace que no te quedes sin adherencia a las primeras de cambio. Con una goma normal, lo que suele pasar es que la banda de rodadura se cubre de fango y, al final, te encuentras con un slick que hace al coche difícilmente controlable. 


Un todoterreno a la vieja usanza

Independientemente de estos aditamentos, lo que realmente marca la personalidad del Jeep Wrangler Moab son sus aptitudes 4x4. Para ello cuenta con todas las armas que se le presuponen a un todoterreno genuino: un resistente chasis de largueros y travesaños, ejes rígidos tanto delante como detrás y una maravillosa reductora que te permitirá salvar obstáculos a velocidades muy bajas. Este elemento cobra especial importancia en este modelo ya que su motor 2,8 litros turbodiésel de 200 CV tiene un notable vacío del turbo por debajo de las 2.000 vueltas. Si no hubiera reductora habría que tirar de embrague y, ya se sabe, en conducción 4x4 está prohibidísimo tocar este pedal.

Además, sus cotas 'offroad' acompañan sobradamente: con 259 mm de altura libre al suelo y un ángulo de salida de 31,7 grados, te aseguró que te costará ponerlo en dificultades serias. De hecho, te diría que al Jeep Wrangler Moab le encanta meterse en berenjenales. Si todavía quieres un punto más de prestaciones camperas, puedes optar por la versión de batalla corta, que ofrece un mejor ángulo ventral y resulta más maniobrable.

Por supuesto, no esperes un comportamiento refinado en carretera: rebotes de la suspensión bastante incómodos, sonoridad acusada, inercias muy marcadas... Sus 2.073 kilos de peso se notan en cada curva. La dirección está bastante desmultiplicada y el tacto del cambio de seis velocidades no resulta excesivamente preciso. Para reducir el esfuerzo a la hora de conducirlo, te aconsejaría que optarás por la versión con cambio automático, que cuesta 2.680 euros más. Además, te permitirá respetar más el embrague durante las maniobras campestres.

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Alfredo Rueda

Periodista apasionado de todo lo que tenga motor: Coches, motos y ahora, también, cacharritos con alas...

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