Prueba

BMW M550d xDrive: la 'triturbadora'

Enrique Trillo

01/02/2013 - 09:56

El nuevo BMW M550d xDrive es el diésel del mercado con un carácter más deportivo. Pero, ¿realmente tiene sentido un coche de este tipo? ¿No es suficiente con un simple BMW 530d?

El BMW M550d xDrive es el primer modelo de la nueva gama M Performance, que se coloca a medio camino de la gama de serie y los modelos M como tal. Eso explica que sea diésel, porque esta saga trata de responder a las nuevas exigencias de la clientela: más prestaciones, comportamiento deportivo y un consumo lo más contenido posible. Pero los integrantes de la nueva saga de modelos M Performance no solo serán de gasóleo. Pese a que en el Salón de Ginebra 2012 también verán la luz el BMW X5 M50d y el BMW X6 M50d, el fabricante bávaro también ha dado a conocer el BMW concept 135i, que se sitúa (en versión 3p) un escalón por encima del 135i, sin alcanzar al todopoderoso Serie 1 M Coupé.

El BMW M550d xDrive esconde bajo el capó su mayor tesoro: un seis cilindros en línea de tres litros, que gracias al impulso de sus tres turbos logra una potencia máxima de 381 CV. Aunque lo más sorprendente es que ofrece 740 Nm de par desde solo 2.000 rpm. Va unido a un cambio automático de ocho velocidades con modo secuencial que logra unos saltos entre marchas suaves y rápidos (se ha optimizado para que tenga una respuesta más deportiva y para que no salte de marcha al llegar al corte).

El funcionamiento de este innovador bloque triturbo de BMW es relativamente sencillo de explicar, aunque enormemente complicado de elaborar, dada la tecnología que integra y a su complicado desarrollo. Cuenta con dos turnos pequeños (de geometría variable) y uno grande. Desde el ralentí hasta las 1.500 vueltas empieza a trabajar uno de los pequeños, mientras que el grande se circunvala (se evita su puesta en marcha) hasta que se alcanza dicho régimen. En ese momento, ambos trabajan de manera conjunta. Así, hasta alcanzar las 2.700 rpm, que es cuando entra en acción la tercera turbina, que trabaja en paralelo con el de su mismo tamaño para evitar que el exceso de sobrealimentación generado por el turbo grande sature al primero de los pequeños.

Esto, en la práctica, se traduce en una aceleración brutal desde el principio hasta las 5.400 rpm, que es cuando se llega al corte de inyección. Así, el M550d xDrive logra pasar de 0 a 100 km/h en 4,7 s y alcanza una velocidad máxima de 250 km/h.

Además, al contar con las conocidas medidas de ahorro de energía Efficiente Dynamics ('Start-Stop' incluido) de BMW, logra cumplir con las exigencias de la Norma Euro 6 y se consigue que el consumo de combustible no se dispare. Según datos oficiales, se conforma con una media de solo 6,3 l/100 km.

El paquete de medidas M Performance no se queda solo en el apartado mecánico. También cambia la estética respecto al resto de la Serie 5. Cuenta con parasoles deportivos con tomas de aire más pronunciadas, deflector simulado en la zaga, un pequeño alerón sobre la tapa del maletero y salidas de escape trapezoides. Sin olvidar las carcasas de los retrovisores con acabado de aspecto metálico y las llantas de 19 pulgadas de serie (de 20" de manera opcional), aunque la unidad de pruebas las montaba de 18".

En el interior, incluye inserciones de aluminio específicas, los logotipos M en el volante, la palanca de cambios y los umbrales de las puertas, así como un tapizado específico de los asientos de cuero y Alcántara.

Por supuesto, también se ha mejorado el chasis. La suspensión es más firme y cuenta con barras estabilizadoras de mayor tamaño. Si, además, le añades la suspensión adaptativa que equipaba la unidad de esta prueba, se logra que un comportamiento intachable. Firme en zonas de curvas o cómodo y suave en autopista.

Reconozco que el BMW M550d xDrive me ha dejado sorprendido: una berlina diésel con 381 CV que va de deportiva por la vida y rinde con unas prestaciones que te quitan el hipo. Sí, como puedes leer, este coche lleva la letra M en su nombre y es el primer producto diésel que han realizado los chicos de BMW M. No es un automóvil tan rabioso como un BMW M5, pero los ingenieros han querido crear una berlina muy pasional a la que yo le encuentro muy poco sentido dentro de una atmósfera diésel.

¿El resultado? Los 381 CV que te he comentado y, sobre todo, un enorme par motor de 740 Nm a 2.000 rpm que son capaces de destrozar el asfalto (literalmente) y devorar un juego de neumáticos en un santiamén. Ni el mismísimo M5 puede ofrecer este nivel de fuerza (se queda en 680 Nm a 1.500 rpm y eso que lleva un V8 biturbo). Por este motivo y, para no crear un coche inconducible, los ingenieros han pensado que mejor que salga al mercado solo con tracción integral. Con propulsión sería un vehículo demasiado complicado de conducir y el control de tracción estaría funcionando constantemente. Eso sí, su comportamiento no me ha transmitido ninguna sensación en especial, excepto que lo notaba más subvirador que otros modelos de BMW que he conducido últimamente como el 640d Gran Coupé.

No obstante, lo que más me ha sorprendido es el empuje del motor. Vas a 60 km/h, pisas el acelerador a fondo y en solo 2,7 segundos ya has alcanzado los 100 km/h. Sin duda, las sensaciones que experimenta tu cuerpo durante este pequeño espacio de tiempo solo las he tenido en vehículos tan deportivos como el BMW M5. ¿Crees que merece la pena? Yo opino que no. Este BMW M550d xDrive corre muchísimo, pero no te transmite las sensaciones de un coche de gasolina.

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Enrique Trillo

Dame un coche, un circuito, barra libre y no necesito nada más en la vida.

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