Prueba

BMW M5, destroza el asfalto

Emilio Salmoral

28/02/2012 - 09:21

El nuevo BMW M5 lleva al límite la tracción trasera con su V8 sobrealimentado de 560 CV de potencia y 680 Nm de par máximo. Un deportivo muy fino, que sabe ser cómodo y... a la vez tremendamente agresivo.

Voy al grano. El nuevo BMW M5 es brutal, sin más. No puedo pensar en otro calificativo para un coche que es capaz de darte la vuelta al estómago cuando pisas el pedal derecho a fondo. Hoy, a bordo de esta bestia V8 biturbo que se asienta sobre un soberbio chasis, he recuperado una sensación que había perdido hace ya años: la de alucinar mientras me quedo pegado al asiento en plena aceleración. Te lo aseguro, lo he probado durante muchos kilómetros y no hay nada igual en su segmento.

El nuevo BMW M5 2012 es un misil con mayúsculas. Que sepan los Audi RS 6, Mercedes E AMG y demás rivales de ese privilegiado segmento de berlinas estratosféricas que aquí empieza un nuevo nivel. Un nivel con el que ni siquiera podía soñar la generación anterior del BMW M5 (E60), y eso que montaba un maravilloso V10 que provocaba escalofríos con su sonido. El nuevo sigue otro camino: utiliza el bloque V8 de 4,4 litros que ya conocemos en la marca y recurre a la sobrealimentación para alcanzar 560 CV de potencia y 680 Nm de par... que van a las ruedas traseras, como debe ser. El hecho de que haya turbo de por medio ya era conocido en los BMW X5 M, BMW X6 M y BMW Serie 1 M, pero sé que seguirá levantando ampollas entre los más puristas. Guste o no guste, el caso es que aumenta la franja de utilización del motor (ahora el par máximo está disponible a 1.500 rpm, frente a las 6.100 del V10), mejora las prestaciones y, para colmo, el consumo medio pasa de 14,8 litros cada 100 km a ¡9,9! Estos son los datos oficiales y, aunque en la práctica es algo más (12,4), no deja de ser algo muy remarcable.

También me deja con la boca abierta la forma de rodar de este BMW. Ya no hay rastro de los subvirajes de la generación anterior y el hecho de poder regular la dureza de la dirección y la suspensión, la respuesta del acelerador o la rapidez del cambio ('DKG' de doble embrague y siete velocidades) me parece una auténtica maravilla. Todo ello de forma independiente, con su botón para cada uno, lo que permite innumerables opciones de configuración para que puedas adaptar la conducción a cada momento concreto.

En circuito, el coche es pura diversión, pero pide manos al volante. Ojo con intentar sacarle todo el jugo antes de hacerte con sus reacciones. Este BMW M5 cubre metros a la velocidad de la luz y, a pesar de que tracciona bien (por cierto, el autoblocante es una pieza clave), la zaga quiere adelantarte a la mínima si no controlas bien los cambios de peso y/o eres poco cuidadoso con el gas. Mi recomendación a la hora de ir con el cuchillo entre los dientes es que pongas todos los parámetros en 'Sport Plus' y el control de estabilidad (DSC) en modo 'MDM'. Así la electrónica no mata constantemente al motor y te permite exprimirlo, incluso puedes jugar a deslizar un poco, pero con un ángel de la guarda siempre alerta por lo que pueda pasar.

En este vídeo puedes ver al BMW M5 al límite en la pista de un aeropuerto cercano a Nürburgring:

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