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Presentado el peor coche del mundo

Un estudio de una aseguradora británica ofrece una lista de las partes que se estropean con mayor frecuencia y en qué modelos. Si todas estuvieran en un mismo vehículo, su dueño se tendría que gastar 2.309 euros en reparaciones todos los meses.

Si el doctor Frankenstein estuviera vivo y se dedicara a construir coches, seguramente terminaría ideando algo muy parecido al Monster Mk1. Este vehículo, que mezcla partes de hasta diez modelos diferentes, ha sido ideado por la aseguradora británica Warranty Direct con las piezas que acusan fallos o se estropean con más frecuencia entre los automóviles a la venta en el Reino Unido.

 

El peor coche del mundo

 

Este coche, que haría ricos a todos los talleres, se ha creado a partir de la base de datos de la compañía, unas 50.000 pólizas, muestreadas a lo largo de cinco años. Otra de las iniciativas interesantes que ha tomado Warranty Direct ha sido crear un índice de fiabilidad en el que se muestran los diez mejores modelos según este criterio y, también, los diez peores. Además, ofrecen esta información a través de este sitio de internet (http://www.reliabilityindex.com/), en el que puedes ver en qué posición está tu coche.

 

Cuatro de cada diez vehículos necesitan pasar por el taller todos los años para alguna reparación, aunque los que se llevan la palma por distintas razones son los que componen el Moster MK1. Esta pesadilla rodante llevaría los frenos del Audi A8, la suspensión del BMW M3, el motor del MG TF, el cambio del Land Rover Freelander, el sistema de arranque del Mercedes Viano, la electrónica del Renault Mégane, el aire acondicionado del Seat Alhambra, la refrigeración del Seat Toledo y la dirección del Volvo C70.

 

Según los datos de Warranty Direct, algunas de las reparaciones que necesitan estos coches llegan a alcanzar los 7.800 euros, aunque lo más llamativo es la excesiva frecuencia con que algunos acusan problemas. Por ejemplo, el 40% de los propietarios de un BMW M3 con la póliza en mencionada firma requieren alguna reparación en la suspensión o en los ejes a lo largo de la vida del vehículo. En cualquier caso, digan lo que digan, seguro que a casi nadie le importaría hacerse con uno, todo lo contrario que el engendro creado por la aseguradora y que, por suerte, jamás llegará a ver la luz.

 

 

 

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