Comparativa

Mustang Shelby GT 350 vs Cadillac ATS-V y Mercedes AMG C63

Versiones comparadas:

Luis Meyer

16/08/2016 - 15:23

Estamos en una carrera imparable. Mientras AMG lanza cada vez creaciones más radicales, la competencia no le va a la zaga. En esta comparativa del Mustang Shelby GT 350 vs Cadillac ATS-V y Mercedes AMG C63 demostramos que el sector de los coupés aún mantiene todo el encanto de los grandes deportivos de toda la vida.

A veces, uno de pregunta qué desayunan los ingenieros de AMG por las mañanas. Y no solo porque los de Affaltarbach mantengan un ritmo elevado de lanzamientos. Es que cada vez son más sorprendentes. Traemos su última creación y la enfrentamos a otros dos rivales, no menos radicales: Mustang Shelby GT 350 vs Cadillac ATS-V y Mercedes AMG C63.

Y es que los de AMG, cada vez más, echan el resto en todo lo que hacen, como en este C 63: nuevo eje trasero, una desmultiplicación menor para el V8 de 510 CV y un tarado más firme en su chasis adaptativo, redondeando el conjunto con unas llantas de 19 y 20 pulgadas en formato Black Series. ¿Resultado? Prestaciones estratosféricas (roza los 300 km/h y es el que antes acelera de 0 a 100 km/h, en 4,1 segundos) y una agilidad por curvas desconcertante en un coche de este tamaño. 

Para comprobar su potencia lo enfrentamos a dos americanos igualmente bestias... O más. Por un lado, el Mustang Shelby GT 350 de 533 CV y con un ajuste general aún más radical e impúdico que el AMG. por el otro, el Cadillac ATS-V, que con 470 CV y unas más convencionales llantas de 18 pulgadas y una respuesta un pelín más civilizada. La evolución, en cualquier caso, tiene bastante en común con la de AMG.

Ambos son coupés basados en berlinas, y el Cadillac también invierte buenas dosis de tecnología en su "deportivización", con chasis adaptativo o diferencial trasero autoblocante activo.

Su comportamiento es tal vez menos extremo, pero a cambio permite manejar con armonía el juego a tres de su chasis, motor y diferencial, con un gran margen antes de que el conjunto se desmadre. Y es que hay que destacar una virtud del Cadillac: nos cuesta encontrar un conjunto más equilibrado que este. 

O, dicho de otro modo: un coche con unas suspensiones tan firmes y al mismo tiempo con semejante capacidad para filtrar las irregularidades. Que se sienta tan aplomado en curvas y al mismo tiempo confortable sobre asfalto en mal estado. Ya sea en modo Normal o el Dynamic, este equilibrio siempre permanece, cada unos con sus matices, claro. 

Y todo con un motor que, con sus generosos 603 Nm de par, tira el coche con una naturalidad y falta de esfuerzo que hace que dé la impresión de que es menos deportivo de lo que en realidad es. Sube de vueltas sin inmutarse y con ganas, pero con más discreción de la que uno esperaría. 

Más aún si nos fijamos en sus prestaciones: 4,2 segundos de 0 a 100 km/h, 14,0 para llegar a 200 y una punta de 304 km/h que deja en evidencia a sus dos rivales.

El Mustang encuentra antes su límite. Pero dentro de su franja es más impetuoso: en lugar de tener un cambio automático de ocho velocidades como el Cadillac, por el que fluyen holgadamente las marchas, cuenta con un cambio de seis velocidades manual de relaciones muy cortas con el que la aguja rebota una y otra vez en la zona roja del cuentavueltas. Una anotación: el cambio del Shelby GT 350 no está enfocado ni a lograr las mejores aceleraciones desde parado ni la mayor velocidad máxima posible. Sino a lograr la mayor eficacia en circuito. Por mucho que sea el más potente de este lote, con 533 CV, lo alcanza a 7.500 revoluciones, de modo que gusta de ir siempre en la zona alta del cuentavueltas para expresarse en todo su ser. Por eso es, de los tres, el que más deportivo se siente al volante. Con unas manos mínimamente expertas que sepan jugar con su zaga es, de largo, el más divertido de llevar por carreteras reviradas.

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