Comparativa

Lancia Ypsilon contra Mini Clubman y Citroën C3

Versiones comparadas:

Enrique Trillo

23/09/2011 - 14:50

Lancia ha renovado el Ypsilon para aportarle un aspecto más noble. ¿Podrá hacer frente a tan importante reto? Lo enfrentamos al Citroën C3 y el Mini Clubman para comprobarlo. Tres utilitarios que presuman de diseño, dinamismo y confort disponibles desde 14.250 euros.

Aquí está la cuarta generación del Lancia Ypsilon, que además de bueno y barato pretende ser más 'chic' que el resto. Este pequeño modelo de 3,84 metros es atractivo, especialmente su vista delantera, que introduce la clásica parrilla de Lancia en forma de escudo. Por detrás se le ha dado prestancia, es similar a su hermano compacto, el Delta, aunque no dejes que eso te lleve a engaño: dentro podría ir escondido incluso el nuevo Fiat Panda. Mecánicamente he elegido el pequeño motor TwinAir gasolina de dos cilindros con 85 CV heredado del 500.

Pero este italiano no es la única opción si queremos originalidad en el segmento de los utilitarios. Ahí está el Mini Clubman, por ejemplo, con una sola puerta trasera, pero un solvente propulsor de cuatro cilindros y 98 CV. O, por qué no, el Citroën C3, de original diseño e inmejorable confort. Sí, un DS3 hubiera sido una opción más fashion dentro de la marca. Pero el francés es más práctico, competitivo e incluso más barato que el italiano. Además, cuenta con un eficaz bloque de 95 CV que le sirve para ser el más rápido del grupo.


Citroën C3:

La primera impresión que te da el Citroën es que te estás subiendo a un coche más grande, pero la realidad es que delante no ofrece mucho más espacio. Solo en las plazas traseras los pasajeros tienen más hueco y el maletero sí que es de mayores dimensiones, además de ser muy aprovechable. Los asientos no son demasiado cómodos y el ambiente interior es menos exclusivo que en el Lancia, pero en ningún caso se pasa de sobrio. Lo mejor del C3 es, sin duda, su confortable suspensión, que responde en curva con un leve balanceo, aunque la cosa se pone fea si entras en el giro con más velocidad de la cuenta. No es un coche pensado para ir especialmente rápido y los muelles lo acusan si le buscas las cosquillas. Su motor de 1,4 litros lo mueve con cierto brío, apoyado en un cambio de desarrollos cortos que parece concebido para competir por carreteras de montaña: en quinta a 120 km/h ya va casi a 4.000 rpm. Esto perjudica seriamente su confort sonoro, claro está, porque el ruido del propulsor se hace muy presente en el interior. Pero con todo, se sube al primer cajón del podio, por delante del Mini Clubman.


MINI One Clubman:

El modelo británico se caracteriza por su buen dinamismo. Aunque la suspensión es tan dura que en trayectos largos por carretera enseguida te arrepientes de no haber cogido la autopista. Además es muy ruidoso y a partir de las 3.500 vueltas te da la impresión de estar en medio de una tormenta. Tanto, que incluso es capaz de acabar con los pasajeros más resistentes. A pesar de su configuración combi, no resulta demasiado práctico, porque la única puerta trasera no se puede abrir de forma independiente para acceder a la segunda fila de asientos y, además, hay que sortear el cinturón de seguridad. Y ya que hablamos de aspectos prácticos, hay que destacar que en la zona de equipaje apenas cabe más que en el Ypsilon. Y con todo, hay algo que el Mini hace de maravilla: divertir. Gracias a su dura suspensión pasa las curvas con una precisión pasmosa, apoyado en unos frenos potentes y un cambio de seis velocidades que engrana con absoluta exactitud. Lo malo es que hay que cambiar de marcha con más asiduidad de la deseada. No porque su propulsor de 1,6 litros de cuatro cilindros carezca de potencia, sino por sus largos desarrollos.


Lancia Ypsilon 0.9:

La cuarta generación del Lancia Ypsilon pretende subir un escalón en lo que a calidad se refiere. Trata de distinguirse de su dura competencia con un aspecto de inspiración premium y una gama mecánica especialmente ecológica, en la que destaca el motor de dos cilindros que se esconde bajo el capó del vehículo de pruebas. Es un propulsor que vibra notablemente al arrancar y hace mucho ruido y, en cuanto sube de vueltas, el sonido se convierte en un animado ronroneo. Esto es algo que también se puede aplicar, de algún modo, a la manera en que entrega la potencia, porque cuando pisas a fondo el acelerador, el bloque de 900 cc no responde con una oleada de revoluciones, sino más bien con un sosiego controlado. Y poco más allá de las 5.500 vueltas la electrónica corta el grifo bruscamente. Pero para ser sincero, las prestaciones demuestran que este modelo no es tan flojo como aparenta: es casi tan rápido como el resto en aceleración y los supera en el apartado de recuperaciones. Una vez más, queda claro que los pequeños pueden ser muy matones. Lo que pasa es que este utilitario está concebido principalmente para ciudad, donde se mueve como pez en el agua, y no para demostrar sus cualidades en carretera, porque su tarado de suspensión blando hace de él un coche confortable, pero sobre asfalto muy irregular, si intentas mantener una conversación con el copiloto, será con voz temblorosa... Menos aún le gusta la conducción deportiva, porque en curvas cerradas la rueda interior delantera pierde tracción demasiado pronto y el ESP interviene de forma muy restrictiva. Eso, sin olvidar que la dirección no transmite demasiada información y que el cambio es un tanto impreciso. Está claro que no es un coche orientado a la diversión al volante, pero se guarda varios trucos que te van a encantar: si pulsas el botón City, la resistencia de la dirección es casi igual a cero. Pulsa Eco e irá con la potencia limitada para ahorrar combustible, apoyado en el sistema Start-Stop. Dale al Magic Parking (490 euros) y el coche aparcará automáticamente, algo inédito en su categoría.

CONCLUSIÓN:

Está claro que en el escenario en el que se presenta el nuevo Ypsilon existen varias perspectivas: la cordura hace decantarse por la originalidad del Citroën, el placer por la deportividad del Mini y quienes tengan un paladar especial se decantarán por el italiano. Pese a todo me pregunto: ¿Por qué no fabricará Lancia un cambio como dios manda, una dirección más informativa o unos asientos cómodos? Si cuidara estos aspectos, sería otra historia.

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Enrique Trillo

Dame un coche, un circuito, barra libre y no necesito nada más en la vida.

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