El blog de Ricardo G. Rubio
Ricardo G. Rubio
06/10/10

¿Superventas eléctrico? Jamás

30 de septiembre, 8.30 de la mañana. París ha amanecido con un cielo plomizo y lluvia abundante. De camino al último salón internacional del año relevante, voy pensando en cuál de los coches eléctricos que van a presentar hoy las marcas podría estar compartiendo atasco conmigo en ese momento. Sin duda, ninguno. Absolutamente ninguno. El mayor interrogante es dónde habrían cargado las baterías la noche anterior. No se me ocurren muchos sitios cómodos y realistas. ¿Cambiará la situación de aquí a cinco o diez años? Lo dudo mucho, y eso que los fabricantes están asumiendo grandes inversiones (de los beneficios que obtienen con los motores tradicionales); es un hecho que todos y cada uno de ellos tiene algún proyecto de electrificación en proceso.

 

Pero las mismas marcas lo saben: el aumento de los costes de producción derivado de, en una primera fase, conjuntar y, en una segunda, sustituir los motores tradicionales por eléctricos sólo es rentable si parte del aumento de precio que conlleva para el usuario final es asumido con una ayuda directa a la compra con dinero público. Son necesarias inversiones públicas. Y precisamente ahí, llegamos al punto más conflictivo. La infraestructura de carga no puede asumirla cada uno en su garaje. Eso es una utopía errónea que no conduce a nada. ¿Acaso alguien va a dejar de vender o comprar una vivienda porque en el garaje comunitario no hay enchufes de recarga? ¿Y qué pasa con quién vive en cualquier bloque o casa sin tomas de corriente en dichas plazas de aparcamiento? ¿De dónde va a salir el dinero público para acometer esa inversión? Las dudas se multiplican.

 

Algunos responsables nacionales e internacionales de los fabricantes lo comentan: a día de hoy, la previsión es que la electrificación alcance sólo a clientes que buscan un segundo coche de carácter urbano, y no antes de 2015. La mentalidad del comprador medio es, ante todo, práctica.

 

30 de septiembre, 18.20 de la tarde. En París sigue lloviendo. De vuelta al hotel, me imagino como sería esta espléndida ciudad sin emisiones, con una movilidad privada sin polución. Lo veo imposible de aquí a diez años. Como mínimo. Es loable que cada fabricante, empujado por la inercia del resto y por las fortísimas restricciones medioambientales de la Unión Europea para los modelos nuevos, haya emprendido su búsqueda de nuevas fuentes de alimentación para los coches, pero también es necesario que dejen abierta la puerta a la eficiencia con la actual tecnología de motores. A lo mejor, lo que hay que cambiar es la forma de conducir, y circular de manera menos agresiva y exigente con el acelerador sin motivo de por medio.