El blog de Noelia López
Noelia López
03/09/10

Ningún rey sin trono

Mi reina tiene su trono. Y no uno, sino dos que serán tres si algún día le hace falta. Su asiento real no es de oro, ni de plata, no está tejido en terciopelo rojo como el de las princesas de los cuentos que tanto le gustan, ni la eleva por encima de los demás. Mi reina viaja segura, porque hace 18 meses la vida me hizo el mejor regalo y yo ahora tengo que cuidarlo con todo lo que tengo.

Pero ¿y si algún día no lo tengo?

 

Su trono no es de oro, ni de plata, ni siquiera es cómodo, porque en lugar de un cojín de terciopelo rojo tiene dos arneses que contienen sus ganas de volar. Aunque, por lo que cuesta, bien podría tenerlo. Esto y mucho más...

 

 

 

 

Mi reina es afortunada porque, para poder viajar tranquila en coche, le basta una silla de auto “normal”, de las que ofrecen garantía de seguridad por “sólo” 300 euros. Y aunque para mí sea la más especial, lo cierto es que el mundo está lleno de reyes de su casa que ni siquiera pueden soñar con tener un trono.

  

Motivos profesionales me acercaron hace unos días al complicado mundo de los niños con necesidades especiales. Cientos de reyes y reinas que, con las mismas ganas (o más) de volar que la mía, no pueden hacerlo porque una silla de auto adaptada puede costar ¡más de 2.000 euros! Y éstas tampoco son de oro, ni de plata.

  

A simple vista apenas hay diferencia entre una y otra. Sus arneses son más fuertes porque deben soportar pesos de hasta 36 ó incluso 50 kilos –las “normales” eliminan el arnés en cuanto el niño supera los 18 kilos –. Las hay con una base giratoria que facilita el acceso del pequeño –la mayoría ni eso– y suelen contar con más posiciones para adaptarse al crecimiento. Ya está.

  

Me pregunto entonces: ¿Cuánto cuesta la seguridad de los niños “especiales”? ¿Por qué mi reina, ya de por sí afortunada por no tener estas necesidades, tiene más derecho a volar que ellos? ¿Cómo alguien se atreve a poner tan alto precio a su libertad?