23/09/10

El país del poli bueno

Vaya por delante que esto no pretende ser una crítica a los Cuerpos de Seguridad que velan por nosotros, los conductores, en las carreteras españolas. A través de estas líneas quiero, más bien, reflexionar sobre hasta qué punto se pueden hacer bien o mal las cosas. Y para ello me serviré de una historia personal que viví hace poco en Alemania.

 

Te pongo en situación: tras una larga jornada probando un nuevo modelo de Volkswagen por  las carreteras de Fráncfort, llega el momento de poner rumbo al aeropuerto para volver a casa. Por supuesto, ni siquiera el país más ordenado y eficaz se libra de los atascos, y me veo envuelto en uno de considerables proporciones que me hace pensar que no llegaré a tiempo de coger el vuelo. Superada la aglomeración, y mientras circulo por una vía de un carril para cada sentido y bajo límite de velocidad, un policía alemán me da el alto. ¡Horror! A mi lado veo una señal de 70 km/h, y estoy casi seguro de que iba más rápido. Efectivamente, el agente me confirma que su radar me ha cazado superando en poco más del 50 por ciento el límite establecido. Como puedes imaginar, en ese momento empiezo a pensar que se avecina una buena bronca seguida de una suculenta cantidad de dinero a pagar… allí mismo. Porque los extranjeros están obligados a solventar la deuda in situ.

 

Pero no, la realidad es bien diferente. Tras saludarme en un cortés alemán (que a mí me sonó a chino), el agente comprende que o me habla en inglés o no habrá forma de entendernos. Dicho y hecho. Con perfecto acento y tono amable, me comenta la infracción que he cometido y me pide que, por favor, conduzca más despacio: “Entiendo que estás probando el coche, pero quizá éste no sea el entorno más adecuado para ello.” Por supuesto, el hombre tiene razón. Acto seguido, tras pedirme la documentación, me dice que tengo que pagar ¡20 euros! Lo hago, me da un recibo y se despide con buena cara deseándome un “nice day”.

 

Tengo muy claro que sólo yo soy responsable de mi infracción y que, por mucha prisa que tuviera, no puedo justificar ir por encima de la velocidad establecida. Así que lo asumo y pago por ello. Pero… ¡qué gusto da recibir un trato tan exquisito en un momento como ese! Por mi profesión, hago bastantes kilómetros a diario, no sólo en España sino también en muchos otros países. En cualquier lugar te puede tocar  el poli bueno o el poli malo, eso está claro. No todo es A o B. Pero no es menos cierto que en Alemania, por norma general, suelen ser más agradables y constructivos. Esto me hace pensar que, quizá, la chulería y las multas desproporcionadas no sean el camino más adecuado para hacer que los conductores sean más responsables. Así que… ¡punto positivo para nuestros vecinos germanos!