El blog de Javier de la Calzada
Javier de la Calzada
Un buen plato de jamón viendo un partido del Real Madrid puede ser un gran plan... pero te aseguro que es mejor conducir a tope en la pista de Fiorano cualquier criatura que se llame ¡Ferrari!
24/11/11

¿Debe volver Pedro de la Rosa a la F1?

El lunes 21 de noviembre nos sorprendió a todos una noticia que muy pocos esperaban. Al menos, los que no vivimos el día a día de la Fórmula 1 dentro del gran circo nos quedamos bastante helados: Pedro de la Rosa regresa a la Fórmula 1 con el equipo HRT.

 

La primera reacción fue de alegría: uno de los nuestros volverá a pilotar en la máxima categoría, donde conducen los mejores, donde se prueba la tecnología más puntera, donde se centran los focos (por no decir los únicos) que van dedicados en España a la competición automovilística.

 

Pedro de la Rosa, si se retirara hoy, podría sentirse más que orgulloso y satisfecho de su carrera deportiva. En las categorías inferiores ha triunfado, se tuvo que ir a Japón cuando aquí no encontraba posibilidades y triunfó, ha pilotado equipos con escasas posibilidades en F1 y no ha defraudado en absoluto. Y, cuando en McLaren le dieron la oportunidad de sustituir a Kovalainen por su grave accidente en el Gran Premio de Cataluña, llegó a subir al segundo escalón del podio en el Gran Premio de Hungría en una terrible carrera protagonizada por un torrente de agua… Finalmente, Ron Dennis prefirió que no continuara en una más que discutible decisión.

 

Su papel como probador y desarrollador en la máxima categoría está más que contrastada. Todo el mundo con el que ha trabajado habla a las mil maravillas de su entrega, pasión y conocimientos para interpretar las reacciones de un coche en tan solo una vuelta y su capacidad para transmitir a los ingenieros la forma de mejorar y arañar segundos al crono. Este aspecto, campeones del mundo como Kimi Räikkönen han sido incapaces de hacerlo, porque, a este nivel, no solo es fundamental ser un as al volante, sino hacer luego la labor de trastienda que se da en el box, es decir, cuando el ingeniero no puede subirse al coche y es el piloto el que le dice qué aspectos hay que variar.

 

Además, es un comunicador sensacional, un relaciones públicas de primer nivel, políglota que consigue ser un diez como embajador de la marca a la que representa. Sus siempre acertados comentarios en cada retransmisión de carreras por televisión que realiza hace que el nivel de la misma suba un 300%... Eso, tampoco es fácil. Ahora mismo recuerdo algunas carreras con Carlos Sainz en la cabina de periodistas en donde se notaba que no se sentía cómodo. La agilidad aquí de Pedro (ojo, también de Marc Gené, aunque menos) es comparable a su maestría cada vez que se sube en un coche de carreras.

 

Según sus declaraciones el día que anunció su compromiso con HRT, no hay duda de que desbordaba optimismo y alegría: “Si no corro, me vuelvo loco… Es un reto bestial, meditado y sobre todo apasionante, porque es un equipo español”. Creo firmemente que no hay ningún aficionado al motor en este país que no se alegre de la vuelta de Pedro a los circuitos, pero la pregunta que planteo es: ¿era necesario?

 

No descubro nada nuevo si argumento que HRT estará carrera tras carrera en la última o penúltima posición en cada gran premio, que Pedro será doblado hasta por pilotos que ocupen en, ese momento, la decimosegunda o decimotercera posición en pista que, precisamente, esos corredores que le doblarán tendrán la tercera parte de calidad que él, que no es lo mismo desarrollar un McLaren que al farolillo rojo, que la edad no pasa en balde y que sus principales rivales veinteañeros se va a dejar la piel por dejarlo atrás, como sea… Y, por último, desgraciadamente, en el deporte llega el momento en que hay que echarse a un lado y dejar paso a nuevas generaciones, porque, afortunadamente, llegan pisando muy fuerte gente como Juncadella, Merhi o Sainz Jr. A ellos pertenece el futuro.

 

Eso sí, desde el primer momento en que se apaguen los semáforos la temporada que viene en el Gran Premio de Australia, soy de Pedro ¡a muerte!