El blog de Javier de la Calzada
Javier de la Calzada
Un buen plato de jamón viendo un partido del Real Madrid puede ser un gran plan... pero te aseguro que es mejor conducir a tope en la pista de Fiorano cualquier criatura que se llame ¡Ferrari!
16/06/12

24 Horas de Le Mans 2012. En directo desde el box de Audi

 

Domingo 17 de junio

 

Dormir cuatro horas y levantarte con ansiedad por conocer el resultado del momento es algo que solo te puede pasar en Le Mans. Es única la sensación de estar tumbado en la cama y escuchar el sonido de los motores funcionando a pleno rendimiento. Bueno, todos no porque el de los Audi es como si un grupo enorme de moscas pasara a la vez, un zumbido que lo diferencia por completo del resto de coches. En el lado opuesto está el Corvette que parece tener debajo de su motor a 20 trompetistas dejándose los pulmones. Esto es Le Mans y aquí cada uno compite con las armas que puede. La tendencia parece ser que va hacia las mecánicas híbridas y que la gasolina ya ha pasado a la historia pero habrá que esperar a los próximos años para saber qué pasa.

 

En cuanto a la carrera, puede que esta sea una de las ediciones con menos emoción al final desde hace mucho tiempo. Audi va a ganar sí o sí y aunque puede que luego tenga que reescribir estas líneas no hay impidimento ahora mismo que haga que los alemanes no crucen en grupo la línea de meta. En cuanto a los españoles, poco que celebrar porque parece que a Marc Gené se le va escapar el podio, Lucas Ordoñez está lejos de los primeros puesto en su categoría y sólo Antonio García podría darnos una alegría a última hora. 

 

 

Andando hacia la sala de prensa te das cuenta de que ya no hay el mismo ambiente que el sábado. Esto está llegando al final y la gente está pensando más en cómo escapar rápido de esta ratonera que de apurar la última cerveza. Hablando de alcohol nunca dejará de impresionarme las pirámides que los ingleses y alemanes forman con los cascotes vacíos. ¿Cuánto tiempo tardará en recuperarse esta zona del devastador paso de los hooligan y no tan hooligan? A la vez pienso, ¿trabajará esta gente mañana? Porque seguro que sus casas no están cerca, precisamente. Uno de los colectivos más ruidosos aquí es el de los daneses que pueblan las gradas con sus banderas para animar a Mr. Le Mans: Tom Kristensen

 

Sábado 16 de junio

 

Hoy es el gran día. ¡Comienza la carrera! La noche ha sido muy buena, he podido descansar y dormir a pierna suelta aunque ayudado por unos gruesos tapones y una camiseta sobre los ojos ya que sobre mi dormitorio hay una luz encendida permanentemente que alumbra los pasillos. Una ducha rápida y al circuito.

 

 

 

Lo primero encontrar un sitio con conexión a internet para poder volcar el texto de mi primer día y tras encontarlo y completarlo llega la sorpresa de contar en persona con Marc Gené. Todo un lujo porque en menos de tres horas la carrera va a comenzar. 

 

Sus primeras palabras resaltan el nivel del equipo Audi, la profesionalización y el compañerismo ya que, desde fuera él lo veía como un ambiente cerrado y opaco pero se ha dado cuenta de que desde la primera reunión le han dejado claro que lo que importa es el equipo, no el piloto. Se sacrificará cualquier cosa por el bien del conjunto. Continúa hablando del coche y le sorprende detalles como que los retrovisores ya, casi, ni los utiliza sino que ahora tiene dos panatallitas dentro del Audi, a modo de televisión por donde ve perfectamente lo que le viene por detrás. En cuanto a las prestaciones del Ultra, está encantado ya que dice que él nunca ha tomado tan rápido las curvas Porsche como con este coche y que dentro se siente muy cómodo y además lo admira por su diseño. Aunque incide en lo bajo que va el piloto lo que dificulta extraordinariamente la visión. Para el año que viene van a intentar modificar este aspecto y que el reglamento les perrmita ir más arriba dentro del vehículo. Aunque a él le encantan los coches que van abiertos, tipo LMP2, confiesa que si no hubiera ido en uno cerrado no lo hubiera contado en aquél fortísimo accidente que tuvo con el Peugeot... 

 

A Marc Gené no hace falta hacerle preguntas, él mismo se lanza a contar todo lo que le pasa por la cabeza en un lenguaje sencillo y comprensible por todos, aunque sin olvidarse de incider en aspectos técnicos. Asegura que los LMP1 son auténticos fórmula uno carrozados y a la pregunta sobre la punta de velocidad alcanzada, contesta sin pestañear: "350 km/h...". Y sobre si los tiempos varían por la noche, la respuesta es que no. Incluso, recordamos que el mejor tiempo del Toyota se consiguió sin luz en el cielo.

 

 

Por último, cuenta su plan a partir de ese momento. Los relevos que él va a realizar son los nocturnos por lo que después de la foto oficial, se tumbará un rato con la radio apagada aunque siempre se mantiene algo despiesto y más cuando desde la megafonía nombran su coche, el número tres. El prefiere que una hora antes de su relevo lo despierten para poder reactivarse con algo de ejercicio porque desde la primera vuelta debe ponerse a más de 300 km/h y doblar a más de 15 coches por giro. La noche es complicada para todos los pilotos porque pierden las referencias visuales a la hora de frenar. Como anécdota nos dice que: "hay una recta en la que sé que al pasar una casa naranja tengo que clavar frenos pero esa casa desaparece por la noche". 

 

De pronto, una persona de Audi viene a por él con gesto nervioso y metiéndole mucha prisa. Se marcha tan rápido que incluso se olvida la chaqueta que trajo con su teléfono, la cartera, etc... ¿Qué era eso tan importante que tenía que atender? Tal y como nos confesó luego, la conjura del equipo, en donde todos los pilotos unen sus manos en el centro y gritan con todas sus fuerzas. ¡¡¡AUDI!!!

 

Tras un paso por la sala de prensa para seguir completando este díario de carrera, salgo corriendo hacia el Pit Walk donde he quedado con Mikel Prieto para hacer una de las entradillas que tengo pensadas para el vídeo que publicaremos dentro de poco en autobild.es. Es el momento para aprovechar y ver los coches de cerca e incluso poder pasar la mano por encima de ellos. Igualito que la Fórmula 1, ¿verdad? Y lo mejor es poder colarse (literal) en la recta de meta con todos los coches y mecánicos junto a unos pocos elegidos hasta que los comisarios te echan haciendo un cordón humano. 

 

 

Las tres de la tarde se acercan y hay que tomar posiciones. Lo mejor es verlo desde uno de los hospitality de Audi mientras repongo fuerzas. Los últimos diez minutos los vivo con mucha tensión, como si fuera yo el que se va a meter en el coche y hacer un relevo de tres horas. Por cierto, según Marc Gené, cada piloto bebe unos dos litros dentro del coche... La salida es lanzada y nada raro ocurre y más les vale a los pilotos porque no se puede tirar una carrera de 24 horas en las primeras curvas. Todavía queda una eternidad, lo que no le importa a uno de los Audi para sobrepasar a un Toyota. Pero, insisto, esto es una carrera de resistencia. Además de los Audi y Toyota no puedo negar mi intriga con el Nissan Delta Wing. Es un artefacto que tiene pinta de todo menos de coche de carreras. Al natural es mucho más pequeño de lo que parece en las fotos y aunque está en los tiempos de los LMP2, problemas de fiabilidad le han obligado a pasar varias veces por boxes. 

 

Tras dos horas de carrera es el momento de darse una vuelta por los alrededores del circuito. Esta es una carrera única donde el protagonismo no solo lo copan los coches sino la parafernalia exterior. Ves cosas que no estás acostumbrado a ver y que en un Gran Premio de Fórmula 1 no se entendería, porque la afición por Le Mans arrastra a miles de personas desde muchos países y cada uno lo vive de una manera. Disfraces, alcohol (mucho alcohol) y extravagancia contrastan con las buenas formas y elegancia de los hospitality de las marcas oficiales cuyos invitados ni se plantean conocer esa parte fundamental de Le Mans. 

 

 

 

Tras la tradicional barbacoa organizada por Audi para la prensa española, toca cumplir con una tradición obligada cada vez que se viene a Le Mans y es subri a la noria. Afortunadamente, este año no hemos visto desde las alturas un accidente como en otras ocasiones, aunque sí que te da la oportunidad de contar con unas vistas privilegiadas de la recta que lleva hacia la meta. A esa hora, el equipo Audi dominaba con tres coches en las tres primeras posiciones, aunque poco después el último Toyota que quedaba en liza decía adiós. 

Es triste ver cómo los miembros de un equipo que pasan por esa situación se abrazan con lágrimas en los ojos. Un año de trabajo, de esfuerzo y de mucho dinero empleado se acaba antes de que llegue el ecuador de la carrera. Es la cara amarga de este deporte y Le Mans no perdona...

 

Unas horas antes se sucedieron una serie de acontecimientos que marcaron la carrera. El más importante, el vuelo de Davidson y su Toyota al intentar doblar a un Ferrari. El italiano Perazzini, de 56 años de edad, no vio cómo se le echaba encima el rápido ex piloto de Fórmula 1. Puede que sea pólemico pero estoy firmemente convencido de que a una determinada edad no se puede competir a este nivel por mucho dinero que tengas. Las imágenes del propio Perazzini esperando, desolado, a que los médicos sacaran a Davidson del coche pasarán a la historia de la carrera. 

 

 

Otro momento que marcó la competición de uno de los nuestros fue el accidente de Dumas, compañero de Gené, y su Audi. Otra vez, y tras intentar rebasar a un doblado el coche alemán se estrella contra las protecciones y Dumas omitiendo las indicaciones de los comisarios, sale del coche y arranca las partes del frontal que le impedían continuar. Se puso en marcha, de nuevo, y llevó el coche hasta la meta desde donde volvió a salir a pista con cinco vueltas de desventaja e iniciaba una épica remontada que, todavía ahora que son las cuatro de la mañana, continúa. Confieso que cuando vi a Dumas despojando al Audi de su parte delantera pensé que el piloto estaba atravesando un momento de locura transitoria, aunque poco después se pudo comprobar que no era así. 

 

Otra de las tradiciones de esta carrera es visitar las curvas a las que llegas con la ayuda de las cientos de VW Caravelle que la organización de Audi pone a disposición de sus invitados. Dos son las más demandadas: Indianápolis y Play Station. En ambas se puede comprobar la intensa lucha de los pilotos que no rebajan sus tiempos en comparación con los de por el día y también los frenos incandescentes que brillan en la oscuridad de manera espectacular. 

 

Aún queda mucha carrera pero o cae un rayo sobre la Sarthe o Audi se encamina placidamente hacia la victoria porque esta carrera ya no la puede ganar ningún equipo, solo pueden perderla ellos. 

 

Viernes 15 de junio 

 

Hoy comienza mi diario, un diario de ruta que durará este fin de semana y donde contaré todo lo que he vivido en una de las experiencias más apasionantes que se pueden relatar en esta profesión: las 24 Horas de Le Mans.

 

En realidad mi viaje comenzó temprano el jueves pasado. La cita el Audi Forum de Madrid en donde a bordo de un Audi S8 debería completar una primera etapa de casi 700 kilómetros. Como os podéis imaginar, el trayecto está protagonizado por el confort, la calidad de rodadura, el silencio y… ¡la potencia! Es increíble cómo conduciendo este coche al mínimo despiste te plantas en velocidades que harían llorar a María Seguí, directora de la permanentemente recordada DGT. Las ocho velocidades del Audi impulsan a este bicho de casi seis metros hacia delante como si no hubiera mañana y todo bajo un silencio que ni en el corredor de la muerte. Eso sí, muy de fondo se escucha un uhhhhhhh que te recuerda que o bajas el pistón o saldrás en las noticias.

 

Tras llegar a un encantador pueblecito francés toca descansar para completar al día siguiente el viaje hasta mi destino final en Le Mans. Mientras, me relajo leyendo un reportaje de F1 que tenía pendiente desde hace semanas y de fondo el partido de fútbol España-Irlanda.

El viernes amanece con un sol radiante y un Audi S4, esta vez, esperándome para empezar el viaje. A diferencia del S8, con este Avant sientes mucho más la carretera y las curvas. Aunque es más pequeño y menos potente, notas la velocidad de manera más radical en tus carnes aunque los espectaculares asientos tipo bacquet te sujetan en cada giro con la misma firmeza y delicadeza a la vez que una madre.

 

 

Si en España voy más pendiente de los radares que del tráfico (mal, muy mal), en Francia la cosa se multiplica por mil porque aquí la autopista está más minada que un campo de batalla. Al pasar un puente, miro por el retrovisor y ¡toma trípode! Ya está, ya me han cazado… Sigo y sigo la ruta y nadie me para y hasta que no abandono la autopista no respiro. Esta vez me he librado, aunque luego he escuchado que si te paran y no sobrepasabas mucho la velocidad son unos 90 euros y si no llevas encima dicha cantidad te acompañan a un cajero. Qué amables, oye…

 

La llegada al pueblo de Le Mans es mítica. Hasta la abuela de un amigo mío que nunca salió de una aldea en Asturias se daría cuenta que ahí pasa algo. Lotus Elise, Caterham, Porsche, Ferrari, Aston Martin clásicos y modernos como si los regalaran acercándose a la meca del automovilismo: el circuito de la Sarthe. De pronto y siguiendo las indicaciones del navegador me doy cuenta de que estoy en una de las rectas del circuito, en la mismísima pista donde el sábado a las tres de la tarde van a empezar a rodar como bestias los coches. Imposible, no parar, aparcar el coche en un lateral y bajarse. Tocar el guardarraíl, el asfalto y hacer un par de fotos. Mientras, algunos coches y muchos ciclistas pasan a mi lado. Imposible no acordarse de la primera escena de la película Las 24 Horas de Lemans de Steve Mcqueen, cuando se baja de su Porsche y tocando también las protecciones empieza a pensar en el accidente del año anterior que le costó la vida a su rival… Tras despertar, vuelvo otra vez al coche y continúo un poco más por el circuito hasta que un gendarme me indica la salida. A continuación se suceden una serie de rotondas donde el peor coche que veo es un Ferrari Testarossa y a los lados de la pequeña carretera de doble sentido, grupos enormes de alemanes e ingleses en su mayoría lanzan a los coches lo que (espero) sea agua… Inocente de mi, olvido subir la ventanilla…

 

 

La acreditación en la zona de prensa es rapidísima. Una vez con ella en mi poder, acudo al Audi Racing Hotel donde me dan las llaves de mi habitación para los próximos días. El tamaño es minúsculo y sus paredes de pladur y con una mosquitera por techo. Sólo un descerebrado se negaría a dormir ahí porque si piensas que estás a dos minutos del padock y que todos los jefazos más jefazos de la marca duermen ahí te das cuenta de que eres un auténtico privilegiado por vivir una carrera de una forma que sería imposible de no ser invitado por la marca.

 

Tras dejar la maleta y coger una chaqueta (el cielo amenaza lluvia), me meto en un VW Caravell de la organización (otro privilegio) que me lleva al centro de Le Mans en donde va a tener lugar el famoso Drivers Parade, es decir, el desfile de todos los pilotos que van a competir en descapotables clásicos. El momento perfecto para saludar a Marc Gené, Lucas Ordoñez y Antonio García. Pero, una espectacular tormenta y unos guardias de seguridad muy estrictos arruinan el plan sin saber hasta qué punto porque es la situación que había pensado para hacer mi primera entradilla de vídeo que me iba a grabar Mikel Prieto y que luego retocaría de manera magistral el gran Igoe…

 

Tras la decepción toca cenar con un invitado muy especial: Miguel Molina, piloto español de Audi que compite en el DTM, una competición que está empezando a sonar en nuestro país y que ya retransmite Teledeporte, todo un logro. Molina es un chico de 23 años abierto, simpático y con sentido del humor. Empieza a relatar su andadura en el certamen, su último pique con Ralph Schumacher (qué raro) y lo familiar que es el ambiente en el equipo. Le pedimos que nos hable del increíble vídeo que ha grabado junto a Red Bull en el circuito de Terramar, el segundo más antiguo de Europa y que data de 1920, junto con Carlos Saínz y un Audi R8 GT. Las anécdotas durante esos días de rodaje dan para un libro... lo mismo que su participación en las 24 Horas de Nürburgring en un Audi TT RS. En fin, todo un descubrimiento como piloto y persona.