El blog de Gabriel Jiménez
Gabriel Jiménez
Me gusta juntar letras (otros coleccionan cromos...), soy Piscis con ascendente Tauro (¡tremenda combinación!), aficionado del Atlético de Madrid (un auténtico 'pupas') y odio madrugar (algún defecto debía tener).
16/07/10

¡Claxon, bendito seas!

Cada persona es un mundo, un compendio de virtudes, defectos y manías. La cabra tira al monte, por lo que cuando me monto en un coche que no es el mío lo primero que intento localizar es el claxon para los imponderables que puedan surgir. ¿Adicción a tocar el pito? No, simple y llanamente responde a una cuestión de seguridad. Es muy probable que te parezca la excusa más absurda jamás contada, pero si me inclinara por otro argumento, mentiría como un bellaco. Y es que si lo analizas, estarás conmigo en que la bocina evita muchos accidentes.

 

Esta mañana, mismamente, un automovilista me ha hecho lo que en román paladino se conoce como pirula, y si no llega a ser porque mis avisos sonoros, contundentes y constantes –para evitar equívocos, todo sea dicho–, ahora mismo estaría mentando al pieza de conductor por su poco respeto a las normas de circulación. Además se daba la circunstancia de que había lavado el coche –acción que no practico con la frecuencia necesaria...–, y siempre que lo pongo guapo, ¡zas!, ocurre algo. Y hoy no iba a ser menos, pero el bendito claxon evitó males mayores, aún a costa de contaminar acústicamente el entorno.

 

 


 

 

No obstante, entiendo perfectamente a aquellos que odian el insoportable estruendo que escupe la bocina. Cuando estuve en la India, por ejemplo, los bocinazos estuvieron a punto de provocarme migrañas crónicas. Y es que en la tierra de Gandhi tienen la bonita costumbre de pitar por todo al volante, especialmente cuando se trata de realizar un adelantamiento: antes de hacerlo (aviso), mientras lo efectúas (para dejar constancia de que estás adelantando) y tras ejecutar la maniobra (como agradecimiento y porque, para qué vamos a engañarnos, les mola). ¿Por qué? Un nativo me explicó que el claxon es más efectivo que el intermitente. De ahí que los camiones que circulan por la India lleven escrito en la parte trasera "Please horn" ("por favor, toca el claxon").

 

En cualquier caso, además de por seguridad, el claxon es para mí un elemento esencial e irrenunciable en un coche. Y es que si no llega a ser por la bocina, tendría mucho veneno recorriendo mi cuerpo; no te puedes hacer idea de cuánta ira automovilística desahogo a través del claxon...